Concierto “Azotea Beatle”, rock sanblaseño, y una visita inesperada

- Dic 20, 2011

>CHECA LA FOTOGALERIA

La calle Lerdo siempre ha sido de caminar del centro a las colonias del poniente. Entre Morelia y Juan Escutia, por la acera sur, una casa de hace setenta años, remodelada con lustroso vitropiso nos recibe entrando por un alto portón.

La finca es de una planta, con un patio rectangular, teniendo a mano izquierda lo que son habitaciones, baños, y al fondo lo que parece un cuarto de usos. Aquí vive Miguel Ángel Casillas Barajas con su familia. Tiene un taller de reparación de aparatos electrodomésticos, principalmente videoacústicos.

Se siente la hospitalidad de un tepiqueño nato, sesentero, que ha vivido muchos años en San Blas. Y que allá conoció músicos si no extraordinarios, sí fabulosos.

Miguel Ángel, rockero de su tiempo en el grupo “Los Fugitivos”, es un apasionado de la música Beatle.

Casillas se hizo muy amigo de Michael McDonald, un mazatleco avecindado desde joven en San Blas y ex integrante del grupo de rock “La Verdad”, que sonaba mucho hace cuarenta años. Otro miembro de La Verdad era Jackie McDonald, hermano de Michael.

La azotea

La casa de la calle Lerdo tiene desde el patio casi fijas dos escaleras metálicas, muy angostas, muy erectas, pero muy seguras, bien sujetas a los altos paredones. Por ahí hay que subir a la azotea, en donde no hay más que una antena de aire de las de antes, un tinaco, un tanque de gas estacionario, y mucho cielo, a veces oscuro, a veces brilloso, y con una luna casi al alcance de la mano. A lo lejos se ve la copa iluminada del Cerro de la Cruz.

A las seis de la tarde de este domingo 18 de diciembre ya está a oscuras. La azotea recibe luz de dos lámparas de tubo, y una guía de doce focos de 120 watts. Hay unas sesenta sillas de las que rentan para eventos.

El evento “Concierto Azotea Beatle”, está anunciado de las seis de la tarde a las diez de la noche. Se promocionó insistentemente a través de la red social de internet Facebook. La gente subía por las empinadas escaleras, y buscaban lugar arriba.

En el patio de abajo también colocaron treinta sillas y dispusieron una televisión de 42 pulgadas para estar observando videos relativos al cuarteto de Liverpool.

Los músicos y sus instrumentos estaban ubicados en la zona norte de la azotea, dando a la calle Lerdo. El cableado de alta tensión aparentaba las cuerdas de un ring detrás de las guitarras, la batería, el teclado eléctrico y los artistas.

Entre seis y media y siete de la noche, se llenó la casa abajo y arriba.

Asistencia multigeneracional

Uno pensaría que a un concierto Beatle solo acudiríamos los cincuentones, y no, no fue así. La mayor parte de asistentes eran mujeres y hombres muy jóvenes. Luego se explicaría esto porque habían invitado a dos grupos de rock muy afamados aquí, “Revólver” y sobre todo, los exitosos “Deja Vú”.

Muchachos sanos, amantes de la música, muy atentos y gustosos del rock.

Otra parte del público eran parejas treintañeras, con todo y sus hijos, bien abrigados. Muy familiar el ambiente, muy social y bastante sobrio. La gente llevaba cámaras y los más, tomando fotos y videos con celulares. El frío no fue factor de nada; bastaba cubrirse con suéter o chamarra.
Dos conductores, un hombre maduro y una dama joven, presentaban a los ejecutantes y explicaban las razones del evento.

Miguel Ángel Casillas Barajas invitó el café. Por ahí apareció un vino tinto. Otros discretamente echaban cerveza, y los más discretos, destapaban la pacha, sorbiendo corcholatazos de licor.

Había buena iluminación y buen sonido. Los músicos ya interpretaban covers de los Beatles, destacándose el rubicundo Michael McDonald, y su tocayo Mike Robinson, de Alabama, también vecino de San Blas, delgaducho, melenudo, canoso ya, y vestido a la manera country de su país, muy de camisa cuadrada, botas y sombrero texano.

