¡Los gaznatazos!... ¡Los guamazos!... ¡Gratis!

- Dic 9, 2011

>Tepic.- Colocaron un Ring entre el Obelisco de la Pacificación y la Pérgola de la Plaza Principal. Lo cercaron con una valla de rejas metálicas. El encordado es grueso y vistoso, en combinación de colores blanco, rojo y azul. “Canelo Pomotions” se lee en las cuatro esquinas del cuadrilátero. Se anunciaba este jueves 8 de diciembre, a las cinco de la tarde, una Cartelera Popular de Boxeo, Entrada Libre.

Las únicas localidades para estar sentados fueron 150 sillas desplegables blancas al costado norte del Ring, y otras 150 sillas del lado sur. Cuando faltaban unos quince minutos para las cinco de la tarde, las sillas quedaron totalmente ocupadas. Todavía había luz de sol, aunque detrás del horizonte de la catedral la noche ya pardeaba.

Casi a ciegas

La función de Box, anunciada por el altoparlante como un regalo de agradecimiento del famoso Saúl “Canelo” Álvarez al pueblo de Tepic, dio inicio a las cinco de la tarde con 25 minutos. Para ello ya habíamos unas mil personas de pie, además de los que llenaron el sillerío. Entonces ya habían presentado a los jueces, al médico, y a los referees.

Dos gladiadores subieron al enlonado de combate. A cuatro rounds, uno de Guadalajara contra uno de Tepic en peso superligero.

Comenzaron los gaznatazos. Y la tarde se hacía noche. Y la luz no encendía. De hecho en una segunda pelea, nadie vio cuando uno de los boxeadores cayó a la lona noqueado por un golpe que solamente los de adelante vieron cómo estuvo. ¡Prendan la luz, prendan la luz!, pedían los de mero atrás. Y la luz no se encendía. Solo se escuchaba la voz del organizador: -Ya estamos hablándole al ingeniero de iluminación para que nos auxilie-, argumentaba el señor Mora Iglesias, elegantemente vestido con un traje verdoso.

La tercera pelea tampoco se interrumpe, a pesar de que la visibilidad era casi nula.

Solamente estaban prendidas dos lámparas encima de la Pérgola, donde por cierto, se improvisaron los pesajes, los vestidores, los baños, y pequeñas cámaras de calentamiento.

La cuarta pelea fue entre mujeres. La afición empezó a crecer y a rolar. Se podía andar de un lado a otro al fin y al cabo, muy escasamente se apreciaba la riña, ni de cerca ni de lejos.

Público mutante

Es fantástico darse cuenta de que la gente puede moverse, desaparecer, ir y venir, y hasta cruzar por la plaza sin siquiera saber por qué hay tanta gente en ese lado del “cuadro”. Algunos pensarán que hay obra de teatro, otros dirán que es el cine de los domingos, otros que es el danzón, otros que ya pusieron los puestos de navidad.

El público por lo tanto es mutante. Se mueven como cuando se baten fichas de dominó.

Cuando la pelea de la rama femenil llega a la mitad de sus seis rounds, por fin, se encienden dos torres con tres pantallas cada una, y se le toma el sabor a cada pegada, a cada golpe, a cada intercambio de golpes arriba del ring.

La gente aplaude que el “ingeniero de iluminación” haya hecho el milagro de regalarnos claridad artificial. La sola luna, creciente  en el pico del Sangangüey, no pudo iluminar la  fiesta, ni cuando brillaba linda en toda su intensidad, ni cuando una discreta neblina la opacaba.

Hasta el calor humano se incrementó. El público se había mantenido hermético, pues no vio más que siluetas en tinieblas. Pero ya con luces, se admiraba el jab, el óper, el gancho al hígado, el volado de derecha o de izquierda, el bolo ponch, el clinch, el uno- dos, o el rolling.

Las dos últimas peleas las protagonizaron los de Tepic contra los de Guadalajara. Las porras locales se empezaron a escuchar, ¡dále Moto!, ¡Duro, Cholo!, ¡Moto, Moto, Moto!, ¡Cholo, Cholo, Cholo!. Los tapatíos no traían porras aunque quedamos un triunfo por bando. El Moto perdió, pero el Cholo ganó.

El referee era el popular Francisco “Chico Peña”, un personaje que ya forma parte de la picaresca de Tepic. Lo presentaron como “El Internacional Chico Peña”, con lo cual el aludido, muy serio, agradeció saludando con sus manos enguantadas, echando el estilazo por delante.

Al Chico Peña parece no importarle la mofa. Toma muy formal su papel, y vaya que lo sabe, habla con los peleadores, con los asistentes, con los jueces, presenta el round, pide campanillazos.

Primera vez box en la Plaza Principal

No se tiene memoria de funciones de box en plena Plaza Principal de Tepic. Si acaso se habla de cine y box en lo que hoy es la presidencia municipal. Y también se refiere que había box en la Plaza de Toros El Porvenir de la calle Lerdo, antes Cine Alcázar.

A mi memoria vienen recuerdos de haber visto box en el Lienzo Charro, en El Puerto de Vigo, un corralón ubicado por calle Amado Nervo, entre Puebla y Durango. En la Arena Club Campesino, de la calle Zapata entre Puebla y Veracruz acera sur. Hubo box en el Mesón de los Deportes, en el Casino de la Feria en La Loma, en el estadio de Beisbol hoy flanco oeste de Ciudad de las Artes, y por dejarlo ahí, en la Arena Coliseo de la calle León entre Amado Nervo y Lerdo.

Pero box en la Plaza Principal con entrada gratis, todavía no lo creo.

Luchas sí, cuando los Marakames, los famosos luchadores torteros, organizaban funciones de lucha hasta por coperacha.

Pero función de box nadie se imaginó, y tener la suerte de verla y relatarla me llena de emoción.

Ahí quedaron la noche de este jueves 8 de diciembre, bajo la promoción del famoso Canelo Álvarez, los guamazos, los gaznatazos, los moquetes, los trompos, los catorrazos, y ¿por qué no?, los chingadazos a diestra y siniestra que cuando menos en las dos últimas peleas, (Las anteriores habían sido a media luz), levantaron a la afición de sus asientos.

Una multitud de hombres y mujeres que saben de box. Que disfrutan del box. Que de repente se encontraron con el box. Y que se quedaron hasta casi las ocho de la noche a animar a los locales y a abuchear a los visitantes.

¿Y la falta de luz?, -pregunta alguien-

-¡Pues que querías de a gratis!-, le responden.

 

Fotos: Héctor Guillén

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