Olivia, una vida plena que la violencia acabó

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- Jun 18, 2010

>REPORTE ESPECIAL.- De camino a su casa, a bordo de su vehículo, en una noche de domingo, de un domingo que fue en Tepic especialmente violento, Olivia encontró tres balas que acabaron con su vida. El destino que parece habernos cambiado a los ciudadanos, fue cruel con esta mujer de apenas 35 años, con una vida sentimental plena, con una hija adolescente, con padres, hermanos y muchos amigos que la tarde de ayer martes le dieron el último adiós, que le lloraron por su partida y por la forma en que fue arrebatada su vida.

Es martes y en la sala donde es velada Olivia, la menor de siete hermanos, se respira un ambiente de profunda tristeza, de un dolor que parece que nada hará ceder y es que nadie de los que ahí están, entiende cómo fue posible que de tal manera muriera así su hija, su hermana, su pareja, su mamá, su amiga. Se abrazan unos con otros, lloran y no dejan de hacerlo, pasa el mediodía y saben cada uno que el tiempo de despedirse se acerca.

Su capilla, Oración, está inundada de arreglos florales, de sus compañeros de trabajo del nivel telesecundaria, de la secretaría de educación, de la 49 del SNTE, de sus amigas y familiares, hay flores de todo tipo y cada una creo, es una muestra del afecto que le tenían, que le guardan.

No conozco a su mamá, pero un familiar mío nos presenta, se sienta a mi lado, es una mujer bajita que la veo fuerte y solamente me imagino el dolor que como  madre puede sentir, estoy seguro que no lo dimensiono exactamente y es que perder a un hijo dicen es el dolor más grande para los padres.

Me dice lo poco que sabe, lo poco que entiende con este gran dolor que carga desde la madrugada del lunes cuando una de sus hijas, le avisó que la menor, Olivia, había sufrido un accidente y que se encontraba grave en el hospital del ISSSTE luego de haber recibido tres impactos de bala, de grueso calibre en su abdomen, que no la hicieron desfallecer y que todavía tuvo fuerza para salir del auto y subir con su pareja al vehículo que él manejaba y que iba metros adelante de ella.

Cuando termina esta breve conversación, conozco a uno de los dos hermanos de Olivia, a Paco, quien es poco más grande que ella, el otro hombre me dicen que es Luis que no pudo venir de Estados Unidos en donde vive. Afuera de la capilla la plática con Paco se torna agradable, le digo lo que hago, a lo que me dedico y la historia que quiero contar sobre el lamentable hecho de su hermana, junto a nosotros está un maestro con quien charlo largo.

Es ya una hora desde que llegue al velorio, mi reloj marca las 13:20 y ya iniciaron los preparativos para partir hacia el jardín funeral en donde serán depositados los restos de Olivia, el traslado será en carro, el punto se ubica al poniente de Tepic.

El personal de la empresa comienza a sacar los arreglos florales para colocarlos en la carroza en donde minutos después será subido el ataúd de madera en donde está Olivia.

En el jardín funeral, primero una misa, en la que todos elevaron sus oraciones por el eterno descanso de Olivia, un servicio religioso que por momentos parecía reconfortar a cado uno de los aproximadamente 150 personas que alcanzaba a ver desde la entrada de la capilla de nombre Resurrección de San Juan.

En punto de las 14:45 horas, el sacerdote daba la bendición final a los presentes, el ataúd fue sacado del lugar y colocado en la carroza, la gente formada tras el vehículo y comenzó el andar cuesta arriba, seis minutos después, una banda de música comenzaría a tocar, quizá las canciones que a ella, a Olivia le gustaban y es que dicen que en vida era alegre, muy alegre hasta la noche de ese domingo en que todo cambiaría para ella y los suyos.

Primero, se escuchó Laurita Garza, la pieza que narra la vida de una maestra de escuela, como Olivia, que pasó sus últimos días en la telesecundaria de Emiliano Zapata en el municipio de Xalisco, enseñando a muchachos que por cierto ahí estaban.

Camino arriba, la música hacía por momentos más emotiva la despedida para esta joven mujer. Acompañaba el cortejo en un costado del camino, miré a Arnulfo el ex esposo de Olivia, lo saludo con un fuerte abrazo, lo conozco de muchos años.

La música sigue y viene Te vas ángel mío con su letra de dolor profundo que acentuaba el sentimiento. Lloran y se abrazan, apenas vamos a la mitad del camino y la canción dice: “pero hay cuando vuelvas, no me hallarás aquí, irás a mi tumba, ahí rezarás por mi” eran partes que algunos cantaban, con dolor, mucho dolor.

Seis minutos después, 14:57 horas, hemos subido la cuesta, las mujeres y hombres de edad se  aprecian cansados, pero sacan fuerzas y viene Nadie es eterno en el mundo, comienza y quien ha sido fuerte deja de serlo, “cuando ustedes me estén despidiendo, con el último adiós de este mundo, no me lloren que nadie es eterno, nadie vuelve del sueño profundo” dice el estribillo.

Finalmente, la última canción en este recorrido es Mi gusto es, termina y la carroza detiene su marcha, estamos frente a lo que será la última morada de Olivia, el lugar en donde habrán de sepultar su restos, un momento que será para muchos, para todos, de dolor y otros sentimientos que se agolpan.

