El nuevo Chupacabras

- Ene 23, 2010

 >* Existe un monopolio mediático que actúa como vocero gubernamental, carente de toda crítica y vendido al mejor postor

{jathumbnail off}Estoy sentada y aprovecho para reflexionar y escribir algunas líneas. Vienen entonces los recuerdos de mi niñez, sobre todo, aquellos que cambiaron la historia moderna de nuestro país.

Recuerdo entonces aquél día en el que veía televisión -seguramente alguna caricatura-, cuando sorpresivamente interrumpieron la programación para anunciar la muerte del candidato a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional, Luis Donaldo Colosio.

En aquél entonces no podía entender la magnitud política y social de lo que ello implicaba.

Recuerdo también, que por ahí entre 1994 y 1995, algunas pláticas de los domingos familiares giraban en torno a la crisis económica, decían mis padres y tíos: “la situación cada vez está más difícil”, “no hay empleo”, “todo está más caro”… en fin, una serie de líneas perfectamente ensayadas que lo único que hacían es que yo entendiera que algo difícil pasaba, pero era sólo eso.

Inolvidable también aquel 1 de enero de 1994 en el que decenas de indígenas chiapanecos se levantaron en armas para exigir un YA BASTA a la injusticia social que históricamente había afectado a esos pueblos. Yo sólo sabía que había un grupo de personas “disfrazadas” que se manifestaban en contra del gobierno, por lo que supuse que algo no les agradaba y que era necesario expresarlo. No obstante, recuerdo cómo mi padre me llevó a escuchar sus demandas el día en el que la caravana del EZLN llegó a mi pueblo.

No quiero dejar de compartir mis recuerdos sin antes mencionar lo que sucedió aquel 27 de diciembre de 1997. Para ese entonces ya comenzaba a tener mis primeras experiencias como adolescente. Recuerdo perfectamente aquella mañana de diciembre: Me levanté, desayuné y prendí el televisor, fue entonces cuando me di cuenta de la enorme atrocidad de la que nuevamente habían sido víctimas los pueblos indígenas del sur del país. Era la matanza de Acteal, aquella que dejó alrededor de 45 muertos, incluyendo a niños, niñas y mujeres embarazadas. No podía entender el porqué de tal crimen. ¿Era una venganza política? ¿Había sido planeado desde los pinos? ¿Era un atentado en contra del EZLN?... En fin, tardé muchos años para poder entender un poco el porqué de dicha matanza.

En este relato no podía dejar pasar al inolvidable chupacabras, aquella bestia asesina que arrasaba con el ganado de las rancherías mexicanas; el monstruo con el que los padres amenazaban a sus hijos; la peor criatura que alguien pudiera imaginar. No era miedo sino pavor lo que realmente sentía cuando escuchaba su nombre, nunca cuestioné siquiera su existencia, al contrario, siempre tuve mis precauciones, por si las dudas.

Así que entre asesinatos, crisis económicas, movimientos sociales, bestias asesinas y por supuesto la canción de los tigres del norte “mi perico, mi gallo y mi chiva” fue como transcurrió la vida política del país a lo largo de mi niñez y principios de mi adolescencia.

Hoy, enero de 2010, sigo escuchando a mis padres y vecinos preocupados por la situación que vivimos. Escucho regularmente: “el dinero cada vez vale menos”, “no tengo empleo”, “todo está carísimo”.

De igual manera, sigo percibiendo la misma tensión social que en 1994 y 1995 era provocada por los diversos asesinatos en contra de la clase política, sólo que hoy, esta tensión es causada por la llamada “guerra contra el narcotráfico” que se ha convertido ya en la segunda guerra civil de nuestro país.

El crimen organizado se ha apoderado de la sociedad mexicana, quien cada vez más temerosa prefiere esconderse, quedando así, ausente de toda libertad.

Existe un movimiento sindical que reclama justicia en cada rincón del país. De igual manera, persiste la lucha de los mineros de Cananea, cuyo movimiento no ha podido ser eliminado, a pesar de los continuos intentos del gobierno federal.

Ya no es el chupacabras el que se encarga de desviar la atención popular para engrandecer la ignorancia social, pero sí existe un monopolio mediático que actúa como vocero gubernamental, carente de toda crítica y vendido al mejor postor.

En fin, los recuerdos de mi pasado me hacen entender el presente. Este momento que me permite comprender que el tiempo no avanza, que en ocasiones retrocede o se estanca.

 

>* Ana Pérez-Díaz es la más joven y nueva colaboradora de opinión de «Nayarit en línea». Nació en Acaponeta, Nayarit, tiene 24 años y es licenciada en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, haciendo estudios también en la Universidad de Belgrano de Buenos Aires, Argentina. Se prepara a iniciar una maestría en Gestión Pública Aplicada en el Tec de Monterrey. Líder juvenil, liberal y soñadora, Ana Pérez-Díaz se estrena ahora como articulista. Le damos la bienvenida.

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