>• En el juicio contra el médico de Michael que comenzó ayer, la fiscalía pidió que se declare culpable; la defensa alegó que “El rey del pop” se mató solo al abusar del Propofol
La voz de un aturdido Michael Jackson, supuestamente bajo los efectos de alguna sustancia, protagonizó ayer en Los Ángeles la primera jornada del juicio contra su médico, Conrad Murray, acusado de homicidio involuntario por la muerte del cantante.
“Tenemos que ser fenomenales. Cuando la gente salga de mi espectáculo quiero que digan: ‘no he visto nada así en toda mi vida. Él es el mayor artista del mundo’”, manifestó El rey del pop en la grabación mostrada sobre sus expectativas con los conciertos de This is it que ofrecería en Londres.
De acuerdo con la agencia EFE, el testimonio de Jackson impactó a su familia encabezada por Katherine y Joe, padres del artista, quienes estuvieron con los hermanos Janet, La Toya, Jermaine, Tito, Randy y Rebbie.
Durante la visita se mostró también una imagen de un moribundo Jackson tumbado en una camilla de hospital.
La sesión arrancó en la Corte Superior del condado de Los Ángeles con el alegato del ayudante del fiscal del distrito, David Walgren, quien describió al doctor como un profesional avaricioso y negligente, cuyos “actos y omisiones” acabaron con la vida de El Rey del pop y pidió que se declarara culpable.
El abogado de la defensa, Ed Chernoff, dio la vuelta a ese argumento e insistió en que el propio Michael Jackson, obsesionado por “hacer historia” con sus nuevos conciertos y víctima de una “total incapacidad para dormir” se autoadministró los medicamentos que le quitaron la vida cuando Murray no estaba presente. Chernoff habló de su cliente como de un cardiólogo altruista y no “un doctor de famosos” que aceptó ponerse a los servicios del artista para ayudarle a solucionar su adicción a los fármacos, en concreto al propofol, al que —según el abogado— Jackson llamaba su “leche”.
“El día que murió (25 de junio de 2009) era el tercero de un proceso de recuperación. El 22 de junio Jackson aceptó cooperar con el doctor para quitarse el propofol. Ese día le dio la mitad de la dosis. La jornada siguiente no le dio propofol, durmió y fue al trabajo”, relató Chernoff en la audiencia.
En su última madrugada, según la defensa, Jackson volvió a sufrir de un intenso insomnio y “rogó” a Murray que le diera propofol, algo a lo que el médico accedió finalmente. Murray reconoció haberle inyectado la misma dosis que el día 22 y que eran 25 miligramos de propofol, una cantidad que según los expertos no es letal. De acuerdo con Chernoff, Michael Jackson aprovechó un momento en el que el médico se ausentó de su habitación para tomar una dosis mayor de propofol y pastillas de lorazepam que hubieran puesto a dormir “a seis personas. Una tormenta perfecta en su cuerpo que causó su muerte”, dijo el abogado.
El médico escuchó muy serio cómo la fiscalía le acusaba de dejar a su suerte al cantante la noche que murió para irse a hablar por teléfono.
Walgren aseguró que Murray, a pesar de ver el estado de deterioro en el que estaba su paciente, continuó dándole propofol y cometió una “flagrante negligencia” equivalente a un homicidio involuntario. Murray se ha declarado no culpable de los cargos y en caso de recibir un veredicto desfavorable tendría hasta cuatro años de cárcel.





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