El nuevo dominio de Ney González: El Poder Judicial

- Ene 11, 2010

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* Los nuevos magistrados con sus excepciones, tienen la grave responsabilidad de acreditar capacidad, la cultura jurídica y los tamaños para suplir su falta de experiencia en los manejos del derecho judicial, so pena de ser calificados como auténticos tartufos, o pueriles títeres de un gobernante que no tiene pudor ni límite alguno para enraizar su poder hegemónico bajo el contexto de su omnipresencia que se caracteriza por su precaria cultura política, con la exuberancia de su poder manipulador mediático

Era lógico el lance de involucrar a su patrimonio político personal al Poder Judicial; ahora de deveras el gobernador Ney González ostenta y ejerce como nadie un gobierno consolidado. En el escenario de las reformas constitucionales el amanuense es el doctor en derecho Pedro Antonio Enríquez, que no tuvo pudor alguno para despertar a los jueces a las dos de la mañana para que vinieran en chinga a la Cámara de Diputados a cumplir el triste papel de ser carne de ternas, las que el gobernante mando vía “fast track” a los obsequiosos diputados que fueron los ejecutores de las más trascendental reforma del Poder Judicial que se tenga memoria en el decurso de la historia reciente de Nayarilandia.

Apenas una trémula voz discordante ha suscitado la reestructuración del Poder Judicial, sin embargo en las organizaciones de abogados y el Colegio de Notarios, el clima de interpretaciones son sesgadas, a soto voce, desconfían de expresar su sinceridad, ante el pasmo que produjo una reforma que no solo adocena el ejercicio jurisdiccional, sino que involucra al judicial en el proyecto transexenal de un gobernante hegemónico que no tiene límite alguno para concretar de manera contundente el nuevo escenario del ejercicio del poder omnímodo que detenta.

Con la actual medianía (por no decir mediocridad) con que ha conducido Jorge Gómez al Tribunal Superior de Justicia, que ha derivado en un clima de tráfico de influencias y corrupción en los jueces de primera instancia, el gobernante dejó este escenario para el tramo final de su sexenio, ha diseñado una ruta crítica para absorber instancias de poder constitucional por la vía de sus incondicionales, estructurando todo un esquema de gobierno consolidado que no será modificado en los próximos cuatro o cinco años, de manera puntual saldrá del gobierno, pero dejará una estructura política, administrativa y gubernamental, absolutamente bajo su condicionante dominio.

Cierto, era necesario la instauración de las salas de apelación regionales para las interlocutorias, se le quita la carga de trabajo a las salas colegiadas, lo que es discutible son los argumentos de procedencia de la Sala Constitucional Electoral, y la Unitaria de Adolescentes; el administrativo y electoral es plausible para no seguir con el absurdo de que instancias jurisdiccionales sigan en el ámbito del Poder Ejecutivo, faltó desde luego la rehabilitación del patito feo de esta administración, los Tribunales del Trabajo, que junto con la Procuraduría de Defensa del Trabajo, son instancias arcaicas, sin presupuesto ni ganas para actualizarlas.

En esta materia, la de justicia laboral, se revela la verdadera proclividad del gobierno, proteger a los empresarios gandallas en detrimento expreso de los trabajadores que a la hora de sus conflictos laborales, son vencidos por la pachorra y la incapacidad orgánica de las Juntas de Conciliación para conocer de manera expedita de sus juicios.

LOS AGRACIADOS

Al remodelar el Poder Judicial, Ney González hizo un ejercicio de inventario de su gente, llega a la conclusión de que son dos o tres los abogados capaces que tiene, de ahí que involucra a profesionales del derecho que en su vida han litigado y nada saben del derecho judicial como Miguelito Madero, o su mozo de espadas Adrián Rodríguez; o Ismael González Parra que siendo contador y supuesto heredero del Órgano de Fiscalización Superior de la Cámara de Diputados, resulta que es abogado y llega por la agradable condición de ser concuño de Liberato Montenegro, el patriarca de la dinastía.

Los magistrados del extinto tribunal electoral, se supone que van a cumplir la misma función de administración de justicia constitucional, de aquí a la terminación de la presidencia de Gómez Arias van a implementar lo conducente, para que llegue el nuevo presidente del Tribunal Superior de Justicia y de la Sala constitucional electoral, que no será otro que Pedro Antonio Enríquez, cuya eficacia en estos menesteres le garantizará cuatro años de suculentos salarios y prestaciones al servicio del gobernante que le ha dado todos los escenarios para darle curso a su pasión reformadora.

El juicio crítico que se hace en los despachos de los abogados y notarios, tiene una expresión de peculiares connotaciones: Cómo es posible que el gobernador haya llevado a Manuel Salinas a la magistratura, cuando fue reprobado por el Colegio de Notarios en su examen para ser fedatario con todo y recomendación del entonces gobernador Celso Delgado, cuando le dio las contras hace un par de años en un madruguete en la ley de ingresos estatal para beneficiar a su gremio de corredores públicos, bajo la presidencia del Congreso del zafio e ignorante contador fiscal Efrén Velázquez y ahora flamante Secretario de la Contraloría.

El gobernador Ney González sin duda está haciendo uso pleno del poder; no tiene Némesis, y logra una excelente programación presupuestal del gobierno federal; el Poder Judicial le era un tanto ajeno, no obstante la actitud reptante de sus integrantes, hace unos meses llevó a Ramón Marmolejo y Raúl Gutiérrez, eran dos dentro del esquema de siete y ahora con diez nuevos magistrados tiene sin duda una aplastante mayoría, doce contra cinco magistrados dentro de los cuales, solo destaca José Guadalupe Campos que fue llevado por su talento y cultura de jurisperito, sin desdoro de Laurita Fletes y la experiencia de Oscar Saúl Cortés.

Todos los demás, incluyendo a la esposa de Lalo Herrera, que me dice su cuñado “sabe hacer demandas y contestarlas..” tienen la grave responsabilidad de acreditar capacidad, la cultura jurídica y los tamaños para suplir su falta de experiencia en los manejos del derecho judicial, so pena de ser calificados como auténticos tartufos, o pueriles títeres de un gobernante que no tiene pudor ni límite alguno para enraizar su poder hegemónico bajo el contexto de su omnipresencia que se caracteriza por su precaria cultura política, con la exuberancia de su poder manipulador mediático.

Y es una pena, que estemos ayunos de cultura política y nos lleven a la eficiencia del sincretismo operativo de un gobernante que ya diseñó su fortaleza transexenal; faltaba el Poder Judicial y ya lo tiene, a ver quién es el guapo que se le va a enfrentar en la contienda por la sucesión…

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