>• El niño que vendía paletas en Tepic hoy es un importante líder latino en Estados Unidos y este sábado será el nuevo presidente de la influyente Cámara Hispana de Comercio de San Antonio, Texas
Un niño y su hermano menor venden paletas heladas en un carrito; las venden por las calles que caminan mientras se ríen, bromean y deambulan por la ciudad, paletas que ellos mismos preparan en el negocio familiar, allá por el rumbo de la Ciudad de la Cultura. A veces, al salir de la secundaria, vamos a su casa y nos hartamos de paletas. Hace calor en Tepic.
Conocí a Raúl en 1985. Ambos teníamos 12 años y el azar de la escuela pública nos llevó a compartir tres años fundamentales en la vida de cualquiera: la secundaria, esa etapa en la que uno deja de ser infante y comienza a soñar, no sin emoción, no sin dolor, con la vida que aspira a vivir.
Raúl había nacido en California, hijo de padres mexicanos migrantes que durante toda su vida han ido y venido al Norte; creció en México, en Tepic para ser precisos, esa ciudad enclavada entre cerros donde estudió primaria y secundaria, donde aprendió a cantar el himno nacional, donde maestros patrioteros no le permitieron estar en la escolta por el grave pecado de haber nacido del otro lado.
Entonces parecía casi un delito lo que hoy se volvió una realidad: la doble nacionalidad, la transculturización de México y Estados Unidos, el tener dos idiomas, dos países pero aún así una sola y clara identidad.
Ese niño que hacía y vendía paletas -y que también las regalaba a sus compañeros-tuvo que regresar a California poco antes del fin de cursos en la ETI 1, en 1988.
Allá, en Estados Unidos, le esperaba una vida distinta que sonaba a todo menos a american dream.
Sus padres, Berthila y Raúl, trabajaban duro, en el campo y él llegó sin hablar ni una palabra de inglés. En esa época todavía se escribían cartas. Recibir una de Raúl era siempre emocionante, no sólo porque significaba, entonces, casi la única forma de estar en contacto –sí, hubo una vida previa al internet, al skype y a la blackberry – sino porque cada misiva perfilaba el carácter de un muchacho que a golpe de realidades pero sobre todo de sueños iba convirtiéndose en la gran persona que hoy es.
Recuerdo una carta donde Raúl me narraba sus aventuras en la Patterson High School a la cual asistía, al norte de California, cómo había aprendido inglés en unos meses por necesidad y cómo había hecho correr a varios tipos, sí, correr y correr pero detrás de él hasta lograr ponerse a salvo en la dirección de la escuela. Entonces, como hoy, los problemas de discriminación contra la comunidad latina, contra los mexicanos en particular, eran el pan de cada día. Ese joven mexicano no era visto con buenos ojos por algunos de sus compañeros.
Si una cualidad posee Raúl es tener un carácter perseverante y divertido a la vez, tomarse la vida sin densidades y sin dramas pero sí con pasión, con intensidad.
Él tenía, tiene una misión y unos provocadores con ganas de golpearlo sólo por ser mexicano, sólo por pasar los veranos en el campo ayudando a sus padres, no iban a desviarlo de su camino.
¿Qué nos lleva a convertirnos en quienes somos ahora?
Raúl, por sus excelentes calificaciones, logró una beca para irse de intercambio e Langesund, Noruega, para estudiar en la Grassmyr Videregående Skole a finales de los 80, donde pasó un año. A su regreso gracias a su talento académico entró becado a la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) donde estudió politología y estudios latinoamericanos especializándose en historia de México.
Cada verano, cada Navidad, cada que podía, Raúl volvía a Tepic con su maravillosa familia, su padre Raúl originario de Jalisco y su madre Berthila, de Sinaloa, con sus hermanos Miguel Ángel, Humberto, Eric y me decía que antes o después quería regresar a vivir a su tierra.
En UCLA pronto destacó por su natural liderazgo y su compromiso con la comunidad mexicana. En unos cuantos años hizo una carrera meteórica como académico, especialista en México y también trabajó en el Consulado mexicano en Los Ángeles, atendiendo al connacional de a pie, entendiendo y conociendo sus vicisitudes.
Raúl escribió y editó unas guías que habrían de convertirse en un suceso. Pensadas para el mexicano que no sabe leer en inglés o que no entiende el sistema estadounidense, dichas guías llevaban de la mano al migrante para aprender a sobrevivir en el otro lado; explicaban cómo realizar trámites diversos, desde sacar una licencia de conducir, abrir una cuenta bancaria o acceder a servicios de salud y de educación para los jóvenes, todo con el propósito de labrar en cada persona la posibilidad de una vida mejor.
