Madre relata: frente a ella, su hijo, inocente, acribillado...

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- Mayo 11, 2011

>• “Él ha vuelto, hay gente que lo ha visto, lo he oído hablar, decirme ‘ya vine’, pero él ya no es de este mundo…ya nos volveremos a ver”

Acababa de oscurecer y su hijo, que vivía en una casa vecina a la de ella, le ayudaba a darle comida a un perro.

Es imposible borrar de la mente de esta mujer lo ocurrido instantes después, pero tiene fortaleza para contarlo.

Su hijo y ella estaban en el segundo piso cuando varios vehículos se detuvieron frente a sus casas. Escucharon ruidos, gente que corría. Por una ventana vieron a numerosos hombres con armas de fuego, moviéndose con rapidez.

Advirtiendo el peligro, su hijo tomó el teléfono para  pedirle a su esposa, que estaba en la casa de al lado, que se protegiera. Pero ya era tarde. El muchacho ni siquiera hizo la llamada. Ya se escuchaban gritos dentro de la finca.

- ¡Voy a salir! –exclamó, decidido-. La mamá bajó por la escalera, detrás de él.

Lo siguiente ocurrió en instantes.

“Fueron segundos, quizás 10 segundos”.

Esta mujer dice que los ojos de aquellos hombres con capucha estaban “inyectados de locura, de terror, de miedo... viven en un infierno”.

Su hijo salió con las manos en alto y pretendió entrar a su casa. Los hombres que estaban afuera se lo impidieron.

- ¡Yo vivo aquí! –les decía-.

- ¿Quién eres? –le gritaban-.

- ¡Es un hombre de bien, no es como ustedes! –recuerda ella sus propias palabras-.

Mientras tanto, otro grupo de hombres permanecía dentro de la casa y revisaba de todo. La nuera de la señora era mantenida en el suelo, encañonada con  armas. Estaba aterrada.

Afuera, el muchacho fue jaloneado y, fuerte él, se resistió. Quiso entrar a su casa…

Y entonces sucedió lo peor:

“Delante de mi lo rafaguearon, lo rociaron a balazos…era muy fuerte y pudo avanzar un poco, hasta que cayó. Le dispararon a alguien indefenso, sin armas, inocente. Tenía balazos en el cuerpo y uno en la cabeza que fue mortal”.

Esta señora recuerda el actuar del grupo de exterminio. “Se mueven rapidísimo, los que estaban dentro de la casa salieron y en un momento todos se alejaron. ¡Los maldije!, ¡los maldije!...después me arrepentí…recogí mis palabras y perdoné.

“No se imagina lo triste que fue ver a mi hijo tirado, ensangrentado, y a su esposa junto a él”.

No tiene duda que hubo una confusión por parte de los agresores, que no sabían ni a quién buscaban. Ni a quien mataron.

EL PERDÓN

Su hijo, afirma, “ha vuelto, ha regresado, pero él ya no es de este mundo. Ya nos volveremos a ver”.

Esta señora dice que participa en un movimiento de gnosis y a través de éste ha enfrentado la situación. Le preocupa, sin embargo, saber de familias que viven con preguntas sin respuestas, especialmente de madres con hijos desaparecidos cuyo paradero es incierto. Es decir, señala, ella puede recurrir a algo, a alguien, pero, ¿y las que no?, ¿y las que viven con la esperanza de tener respuestas del gobierno?, respuestas que jamás llegan.

El cadáver de su hijo fue cremado y explica su razón, su creer.

“La cremación es lo mejor. Hay que dejarlos ir para que cuando su Esencia vuelva esté más tranquila y no encuentre un cuerpo agusanado, en descomposición. Él ha vuelto, hay gente que lo ha visto, lo he oído hablar, decirme ‘ya vine’, pero él ya no es de este mundo”.

Más tranquila con el paso de las semanas, explica que después de maldecir a los matones, decidió recoger sus palabras y perdonar.

“Ya perdoné. Sí. Uno debe abonar a lo positivo, no siempre a lo negativo, a lo malo. Primero los maldije, después recogí mis palabras. Y ya perdoné”…

 

* Este reportaje se publica con autorización de su autor.
Más información del reportero Óscar Verdín Camacho
puede consultarse en
relatosnayarit.blogdiario.com

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