>• Álvaro Curiel, nieto del creador de “Vereda Tropical”, rodó su filme en la isla con nulo apoyo, tal como le sucedió a Gustavo Loza y a Alejandro González
Podría decirse que para poder filmar en Cuba hace falta algo más que interés, si no, hay que preguntarle a Gustavo Loza, quien debió sacar a escondidas la cinta de su corto Silencio profundo, que luego se integraría a la película Al otro lado y recientemente a Álvaro Curiel, quien tardó más de un año en conseguir permiso para Acorazado, su ópera prima.
Gustavo Loza (Paradas continuas) decidió rodar ahí la historia donde una prostituta tiene un hijo que desea salir del país en busca de su padre, pero casi lo persiguieron como un ladrón, al decirle que estaba hablando mal del gobierno castrista.
Curiel prácticamente, dice, fue tratado como basura por parte de un funcionario del gobierno cubano, responsable de aprobar rodajes en la isla caribeña.
El realizador mexicano llevaba bajo el brazo el guión de Acorazado, que se estrena el viernes, donde cuenta en tono de comedia la vida de un veracruzano que desea hacerse pasar por cubano a bordo de un taxi-balsa, pero por una tormenta nocturna llega a Cuba y hablando en inglés. “Me fue igual o peor que a Gustavo, prácticamente nunca me hicieron caso, hasta que conocí a un productor de comerciales y entonces me echó la mano.
“Fui a echarme unos chupes con un grupo de gente, uno de ellos un alto directivo de la televisión cubana, para decirles lo de la película y me dijeron que ayudarían, pero que básicamente esa cita no había existido, diría que fue clandestina”, recuerda Álvaro Curiel.
Ya en el rodaje, no pasó nada. Bueno, sólo el actor Silverio Palacios, el protagonista, recuerda entre risas:
“Los técnicos estaban espantados, nos decían que éramos brutales al trabajar en el rodaje hasta por periodos de 12 horas diarias, cuando allá sólo trabajaban ocho”.
De Cuba, para Cuba
Lo más curioso de la negativa del gobierno cubano para aceptar la película fue que precisamente en sus tierras nació la historia en sólo 16 minutos.
Curiel, nieto del compositor Gonzalo Curiel (“Vereda tropical”) la delineó durante una charla con el director Alejandro Lozano (Sultanes del sur), en donde el primero dijo que algún día los mexicanos terminarían de balseros en la isla caribeña, donde se cuenta con seguridad social. Y fue el detonante.
Antes de rodar en Cuba, el equipo de producción se trasladó al golfo de México, a varios kilómetros de la costa veracruzana, para filmar la secuencia que desata la historia.
Ahí Silverio Palacios sufrió por los mareos. Bueno, un poco, gracias al secreto que un marino le dio a todos: comer chile verde.
“¡Y de verdad, con eso se te quita, aunque luego se sufre de otra manera!”, se carcajea Silverio Palacios.
“Ya en Cuba nos la pasamos muy bien y hasta aprendí unos nuevos pasos de baile”, añade el actor mexicano.
Lo mismo dice Curiel, pero sabe que su película jamás será exhibida en aquel país. De hecho hace una semanas integrantes de la embajada cubana vieron la película y se retiraron sin decirle nada.
“No creo que sea una persona non grata allá, no pienso ser tan importante, pero es una lástima que la gente que nos ayudó allá, siendo un país con una cultura cinematográfica importante, no quiera la película”, concluye.





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