>• No se explota el valor agregado de desechos orgánicos que genera el país
Irma no lo sabe, pero los desechos orgánicos que segrega en su basura doméstica pueden tratarse para obtener energía o materias primas con alto valor agregado.
Pero este aprovechamiento apenas existe en México, donde se composta un máximo del 2% de estos residuos, que constituyen más del 50% del volumen total: unas 112 millones de toneladas al año, según datos de la UNAM y la ONU.
En contraste, países como Italia y Alemania convierten hasta 40% de su basura orgánica en composta. Este último confina en depósitos un máximo de 20% de sus desechos, mientras aquí en el país ese monto rebasa el 80%.
Esto lo han logrado no sólo con legislación estricta que obliga a separar y tratar integralmente los desechos, sino también con el apoyo de tecnologías y plantas de procesamiento a nivel industrial.
Escasa recuperación Hasta 2009 el porcentaje de residuos sólidos urbanos recuperados para su tratamiento de los sitios de confinamiento en el país fue de sólo 11%, según datos de la UNAM. Ello pese a que México, como miembro de la OCDE, suscribe el compromiso ambiental de reducir, reutilizar y reciclar. En cambio, en naciones desarrolladas como EU y Alemania el porcentaje de desechos tratados alcanzó el 30 y el 60% (respectivamente) desde mediados de la década pasada. Hacia 2005 la mayoría de los desechos en México (más del 51%, de acuerdo con la Semarnat) se componía por materia orgánica, como residuos de comida, hojas, cáscaras, etc.
El 15% era papel o cartón, el 17% residuos como pañales desechables, el 6% vidrio, el 6% plástico, el 3% metales y el 2% textiles. “Hoy la preocupación más fuerte en relación con este tema es la llamada gestión integral de los residuos, estrategia que los países buscan echar a andar para cuidar el medio ambiente”, expuso la investigadora del Instituto de Ingeniería de la UNAM María Teresa Orta.
La investigadora sostiene que México se encuentra atrasado en este rubro un siglo comparado con Alemania.
La gestión integral de desechos, tal como la define el Programa Ambiental de las Naciones Unidas, abarca la separación de los mismos de acuerdo a su tipo o fuente emisora, la reducción del consumo y la promoción del reciclaje y reuso de productos desechados como sustitutos de nuevos recursos. También contempla el establecimiento de leyes, instituciones, mecanismos de financiamiento, así como tecnología e infraestructura adecuados para el manejo integral de los desechos, bajo la perspectiva de que las tres erres (reducir, reusar y reciclar) se aplican en toda la cadena de manejo: colecta, transporte, tratamiento y disposición.
El tratamiento de desechos tiene un costo y requiere inversión, según Orta; pero podría convertirse en una fuente alternativa de energía que en México, a diferencia de naciones europeas, no ha sido suficientemente explotada, pese al inminente agotamiento del petróleo. Fuente alternativa de energía
Con esta idea, científicos del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) liderados por Héctor Poggy-Varaldo ya desarrollan un proceso biotecnológico para transformar, mediante fermentación por acción de distintas bacterias, materia orgánica de desecho en combustibles y enzimas de gran valor industrial. Este proceso de biorrefinería tiene tres etapas: primero producen hidrógeno; luego metano y al final las enzimas celulasas y xilanasas.
Ha sido probado con éxito en el laboratorio y ahora los investigadores buscan amplificarlo a escala industrial. Para ello cuentan con apoyo del Instituto de Ciencia y Tecnología del DF, aunque no descartan buscar una alianza con una empresa que invierta al menos 3 millones de pesos.
“Estos desechos se humectan para que tengan consistencia de puré (sustrato sólido) y se fermentan. Así se obtiene hidrógeno y el puré se enriquece mucho con ácido orgánicos como acético o butírico y aparecen cantidades menores de solventes como alcohol o acetona”, explica el doctor Poggi. Todo esos productos en los sólidos fermentados se pasan a un segundo reactor que con ayuda de un consorcio de bacterias genera metano. Un tratamiento bioquímico adicional permite extraer composta, es decir, se aprovechan todos los desperdicios.
“En Francia y Alemania funcionan varias plantas que procesan miles de toneladas de residuos sólidos al mes, son rentables y están dando una opción para tener un valor agregado antes de su disposición final”, dice el experto en biotecnología ambiental.





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