Es el momento más complicado para los que quieren a Olivia, saben que después de eso, no la volverán a ver aunque sea ahí dentro del féretro. Vinieron Cruz de madera, Laurita Garza de nueva cuenta, Te vas ángel mío, diez minutos que parecen una eternidad, una escena que dobla hasta el más fuerte y es que el llanto es profundo.

El padre de Olivia, un hombre al que había saludado un par de horas antes, se ve entero, a él se abrazan sus hijos, buscan la fuerza y el consuelo, se arrima la pareja de ella, de Olivia, con quien llevaba una sólida relación que hubiera podido terminar en matrimonio. 15:11 horas y comienza el descenso del ataúd, los gritos de dolor y de impotencia casi no se escuchan a la distancia por la banda que toca Te vas ángel mío otra vez y sigue de largo con Paloma negra, la madre de Olivia está ahí frente a su hija, no se mueve y me parece una mujer de gran templanza, sabe que despide a su hija, la más chiquita de cinco, sus otros dos hijos son hombres.

El momento es difícil, la música, ver a tanta gente con su dolor te impone y cómo no, Olivia ha despertado un especial sentimiento en quienes la conocieron, en quienes la trataron, era una excelente amiga y mejor hija me habrían dicho.

Su hija, una muchachita que no rebasa los 15 años está abatida en el suelo, su padre la abraza y trata de consolarla, frente a sus ojos su madre está siendo sepultada. En el otro extremo, Paco consuela a su madre, se aferra a ella como un chiquito.

Será Amor eterno la canción que no podía faltar y que cantarían algunos, con la que llorarían otros. Me doy vuelta y quedó volteando hacia el oriente, a lo lejos, veo la parte alta de Tepic, un Tepic que se ha vuelto violento en demasía y que arranca la vida a inocentes como Olivia.

Me vibra el celular por enésima ocasión, decido verlo, es un mensaje de Twitter, del usuario 01800GOBERNAY, es del gobernador, escribe textual “La importancia del control territorial. Territorio que vienen foráneos a disputarse y solo nos pertenece a los descendientes del Rey Nayar”, un texto que en el momento en el que estoy, con la gente con quien estoy y particularmente la circunstancia, me parece intrascendente, claro, no es para ellos, es para quienes acceden a este mundo virtual, no es la respuesta que quieren escuchar familias como las de Olivia que viven un trance como este.

A las 15:21 horas vendrán Las golondrinas, me retiro un poco y comienzo a bajar mi mirada, encuentro tumbas de niños, de varios, mis ojos se clavan particularmente en una que tiene a tres menores que murieron dos el 12 de diciembre de 2009 y el otro apenas un día después. También está el lugar de una pequeñita de de diez años y que tiene ahí parte de sus juguetes, un celular de plástico, una muñeca entre otros y entonces un solo del clarinete me saca de mis pensamientos y me regresa a la realidad de los ya cientos que se encuentran despidiendo a Olivia.

Escucho entonces Un puño de tierra y a unos metros de la carpa colocada está una mujer que luce embarazada, llora mucho, es una de las hermanas de Olivia, a su lado, dos amigas que la cuidan. Sobre el poniente, tres mujeres jóvenes lloran, identifico a una como maestra, parecen ser amigas de Olivia. Por el cielo nublado se escucha y se aprecia una avioneta.

Están a punto de terminar con su trabajo los empleados del jardín funeral, colocan ya las lozas de concreto y entonces vine Hermoso cariño y con esa canción me voy del lugar, lentamente y volteo mi mirada, veo una escena que conmueve, lágrimas que son por una joven mujer que se ha ido y dejado un enorme vacío entre los que la querían.

De camino hacia el acceso principal pienso si contar esta historia vale la pena, me convenzo de que sí lo vale, que reflejan esos rostros de una y de mil formas, la angustia que los ciudadanos vivimos y que el gobierno le atribuye a los rumores, como si no hubiésemos sido testigos muchos de los constantes actos de violencia.

Paso por donde el recorrido inició, están preparados dos funerales más, a Benigno Rodríguez que no conozco le ofician su misa, alcanzo a escuchar las palabras de una de sus hijas quien refiere que le han querido dar gusto a su padre con música, me fijo bien y hay una especie de trío, un hombre de ellos carga un tololoche. Ya en mi carro con mis acompañantes, tres señoras, me alcanza el camión de la banda de música que tocó a Olivia sus canciones.

Salgo del lugar y viene otro cuerpo, es el de Francisco Pérez, un hombre que era velado en la misma agencia que Olivia, el cortejo fúnebre lo abren dos motociclistas de la Policía Estatal que con ademanes groseros y muecas le dicen al chofer del camión de la banda que se haga a un lado, en otros vehículos vienen hombres armados y atrás otro par de agentes en moto.

El difunto es padre de un funcionario de la Procuraduría de Justicia y entonces entiendo que frágil es la vida para quienes como Olivia solo tienen su valor y libertad para salir a la calle. Ella no tuvo un convoy armado que la acompañara a su casa aquel domingo por la noche, los ciudadanos no tenemos escoltas y por eso nos da miedo la situación.

Olivia murió un domingo de junio, tres balas acabaron con su vida, con sus ilusiones en todo sentido, dejaron a una niña sin su mamá, amigos sin su amiga, a padres sin su hija y seis hermanos sin su hermana.

Olivia es una víctima inocente más de este Tepic violento.

 

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