>Madrid.- José Alvano Pérez Bautista, el joven mexicano detenido el pasado agosto acusado de planear atacar con gases asfixiantes y otras sustancias químicas, como el gas sarín, a los participantes en la manifestación laica que se celebró en Madrid durante lavisita del papa Benedicto XVI, ha sido expulsado del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), donde trabajaba con una beca y donde realizaba una maestría, respectivamente.
Según confirmaron a EL UNIVERSAL fuentes del CSIC, después de ser puesto en libertad tras pasar dos días detenido en la comisaría, Pérez Bautista quiso acudir a su puesto de trabajo en el Instituto de Química Orgánica General del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid: “Sin embargo, el gerente del centro le llamó por teléfono y le dijo que ni se apareciera por allí. Que le daba vacaciones indefinidas”, relató la misma fuente.
“Y hace apenas unas semanas le anunciaron la expulsión definitiva y la cancelación de los mil 200 euros (unos mil 600 dólares) de beca mensuales que le daba el CSIC por trabajar y estudiar”, detalló.
Dicha fuente contó que cuando en el CSIC se enteraron de su detención, “en un principio los responsables del centro no supieron qué hacer con él, así que le dieron vacaciones indefinidas. Pero al final, y conscientes de los delitos que pesan contra él, decidieron expulsarle”.
La historia
El joven fue detenido el pasado 16 de agosto, después de que la policía descubriera en la página web del diario digital La Voz Libre varios mensajes que había escrito desde la computadora que tenía en el CSIC, en los que anunciaba su intención de reventar la marcha laica que se iba a celebrar al día siguiente.
Bajo el pseudónimo de Bagman 69 había escrito cosas como: “Ánimo compañeros, ya casi estamos listos. Las (bombas) molotov ya están listas. ¿Quién será el valiente que arrojará una sobre la espalda de un ...?”.
Además, llamaba al exterminio de los homosexuales en nombre de Dios, a los que definía como “asquerosas abominaciones, desechos de vida, errores de Dios”.
Aseguraba poseer sustancias explosivas, “ya que soy trabajador de una importante industria farmacéutica”, decía, y enlazaba a páginas web con instrucciones para fabricar bombas caseras.
Razones de la decisión
La misma fuente reconoció que en su expulsión seguramente influyó el que el joven, desde su puesto de trabajo en el Instituto de Química Orgánica tenía acceso a muchísimos productos químicos con los que, si hubiera querido, habría podido fabricar bombas o gases lacrimógenos. “En los laboratorios las sustancias están en las vitrinas y los que trabajamos allí podemos agarrar lo que queramos. No hay un control porque nos basamos en la confianza de que nadie va a hacer ninguna barbaridad. Así que él por supuesto que podría haber agarrado lo que hubiera querido y mientras hubieran sido cantidades pequeñas no nos habríamos dado cuenta”, dijo.
El joven, que reside en la lujosa calle de Velázquez de Madrid, donde comparte piso con dos estudiantes colombianos y un rumano, no tenía sustancias químicas en su recámara, pero sí una máscara antigás de color blanco que la policía no se llevó después de llevar a cabo el registro. Además de un pequeño altar presidido por una fotografía del papa Benedicto XVI, al lado de un rosario, una Biblia, una cerveza sin alcohol con el logotipo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) y otros enseres que le dieron cuando se inscribió como voluntario de la JMJ.
“En el CSIC a todos nos extrañó que lo detuvieran, porque era un joven aparentemente normal, pero claro, uno nunca sabe lo qué pueden esconder las personas”, apuntó la fuente, que pidió el anonimato.
Sobre su futuro, la fuente lo tiene claro: “Arruinó su carrera. Había conseguido una beca del CSIC que le permitía trabajar por la mañana y hacer un master por la tarde en la Complutense. Dentro de cuatro años se habría ido con un buen curriculum y un buen futuro profesional por delante. Pero ahora todo eso lo ha tirado por la borda”.
Restricciones
Pérez Bautista, tras prestar declaración ante el juez de la audiencia nacional Fernando Andreu, fue liberado sin fianza con la obligación de comparecer dos veces al día en la comisaría más cercana a su domicilio, y la prohibición de salir de España. Además le retiraron el pasaporte y se le ha ordenado facilitar un domicilio y un teléfono en el que pueda ser localizado en cualquier momento.
En su declaración reconoció que sí publicó los mensajes homófobos y amenazantes de los que se le acusa. Pero su abogado, Antonio Ortiz Fernández, argumentó que “eran una broma”.
En las próximos semanas el magistrado deberá decidir si lo acusa del delito de amenazas, que según el artículo 170 del Código Penal español está castigado con penas que van desde una multa hasta tres años de cárcel. O del delito de terrorismo, que describe, que llevaría penas mucho mayores en el caso de ser declarado culpable.





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