Circularon millones de esas guías que, con esa inspiración de servicio a la comunidad, años después se convertirían en la empresa sin fines de lucro que hoy encabeza Raúl: Saber es poder.
Alguna vez en la explanada de UCLA cuando Raúl era profesor nos encontramos a una de sus jóvenes alumnas de origen mexicano. Él la reprendió por su bajo rendimiento académico. Cuando la chica se fue, la pregunté porqué le había llamado la atención. Raúl me dijo: ella tiene una oportunidad única, es la primera de su familia que viene a la Universidad. Es una entre mil. No puede darse el lujo de perder la beca.
En Estados Unidos llegar a la Universidad equivale a la certeza de una vida distinta, alejada de los campos donde se pizcan las naranjas, de los MacDonalds donde se lavan los pisos, de las largas jornadas laborales en cocinas minúsculas preparando la comida del imperio, de la vida de los ilegales que aceptan cualquier trabajo, cualquier salario, cualquier trato con tal de sobrevivir y mandar algo de dinero a México, en remesas que son el segundo ingreso del país después del petróleo. Raúl estaba en lo cierto, esa muchacha no podía darse el lujo de perder la beca. Era una entre mil.
Saber es poder es una empresa sin fines de lucro con la cual Raúl y sus socios realizan un apostolado a favor del migrante mexicano en Estados Unidos. Elaboran campañas educativas que difunden por diferentes plataformas, en los Consulados de México en Estados Unidos y buscan empoderar e integrar a esta importante comunidad a la vida de dicho país a través de la información, la educación y la cultura. A finales de 2011 Raúl obtuvo el Premio Corporate Social Responsability de la Latino Legal Voice for Civil Rights in America (MALDEF, La voz legal de los latinos a favor de los derechos civiles en EU) como reconocimiento a su gran labor a favor de los migrantes de origen mexicano en Estados Unidos.
Raúl está siempre de viaje en ciudades y pueblitos para brindar conferencias a migrantes y organiza cada verano un viaje de 100 estudiantes de origen mexicano a Los Ángeles a fin de que vivan la experiencia de ir a la Universidad en UCLA. Esos jóvenes reciben un pedazo de sueño en un verano y estafeta generacional para convertirse en uno entre mil. Muchos nunca antes han salido de las comunidades agrícolas donde sus padres trabajan como jornaleros. Raúl les brinda la oportunidad de soñar y alcanzar una vida diferente y esa labor lo regresa a sus orígenes, a lo que más le gusta hacer: trabajar para los otros, devolver a la comunidad parte de lo ganado.
Él o hace distingos entre las personas y su trato es cordial y franco; en su agenda de trabajo está lo mismo una reunión con el gobernador de California, una cena en la Casa Blanca o una gala para recaudar fondos con Eva Longoria a la cabeza pero también un mitin de migrantes bajo el sol abrasador de los campos de cultivo o una reunión con padres de familia de origen mexicano donde les explica cómo hacer que sus hijos vayan a la Universidad o cómo convertir una idea en negocio.
Raúl es una de las mejores personas que he conocido en mi vida, gracias al azar de la escuela pública, a la ETI 1 donde estudiamos juntos y donde asegura que yo le enseñé a fumar aunque todos saben que eso no es cierto pues yo jamás he fumado.
Es un hombre excepcional que vive para su familia, compuesta por su encantadora esposa Noemí y sus tres preciosos hijos: Alexander, Arlette y Marco. Es tan generoso que agregó a su apellido el de su mujer para evitar que se pierda en ese entramado machista en el que sólo el apellido paterno pasa a la siguiente generación.
En sus sueños habita esa idea constante de hacer que la vida de los otros sea mejor.
Este sábado, Raúl Lomelí toma posesión como Presidente de la Cámara Hispana de Comercio de San Antonio, Texas, la más antigua y de mayor tradición en Estados Unidos. En el corazón de ese líder de la comunidad latina en Estados Unidos habita un niño que vendía paletas en Tepic.
* La autora de este artículo, Lorena Elizabeth Hernández, originaria de Tepic, es escritora, dirige 'Se Habla Español consultoría', una empresa cultural con sede en la ciudad de México y se dedica a la promoción de la lectura con participaciones en W Radio y el Instituto Mexicano de la Radio.
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Antonio Tello entrevista a Raúl Lomelí
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