>• En los años 30 se llevaban más ajustados al cuerpo; mientras que en los 40, se vieron incluso trajes de dos piezas
De acuerdo con algunos historiadores, a partir del siglo IX los vestidos de novia se cargaron de mayor simbolismo en las ceremonias matrimoniales; desde entonces es el atuendo más significativo en la historia de vida de una mujer.
La gala nupcial no ha experimentado a través de los años demasiados cambios en cuanto a forma, color o estilo.
En los años 30 se llevaban más ajustados al cuerpo; mientras que en los 40, se vieron incluso trajes de dos piezas.
Fue en los 50 cuando el vestido se llena de glamour y elegancia gracias a Christian Dior, quien le confirió el protagonismo que hoy tiene.
Las novias reales —las princesas que no son de cuento sino que viven y respiran— tienen prácticamente la obligación de elegir un vestido inolvidable, del cual se seguirá hablando durante mucho tiempo, como seguramente ocurrirá con el que usará Kate Middleton en unas horas.
Para recordar
Grace Kelly se casó con Rainiero de Mónaco el 19 de abril de 1956.
Ella usó un espléndido vestido confeccionado por la diseñadora estadounidense Helen Rose, y el cual fue copiado por miles de mujeres de aquella época en el mundo.
La indumentaria era un delicado modelo ajustado y tallado en encaje francés, con falda amplia marcada en la cintura por un fajín.
Se remataba con un hermoso velo con detalles de encaje. Entre las anécdotas que se cuentan sobre la gala es que fue confeccionada por 35 costureras en tan sólo seis semanas.
Por su parte, la primera boda de la princesa Carolina de Mónaco fue en 1978, con Philippe Junot.
Ella usó un traje sencillo y con un toque juvenil confeccionado por el francés Marc Bohan para Dior, quien en ese tiempo era el diseñador de personalidades como Jackie Kennedy, Elizabeth Taylor y Brigitte Bardot.
La gala era de tul blanco bordado, con detalles de flores blancas, velo corto y tocado de trenzas con flores blancas.
Diana de Gales, madre del príncipe William, se casó el 29 de julio de 1981, con el príncipe Carlos. El vestido que usó causó asombro y fascinación.
Era una impresionante creación —que hoy podría calificarse como excesiva y recargada— creada por los británicos Elizabeth y David Emanuel, en la que se utilizaron 25 metros de seda y tafetán, 91 de tul, 137 de malla (para el velo) y 10 mil lentejuelas de nácar.
Quizá, el detalle que más llamó la atención fue su larguísima cola, la cual media ocho metros.
Las princesas de hoy
El 25 de agosto de 2001 contrajeron matrimonio Mette-Marit y Haakon de Noruega. Ella, quien se había visto rodeada por la polémica antes de la boda, se decantó por la creación de un modisto local llamado Ove Harder Finseth, quien realizó un discreto vestido blanco de cuello barco y manga tres cuartos sin demasiados adornos ni detalles.
Tres años más tarde, en 2004, Letizia Ortiz se casó con el príncipe Felipe de Asturias y, desde luego, eligió a un diseñador español: Manuel Pertegaz, quien creó un modelo de cuello corola bordado en hilo de plata y oro que también adornaban la espalda, la terminación de las mangas y el bajo.
El centro de la cola, más alta y ancha de lo convencional, tenía un precioso bordado de motivos heráldicos: la flor de lis, la flor de los Borbón.
Para rematar el look, la princesa usó unos aretes de platino con 10 diamantes, regalo de los reyes de España, y la tiara de platino y brillantes que la reina Sofía lució el día de su boda.
Ese mismo año contrajeron matrimonio Mary y Federico de Dinamarca. Ella usó una gala del danés Uffe Frank, quien fuera discípulo de Armani.
El vestido, muy entallado, se elaboró con satén color perla. Tenía mangas tres cuartos de estilo medieval y un escote de tipo chimenea que dejaba los hombros al descubierto.
El velo de encaje es una reliquia que lleva 100 años en la familia real danesa y que fue obra de monjas irlandesas.
Una de las bodas reales más recientes ha sido la de la princesa Victoria de Suecia, quien se casó apenas el año pasado con Daniel Westling.
El diseñador sueco Pär Engsheden confeccionó el sencillo pero elegante vestido de cuello barco y manga japonesa elaborado en seda duquesa satinada en color crema, en el que se enfatizaba la cintura con un fajín abotonado en la parte posterior. Otro bonito detalle fue el escote de la espalda en forma de V, también con botones forrados. Llamó especialmente la atención la cola del vestido con un largo de cinco metros.





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