No queremos hipócritas…

- Oct 21, 2009

>Los medios locales aumentaron su presencia social en los últimos años, como dirigente de una de las organizaciones de abogados, José Martín Mayorga Martínez, supo llevar su liderazgo con decoro, quedando en ocasiones en el filo de la navaja de ser considerado por el poder como un vulgar contestatario de las políticas públicas del Estado y municipios, todo porque no eludió ni un solo asunto que fuera importante y trascendente no solo para el gremio de letrados del cual era su líder, sino porque su compromiso con la sociedad así lo ameritó en su constante interlocución con el poder.

Ayer al mediodía, en sesión ordinaria, los diputados integrantes de la actual Legislatura al Congreso del Estado, lo designaron magistrado del Tribunal Estatal de Justicia Administrativa, cubriendo así la vacante que dejara el abogado José Ramón Marmolejo Coronado, recientemente promovido a magistrado del TSJ; fue su tercera nominación en estos meses, primero a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, luego a cubrir una de las dos magistraturas del poder judicial y ahora a la tercera, incluído en la terna que envió el ejecutivo estatal junto al junior Martín Olmedo Lomelí y Agustín Romano.

Al nuevo magistrado, este escriba lo conoce desde hace unos veinticinco años, sino más; serio y de excelente conducta en el equipo de apoyo de la secretaría privada del gobernador Emilio “eme” González, cuando su titular -nuestro amigo ya ido- José Angel Cerón Alba prodigaba hasta excesos a sus colaboradores; su currícula acredita una constante pasión por las cosas públicas, comprometido con intereses sociales, en el Congreso del Estado, en las instancias electorales, como titular de su correduría pública, y como dirigente gremial de los abogados.

Martín Mayorga, no es el típico abogado gandalla que aprovecha posiciones para satisfacer apetitos privados; si la abogacía ha sido desprestigiada por tanto vivales quienes como litigantes o como funcionarios públicos han hecho prodigios de deshonestidad, de corrupción y tráfico de influencias, pocos serán los que sin desdoro alguno puedan decir que el nuevo magistrado de tribunal de justicia administrativa, no es un hombre probo.

Llega a una instancia jurisdiccional con la mayoría absoluta de los votos de los diputados integrantes de esta legislatura; es una buena chamba, que no tiene tanto los reflectores de los medios encima, pero es un instancia de suma importancia en la medida en que los ciudadanos y abogados sepan y quieran utilizar los recursos legales para darle debida substanciación y equidad al acto de exacción fiscal, a las licitaciones públicas de los dos niveles de gobierno, estatal y municipales.

Una sociedad como la nuestra, en constante renovación de las instancias de gobierno reclama que el funcionario se convierta en un auténtico servidor público, que lleve consigo una acrisolada moral y una ética sin simulaciones de ninguna especie; desde luego que no queremos hipócritas que tengan vicios o vergüenzas privadas y engañen con virtudes públicas; se reclaman hombres y mujeres capaces, que tengan decoro, respeto por sí mismos y por la responsabilidad pública que tienen a cargo.

La sociedad, la clase política espera que Martín Mayorga sea de esos hombres, empeñosos y responsables, que vienen a ser una especie de colirio social, que con su presencia limpian las instituciones a las que sirven.

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