>• En plena calle y por su propio hermanastro
La muchacha iba con su madre y recibió el primer machetazo casi afuera de su casa. En su intento por defenderse otro machetazo le amputó una mano. Ella corrió desesperadamente pero fue alcanzada por su agresor quien sin piedad, enloquecido, le macheteó la cabeza hasta matarla.
Nidia Michell Farías Aguiar, una jovencita de 18 años, estudiante de Gestión Empresarial en la Universidad Tecnológica de Xalisco, estaba de vacaciones en su natal Tecuala cuando a las 11:30 de la mañana de este sábado fue terriblemente asesinada por su hermanastro Cristóbal Montero Ramírez.
Lo increíble es que el hecho fue en la calle y nadie intervino.
Cristóbal, de 25 años, desquiciado por las drogas y por conseguirlas a cualquier precio, presuntamente ya antes había robado una farmacia y también amenazado a su padre poniéndole un cuchillo en el cuello. Historia de nuestro tiempo.
La sociedad de Tecuala está consternada. Todos coinciden: Michell no merecía esa muerte, era una muchacha buena.
“Era una niña muy alegre, con muchos amigos, llena de vida y súper divertida; le gustaba la ecología y también era cercana a los grupos juveniles de la Iglesia”, relata una amiga de la víctima.
Otra afligida amiga dijo: “Ella era una lindísima muchacha, ella no hacía mal a nadie… la verdad que es una verdadera injusticia, era una persona buena… con todos se llevaba bien, inteligente, buena onda… simplemente era una de esas personas de las que nunca esperarías que muriera de esa manera.”
Impactante fue el velorio de Michell. Decenas de jóvenes en silencio, sin hablar, sollozaban alrededor del féretro.
Su novio, un joven coreano estudiante extranjero de intercambio a quien conoció en Tepic, quien aún no domina bien el español, escribió en su muro de Facebook: “levántate y dime que me amas con tu sonries, por favor! Dijiste que vas a darme muchos abrazos y besos... No eras... Eres.. Amor...”
Nadie supo explicar los motivos que tuvo el asesino de Michell, quien no huyó y fue localizado ayer mismo en su casa por la Policía Municipal y llevado a la cárcel pública.
Afuera de la capilla ardiente, otro testimonio: “Estoy muy triste y aunque fui a su velorio, la vi en su cajita, estoy que todavía no lo puedo creer, es algo muy fuerte para nosotros sus amigos, pues ella era una persona muy linda, amable y cariñosa y saber que ya nunca la vamos a ver nos tiene muy tristes es algo simplemente que no podemos explicar... La extrañaremos mucho.”
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