Moncho, el perro que nos unió

- Mayo 9, 2010

>• En un mundo donde a cada minuto mueren decenas de niños por hambre y desnutrición pareciera ofensivo hacer un llamado a la dignificación de la memoria de un perrito, pero en realidad ese perro puede ser un símbolo de todas las causas que hemos olvidado defender

DEL AMOR AL OLVIDO. Tras la catarsis parece venir la resignación, y con ella el olvido. Las imágenes del perro apaleado van quedando en el pasado en un mundo donde lo cotidiano son las masacres, las bombas, los descabezados, los ejecutados. Ya nadie llora por un mar, canta excelente Sergio Dalma en una canción dedicada al Mar Muerto; dentro de poco nadie llorará por un can.

A pesar de la impresionante respuesta de cuentos de miles de personas que en México y el mundo manifestaron de diversas formas su indignación por la forma en que fue vejado el tristemente célebre perrito nayarita, el olvido y el silencio van ganando terreno a gran velocidad. Gracias a ese terrible episodio se han sentado las bases para que eso no se repita y para que al menos en Tepic se garantice una vida y una muerte dignas a este tipo de mascotas, pero se trata de bases, de cimientos, ni siquiera paredes, mucho menos el techo. Por eso es importante seguir pugnando en contra del olvido, para que tanta rabia generada, tanta indignación levantada, no sea en vano. En un mundo donde a cada minuto mueren decenas de niños por hambre y desnutrición pareciera ofensivo hacer un llamado a la dignificación de la memoria de un perrito, pero en realidad ese perro puede ser un símbolo de todas las causas que hemos olvidado defender. Trabajemos pues para que todo no sea en vano, para que no se olvide, para que no se repita.

UNA VIEJA HISTORIA. Hace unas semanas tuve la suerte de ver la nueva película de Richard Gere titulada Hachiko: A dog’s tale, aunque en México fue bautizada como Siempre a tu lado. Se trata de la historia de un perro de raza Akita Inu que por azares del destino quedó en manos de un maestro universitario japonés allá por 1923. El profesor de Agricultura se llamaba Eisaburo Ueno y cada mañana tomaba el tren en la estación de Shibuya, al norte de Japón, para ir a dar clases a la universidad. La relación entre perro y amo fue tal que el perro aprendió a acompañarlo a la estación cada mañana, y por las tardes, cuando el profesor regresaba a casa, ahí estaba el perro listo para recibirlo en la estación. Una tarde el profesor ya no regresó y el perro lo esperó en vano hasta muy entrada la noche, hasta que la familia del profesor fue a recogerlo, luego de atender la muerte del amo. Desde entonces, el perro acudía cada mañana a la estación y por las noches estaba puntual a la llegada del tren, con la esperanza de ver salir a su amo de la estación. Al recordar esta parte de la película vuelvo a sentir un enorme nudo en la garganta y las lágrimas amenazan con brotar de nuevo. A pesar del intento de la familia por hacerse cargo del can, este prefirió irse a vivir a costado de las vías del tren, desde donde salía cada noche a recibir el tren, generando una maravillosa leyenda que muy pronto alcanzó las páginas de los diarios.

EL EJEMPLO DE HACHIKO. De acuerdo con la historia, el perro pasó 10 años esperando el regreso de su amo frente a las puertas de la estación, sin importar si llovía o hacía calor. La gente que se desempeñaba en torno a esa estación de trenes se hizo cargo de alimentar y cuidar al fiel can, el cual finalmente murió el 7 de marzo de 1935. Un año antes los habitantes de Shibuya contrataron a Teru, un escultor muy famoso, para que hiciera una escultura del perro, la cual fue montada exactamente en el sitio donde el can esperaba a su amo, y al pie de su estatua murió el perro leal. Durante la segunda guerra mundial todas las estatuas de bronce fueron fundidas para la fabricación de armas, a lo cual no escapó la estatua de Hachi, sin embargo en 1947 la población contrató a Teru Ando Takeshi Ando, hijo del escultor Teru, para que hiciera una nueva escultura del can, la cual fue montada en el mismo sitio que la original, donde hasta la fecha es admirada por propios y extraños. Desde entonces, cada 8 de abril se celebra a Hachiko en Sibuya, región de Akita. Los restos del perro descansan en la misma tumba que los del profesor Eisaburo Ueno.

EL PERRO QUE NOS UNIO. Por supuesto que la historia de Hachiko es extraordinaria, tanto como la del perro negro que vivía al otro lado del puente de la Piedad, Michoacán. Pero la historia del perrito callejero inmolado en Tepic por cuatro salvajes mozalbetes también tiene un enorme valor, especialmente por la solidaridad que desató en todo el mundo. El sacrificio de este animalito debe ser un parteaguas para el maltrato animal en Nayarit y en México, de ahí la importancia de que no se nos olvide. Por lo mismo me atrevo a proponer la creación de una comisión que se haga responsable de garantizar que el caso de este perrito no se quede en el olvido. De entrada esta comisión deberá investigar el origen del perro, porque aunque se dice que era callejero en realidad todos los perros, y más en ciudades de provincia, tienen un origen. Sería excelente saber si tenía algún nombre y si pertenecía a alguna familia. También es importante establecer si el animalito murió por culpa de la paliza o logró sobrevivir, porque en el video demostró una enorme fuerza que lo hacía levantarse una y otra vez a pesar del criminal castigo que recibió. Lo más seguro es que haya muerto, por lo cual sería justo encontrar sus restos y darle una sepultura digna. Con ello sabremos la fecha exacta de su muerte, para establecer ese día en su honor y cada año organizar diversos eventos para sensibilizar a la sociedad en torno al buen trato hacia los animales.

POSDATA. Por supuesto que hay que organizar una colecta nacional de llaves de bronce para fundir una escultura del perrito, a quien unos llaman simplemente Callejero y otros Moncho. En lo personal me inclino por llamarlo oficialmente Moncho, en el caso de que se comprobara que no tenía nombre propio. En algún parque de Tepic, preferentemente en La Loma, podría montarse su escultura, para que cuando la veamos nos de vergüenza lo bajo y ruin que puede llegar a ser el ser humano. A través de las redes sociales hay que convocar a un concurso para seleccionar al mejor proyecto de escultura, y por supuesto hay que conseguir fondos a través del mismo mecanismo. Tanta indignación terminará siendo sólo una farsa si no se traduce en acciones concretas.  Si cada persona que se manifestó en contra de la paliza del perro dona un peso para la causa, no habrá ningún obstáculo para que muy pronto tengamos el bronce y la plata necesarios para hacer la escultura.

VOX POPULI. Finalmente me atrevo a proponer a Antonio Tello para que encabece esta tarea, porque un periodista no solo debe limitarse a dar a conocer una injusticia, sino que debe comprometerse a hacer hasta lo imposible para que no se repita. A la voz de ya hay que abrir una cuenta en un banco y empezar a pedir donaciones a través de las redes sociales, vamos a ver si somos capaces de conectar nuestro corazón con el bolsillo.

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