Mike Robinson

Un músico talentoso, en verdad. Irradiaba calidad. Voz, requinto y armónica. Un abuelo del rock que llamó la atención. No en balde luego lo presentarían como compañero de Tom Fogerty, el superestrella de Credence. Con razón, nos dijimos. Con mucha razón lo escuchábamos en una pieza de blues, a ritmo perfecto.

Y eso que Robinson no traía sus instrumentos propios, ya que –aseguró-, se los robaron hace dos meses en San Blas.

Total que se improvisó un cuarteto, con los dos Mikes, el maestro Raúl López Sánchez en acompañamiento y un baterista joven, Raúl, de Deja Vú.

El profesor Javier Ayala

Asistió el profesor Javier Ayala, quien echó palomazo a guitarra, y luego solicitó que lo ayudaran a subir un piano eléctrico para acompañarse en canciones de los Beatles, tan populares como Get Back, Yesterday, y Let It Be. Los chavos de Deja Vú, acompañaron a Ayala y armonizaron una agradable tanda.

Llega Pepe Espinoza

Nos sorprendió la repentina presencia del secretario general de gobierno, licenciado José Trinidad Espinoza Vargas, quien ya le había confiado a sus amigos que asistiría al concierto Azotea Beatle, pese a tener su agenda llena de invitaciones a posadas.

Se le anunció en el micrófono, pidiendo aplausos para “nuestro amigo Pepe Espinoza”.

El alto funcionario del estado ya no tenía silla desocupada, pero le ofrecieron una en primera fila, muy cerca de las enormes bocinas. Ahí estuvo desde las siete y media de la noche hasta que el evento culminó con abrazos, felicitaciones, reconocimientos y fotos, muchas fotos.

Un grupo de amigos cincuentones que vestían playeras de futbol de veteranos, platicó con Pepe y se tomaron fotos. No tardó mucho en llegar el pedido: dos charolas de cerveza ligth, que el secretario de gobierno les invitó.

Pepe Espinoza estuvo alegre y muy saludador. Ahí sentadito, enchamarrado de azul oscuro, al ritmo de la música tiraba puntual y repetidamente la punta del pie al suelo o movía la cabeza de un lado a otro para disfrutar el arte de Orfeo.

En Let it Be alzó ambas manos y las meneó de derecha a izquierda. Tarareaba la letra y se mecía de asiento y espaldar. Todos hacían lo mismo. Como la ola en los estadios. Pepe bebía muy moderadamente de una lata de cerveza.

Luego lo invitaron a entregar un reconocimiento de Azotea Beatle al propio Mike Robinson: una guitarra eléctrica de 1969 que tocó Miguel Ángel Casillas Barajas en Los Fugitivos. Un instrumento hermoso y sicodélico. Se rayó el gringo. Tomarse una gráfica con esa guitarra fue la foto del día para todos, hasta los niños pidieron grabarse con esa pieza de arte que Pepe entregó al iluminado músico norteamericano.

Alguien comentó que Pepe Espinoza sabe tocar la guitarra, y esperamos que lo intentara, sobre todo en el momento en que los anunciadores solicitaban voluntarios para acompañar a Javier Ayala. Pero el funcionario no quiso hacerse ver en esa faceta de aficionado a rasgar cuerdas.

Lo que habló sin embargo, fue que el gobierno del estado apoyará a este grupo de facebookeros, a que el próximo concierto de esta serie Azotea Beatle se lleve a cabo en el Teatro del Pueblo y “totalmente gratis”.

Pepe no dijo más, dio las buenas noches, agradeció la hospitalidad de la familia Casillas Barajas, y volvió a su lugar a escuchar, medio bailar, tararear y disfrutar la música Beatle, entre saludos, abrazos y fotos con todos los presentes.

Casi al irse, ya en la calle, a punto de abordar su vehículo, Pepe saludaría a vecinos de la calle Lerdo que supieron que por ahí andaba. La Azotea se vació. Se recogieron cables e instrumentos. La azotea se quedó allí, sola, a merced de otras estridencias menos musicales pero más atronadoras.

Las balaceras no son sinfonías que nos hagan bailar, si no de miedo.

 

CHECA LA FOTOGALERIA:

Deja tus comentarios