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• Les aseguro que ellos, especialmente Ney González Sánchez, son los más preocupados por esta ola de violencia porque saben que está de por medio la tranquilidad social y política de la entidad
LAS INTENCIONES. La semana pasada escribí un artículo para tratar de compartir con mis lectores la experiencia que viví en Puerto Vallarta hace unos años, cuando de la noche a la mañana el tranquilo puerto jalisciense se volvió una ciudad violenta en la que cotidianamente algunas personas eran ejecutadas a plena luz del día.
Mi intención con ese escrito no fue justificar la ineptitud de los cuerpos policiacos que por corrupción u omisión permitieron que a lo largo de varios años el crimen organizado se apoderara de amplios territorios en toda la república mexicana. Sería iluso suponer que el fortalecimiento de los grupos criminales no va de la mano de la complicidad de los cuerpos policiacos, por lo mismo es ingenuo esperar que la violencia se acabe con una simple orden gubernamental. El crimen organizado creció a un nivel tal que es imposible erradicarlo de la noche a la mañana, para eso hay que trabajar en diversas estrategias de corto, mediano y largo plazo. Hay que cortar los flujos de armas de norte a sur, al mismo tiempo hay que desmantelar las redes utilizadas para lavar dinero proveniente del crimen e insertarlo a la economía tradicional. Hay, por supuesto, que dignificar a los policías, ofreciéndoles sueldos decorosos, capacitándolos y fortaleciéndolos para que no sean presa fácil de los poderosos narcotraficantes. Y en la base de todo hay que trabajar con nuestros hijos para vacunarlos en contra de las tentaciones del dinero fácil y los placeres engañosos de las drogas.
LAS REACCIONES. En el fondo mi intención fue una sola: decirle a los nayaritas que esta ola de violencia pasará y finalmente recuperarán su ciudad tranquila. ¿Cuánto durará? No lo se, en Puerto Vallarta la crisis duró más de siete meses, por lo tanto podría decirse que durará no menos de seis meses y no más de un año. ¿A qué se debe? Evidentemente en Tepic se está librando una guerra por el control de la plaza, una lucha en la que un grupo criminal le disputa el poder a otro que la había controlado tradicionalmente. Puede que el nuevo grupo sea más poderoso y logre su objetivo en el corto plazo, puede que no lo sea tanto y el grupo dueño de la plaza tenga capacidad para defenderse y refrendar su permanencia. Por lo general lo primero que ocurre es la ejecución de los altos mandos, de una o dos personas que son la cabeza de plaza, una vez que se logra ese objetivo la siguiente etapa es una especie de fumigación de cucarachas en la que se ejecuta a personajes de muy bajo nivel, se trata de asustar a los distribuidores de droga en pequeño, esos que operan en las colonias de la ciudad, para hacerles ver de una manera contundente que la plaza ha cambiado de dueño y que se tienen que cuadrar ante los nuevos jefes. Pareciera que en Tepic ya se pasó a la segunda etapa, a juzgar por los acontecimientos de los últimos días en los que comandos de sicarios han ejecutado o intentado ejecutar de manera espectacular a sujetos aparentemente inofensivos.
LOS INVITADOS. En cuanto al papel de los cuerpos policiacos, hay que aceptar que juegan un rol realmente secundario en este tipo de guerras. Salvo el ejército y la marina, el resto de fuerzas policiacas por lo general se mantienen al margen, incluso permitiendo que los grupos criminales lleven a cabo sus purgas sin mayores obstáculos. Aunque parezca increíble, en la mayoría de los casos los grupos criminales informan a la policía sobre la zona en la que van a operar con la intención de que los policías se retiren del área y no se expongan a un combate que no pueden librar. Porque hay que decirlo en plata pura: las policías municipales y estatales no cuentan con el armamento y el arrojo necesarios para hacer frente a estos comandos de narcotraficantes que están dispuestos a todo. Un policía municipal o estatal, que gana una miseria, tiene una esposa y varios hijos esperándolo en casa, lo cual lo hace vulnerable ante los comandos de narcos que no tiene nada que temer porque actúan bajo el influjo de las drogas. Para los sicarios una balacera es diversión, adrenalina, demostración de poder; para un policía un enfrentamiento de esta naturaleza es simplemente la enorme posibilidad de morir dejando en el desamparo a su familia. No se justifica, simplemente se entiende, el por qué en la mayoría de las balaceras la policía no interviene. Incluso por las frecuencias de la policía se suele informar de estos operativos para que los gendarmes tengan tiempo de abandonar la zona. En ese contexto es justo condecorar a los escasos policías municipales que se han atrevido a hacer frente a estos criminales, a riesgo de perder su vida.
