>• El viernes se estrena la cinta inspirada en Ejercicio plástico, obra que refleja la pasión del artista por una escritora uruguaya
El estreno en México de la película El mural de Siqueiros trae a cuento amores difíciles, infidelidades, olvido, encuentros y desencuentros entre intelectuales, dos visiones confrontadas de la política (Comunismo vs Fascismo), innovaciones en la historia del arte y anécdotas que envuelven la creación de Ejercicio plástico, de David Alfaro Siqueiros, en Argentina en 1933.
El viernes sale en México la cinta que -en Argentina tiene el título de Mural- dirige Héctor Olivera y que protagoniza el mexicano Bruno Bichir.
Ejercicio plástico fue un mural abiertamente erótico, como ha dicho la crítica de arte Raquel Tibol.
Su creación tuvo tantos avatares como los que habría de sufrir décadas después abandonado y luego rescatado. Fue una obra que marcó el final de una historia de amor, la del pintor mexicano con la escritora uruguaya Blanca Luz Brum, historia de la cual hay varias versiones y cuyos detalles son escasos.
Para Tibol, “fue Blanca la mujer que Siqueiros más amó y por la que sintió su más grande pasión”.
Es un una historia que para los autores del libro publicado en 2003 Ejercicio plástico. El mural de Siqueiros en la Argentina, Daniel Schávelzon y Héctor Mendizával es la historia de la creación de una de las obras más significativas del arte en América Latina, que intenta sintetizar concepciones nuevas de la plástica con el cine con base en las ideas del cineasta ruso
Serguei Eisenstein (con quien Siqueiros coincidió en Taxco, Guerrero), una pieza que, finalmente, dividió al mundo intelectual de Buenos Aires, pues muchos la calificaron de “pornográfica”.
De Uruguay a México
Siqueiros, casado en México con Graciela “Gachita” Amador, y Blanca Luz Brum, esposa del peruano César Miró, se conocieron en 1929 en Montevideo. Ella era una escritora joven “hermosa hasta gritar, politizada, intelectual, casada y viviendo sola con su hijo (Eduardo), fruto de su primer pareja, el fallecido poeta Juan Parra del Riego”, como la define Daniel Schávelzon, investigador de la Universidad de Buenos Aires, en la revista Crónicas, publicación sobre el Muralismo del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.
El mexicano, según sus memorias (Me llaman el coronelazo) fue a Montevideo y a Argentina para participar en congresos. Conoció a Brum y la describió como “una muchacha en extremo inquieta, individualista en un grado superlativo y dueña de un talento poético excepcional, pero inconexo y al margen de todo método en la creación”.
Brum, citada en el libro Ejercicio plástico. El mural de Siqueiros en la Argentina, relató: “…nos adorábamos en igual dimensión y no creo hasta hoy que otros seres humanos hombre y mujer se hayan amado tanto, con tal fuerza, con tal pureza y magnitud, con tal desafío a las cosas y más que a nada el gran desafío al PC, del que al fin Siqueiros fue expulsado por esta gran pasión, por esta bendita pasión que iluminó nuestras vidas y cuya flama al extinguirse ocasionó una trágica oscuridad en el misterio callado de nuestras sangres”.
La pareja partió a México. Sólo en el barco, escribió Brum, ella supo que él estaba casado. Debió permanecer oculta; tras el divorcio del pintor, vivieron con Frida Kahlo y Diego Rivera.
En los poco más de tres años que permanecieron juntos, Siqueiros sufrió la expulsión del Partido Comunista, la cárcel en la ciudad de México acusado de sedición, y luego el arraigo judicial durante 15 meses en Taxco. En aquella época tuvo lugar su primera exposición individual en el DF. Y aunque no aparece en muchos documentos, y menos en sus memorias, se ha hablado de que por esos años Blanca Luz tuvo un hijo que falleció a los cinco días de nacido.
Ese periodo terminó con la salida de la pareja de México a Los Ángeles, ante una inminente expulsión del artista.
Los autores del libro dan cuenta del cambio físico de Brum cuando estuvo con Siqueiros, un estilo no muy lejano al de Frida Kahlo y Tina Modotti.
Brum se refirió en diversos pasajes a una vida de violencia con Siqueiros: “Nuestra pasión sufría no obstante el continuo acecho de los celos. Yo era su esposa, la modelo de sus cuadros y murales, la humilde compañera soportando los arranques de su carácter variable. Pero él parecía no poder desligarse de su temperamento primitivo, por cuya razón se fue enfriando lentamente mi gran amor”.
Fue Blanca Luz quien insistió en regresar a Sudamérica. Ella permaneció en Montevideo y él partió hacia Buenos Aires, donde días más tarde presentó una muestra.
Pero el entorno político era complicado. Aún así, él pretendía llevar a las calles las obras de arte tenían siglos en las “sacristías aristocráticas”.
Josefina Delgado, quien fue subdirectora de la Biblioteca Nacional, cuenta que luego Siqueiros conoció a Natalio Botana, director y dueño de Critica, quien le ofreció como espacio el sótano de quinta Los Granados, donde pintó el mural que vio la luz hasta 1989.
Schávelzon relata en Crónicas que en aquel sótano, “el artista estaba rompiendo, a sabiendas, con el contenido ideológico y político del mural, con el comitente privado, con la imposibilidad de ser visto por otros, es decir, casi por todo lo que venía luchando”.
Siqueiros fue apoyado en esta obra por los pintores Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino y Enrique Lázaro.
Tras varias cartas y telegramas de amor desesperado, Blanca Luz accedió a alcanzar al pintor en Buenos Aires.





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