> “Me resisto a creer que Gerardo haya estado coludido con la delincuencia”, me dice un ex jefe del Primer Comandante Ramón Gerardo Medina Cayeros, para luego agregar: “Fue un hombre responsable, mesurado, discreto y muy eficiente, un policía bien formado, con un expediente limpio”.
Sin embargo, en insólitas y temerarias declaraciones que ya El Universal ha difundido a nivel nacional, el gobernador Ney González aseguró que en el interior de la patrulla estaban dos maletines negros sospechosos, que rápidamente fueron sustraídos por el director de la Policía Municipal, el comandante Carlos Patricio Bernal.
Pero hay otras versiones, que aunque no confirmadas, aseguran que Medina Cayeros había puesto a disposición del Ministerio Público hace unos días a importantes miembros de la delincuencia organizada.
Incluso hay quien afirma que las amenazas previas a la Policía Municipal de Tepic fueron tan contundentes, que obligaron al atrincheramiento de sus instalaciones, donde fueron apostados además francotiradores con armas de alto poder, ante un posible ataque o atentado.
El comandante Cayeros, identificado con la clave Lince Uno, fue Policía Federal, Municipal en Bahía de Banderas y director de la Policía Preventiva de Xalisco, tenía credenciales de Instructor Nacional Certificado por el sistema de seguridad nacional, donde además él sí se sometió al Examen de Control de Confianza, ese que incluye una sesión con el polígrafo detector de mentiras.
Llevaba una vida sencilla, sin ostentaciones. Deja en la orfandad a cuatro hijos.
“Era un profesional, no me explico cómo pudieron emboscarlo, él siempre fue muy precavido y sabía conducirse sabiendo la responsabilidad que tenía”, me platica otro policía que se atreve a opinar bajo reserva.
LOS MALETINES NEGROS
Sobre los maletines negros a los que se refirió el gobernador Ney González, pude recoger otra versión que puede echar por tierra cualquier mala sospecha. De acuerdo a sus allegados, el comandante Medina Cayeros era aficionado a la cacería y continuamente traía consigo dos estuches que contenían viejas armas con permiso reglamentario: una escopeta calibre 12 y un rifle calibre 22.
En torno a los agentes J. Guadalupe Haro Castañeda y Luis Carlos Verdín Durán, uno había sido hasta hace poco guía del Turibús y el otro era un policía de barandilla. Inofensivos, incapaces de causar daño, al parecer.
En la Policía Municipal nadie más quiere hablar. Hay inquietud y priva el miedo.
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J. Guadalupe Castañeda y Luis Carlos Verdín





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