LO POSITIVO. En todo esto la única noticia buena es que la batalla sangrienta que se libra en Tepic sólo involucra a los miembros de las diversas bandas criminales que operan en la ciudad y la región. La gran mayoría de los muertos que dejará esta ola serán delincuentes de uno y otro bando. En Puerto Vallarta el episodio implicó la ejecución de una veintena de personas, todas involucradas en el submundo del narcotráfico, en Tepic ya vamos para la decena de muertos, así que estamos a mitad del camino. Por lo tanto reitero lo que señalé en el artículo anterior: lo mejor que puede hacer la sociedad civil es tomar medidas para protegerse, para no verse involucrada en un tiroteo y evitar ser víctima del fuego cruzado. Ayuda en mucho no salir a la calle si no es necesario, mucho menos de noche y en las zonas donde se han registrado mayor número de hechos violentos, aunque en realidad toda la ciudad es zona de alto riesgo. Es bueno también no prestar atención a vehículos sospechosos, porque muchas veces son tripulados por personas con alto grado de estrés que están a la defensiva. Podría decirles que gracias a las gestiones del gobierno esto se va a terminar ya, que los cuerpos policiacos tienen el armamento y la capacidad necesaria para reprimirlos, pero eso es pecar de ingenuo. Tampoco vale la pena buscar culpables en el corto plazo, porque este fenómeno va más allá de gobernantes y partidos políticos. Michoacán es perredista, Baja California es panista, Chihuahua es priista, y en las tres entidades el narcotráfico ha desatado una violencia de dimensiones terribles. De manera especial Felipe Calderón arrancó su operativo México Seguro en Michoacán por tratarse de su tierra natal, sin embargo, tres años después, la situación es muy parecida al principio, con una violencia totalmente fuera de control.
POSDATA. Si en algo sirve el dato, la gran mayoría de los más de 12 mil ejecutados que han perdido la vida en los últimos tres años eran personas involucradas directamente en el negocio del tráfico de drogas, por lo tanto se puede decir que en Tepic es poco probable que haya víctimas inocentes, aunque por desgracia las habrá. Lo que ocurre en estos días en Tepic es similar, casi idéntico, a lo que ha pasado en otras ciudades de la república a lo largo de las últimas dos décadas, aunque hay ciudades en donde la violencia ha sido ya cotidiana, como en Culiacán, Sinaloa, donde la gente ha aprendido a vivir en medio de las balaceras. Creo sinceramente que no será el caso de Tepic.
VOX POPULI. Por último sólo quiero disculparme con aquellos que no encuentran consuelo en mis palabras, con aquellos que quisieran que aprovechara estas líneas para acusar al gobernador, o al alcalde, de estar cruzados de brazos ante el infierno que devora a la ciudad. Les aseguro que ellos, especialmente Ney González Sánchez, son los más preocupados por esta ola de violencia porque saben que está de por medio la tranquilidad social y política de la entidad. Por desgracia es muy poco lo que pueden hacer ante el poderío de los grupos criminales que libran su guerra en las calles de la ciudad. Ustedes han de perdonar que sea así de crudo y realista, pero hace mucho que perdí la ingenuidad y ya ni en milagros creo.





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