>Las únicas dos coincidencias que mantienen son, su nombre de pila y su inclusión en el programa del gobierno del estado llamado Beca Universal, son dos niños de nombre Cristian, los dos cursan la secundaria, solo que uno lo hace en una escuela pública rural, de las que todo tipo de carencias son su distintivo y el otro, acude a uno de los mejores colegios católicos de Tepic.
Para uno, para el humilde, que sus miserias no solo son económicas e inician en su propia casa, recibir cada año 250 pesos en efectivo, cheque o en tarjeta de débito, significa que los suyos alivian por unos días la pesada carga de no tener a veces ni qué comer. Para el otro, para el niño que va al colegio todos los días en un lujoso carro, con por lo menos 50 pesos en la bolsa para su balanceado lonche diario y que tiene una vida totalmente resuelta, para él, dicho apoyo de 250 pesos del gobierno por concepto de beca serán tal vez su próxima entrada al cine, las palomitas y el refresco, a la salida, quizás le alcance para un combo en el Burger King.
Dos realidades muy distintas la de ambos Cristian; pero que para el gobierno no lo son, pues en su programa anual de asistencia social los mide igual. Para el gobernador deben de recibir lo mismo, incluso, le resultó más impactante en imagen, arrancar el ciclo escolar y entregar estos apoyos -la beca económica y los útiles- en el colegio particular Juan Federico Herbart de la capital.
Un programa de asistencia social, publicitado inicialmente como de apoyo para los más necesitados y ahora elevado a rango constitucional, como si eso bastara para acabar con tanta desigualdad como la que reviste éste y otros programas de mero asistencialismo, populismo pues.
El gobierno del estado se empeña en no ver la realidad de quienes como Cristian, el humilde, necesitarían no sólo de una tarjeta de débito con incluso más dígitos en su saldo, sino además, la mejora de condiciones de su entorno, él necesita también que su padre tenga un mejor empleo, quizá que la despensa sea más, mucho más grande y de mejor calidad sus productos. El otro Cristian, el de colegio, no necesita de 250 pesos, los tiene por lo menos cada semana de la cartera de sus padres, tampoco requiere de los útiles escolares que da del gobierno, a él le exigen sus maestros, libretas cosidas, Norma o incluso de marca propia con el logotipo de la escuela, usa borradores retráctiles o migajón, plumas caras, lo compra en Office Depot.
El gobierno cree cumplir y hacerlo bien, su entrega de útiles escolares en secundarias privadas ya tuvo sus primeros resultados, una enorme cantidad de bultos de plástico fueron abandonados en los salones de clases, era la hora de la salida y algunos no querían llevar cargando nada a sus casas.
Muchos, hombres y mujeres recibieron y firmaron, después, después fue otra historia, algunos alumnos se llevaron lo que otros despreciaron, decenas de libretas, lápices y plumas, a unos les daba vergüenza porque prefieren usar los que ya con toda anticipación les compraron sus papás.
Desde el primer día pasó, en el mismo Juan Federico Herbart, en la Del Valle y otras. No solo no los quieren, es que en verdad no los necesitan, los 250 pesos serán para otros, la recarga de gasolina para su par de cuatrimotos o la renovación de su tarjeta en el famoso centro de juegos de la plaza Forum.
Sucede algo similar con las despensas, el gobierno gasta en personal, gasolina y tiempo en entregar estos apoyos cuyos destinatarios en muchos casos se sabe no lo necesitan. Hace días a alguien le daba un ejemplo, la madre del ex presidente del Poder Legislativo, Efrén Velázquez Ibarra, recibe este apoyo y no lo necesita, entonces para qué dárselo, porque insisten en que la gente haga el papel que no han querido asumir desde el gobierno.
La Beca Universal es a partir de este ciclo escolar para todos los niños que cursen la educación básica lo mismo en escuelas públicas o particulares. Los dos Cristian, el humilde y el pudiente, recibirán de manera distinta la anunciada tarjeta de débito con 250 pesos. A uno le servirá para resolver la necesidad del día en su casa y el otro, que no la ansía pero que cuando le llegue le dará lo mismo emplearla en ir al cine o gastarla en videojuegos de renta.
Sus únicas dos coincidencias son el nombre de pila y ser parte en el padrón de becarios.
Para el gobierno, queda claro que son niños que necesitan el mismo apoyo, el mismo impulso en la educación…sin distingos como en el primer mundo al que ya nos acercamos.




Deja tus comentarios