>Washington.- En un intento por evitar ser eclipsado por la campaña de quienes aspiran a desalojarlo de la Casa Blanca, el presidente estadounidense Barack Obama sorprendió este miércoles con una nueva iniciativa para aliviar la crisis que afecta al sector inmobiliario, permitiendo a las familias refinanciar sus hipotecas y aprovechar los tipos de interés, que están en niveles históricamente bajos.
La burbuja inmobiliaria, que hoy afecta a más de 10 millones de propietarios que pagan hipotecas más caras que el precio de sus casas, se ha convertido en uno de los más importantes campos de batalla de cara a las presidenciales de noviembre, cuando millones de electores apostarán por quien les ayude a salir del atolladero propiciado por la voracidad de los bancos que concedieron créditos hipotecarios de alto riesgo.
“Esta crisis inmobiliaria golpeó directo al corazón de la clase media en Estados Unidos”, aseguró Obama durante un acto en Falls Church, Virginia, uno de los estados que más han sufrido el naufragio de la vivienda. “Tenemos que hacer lo que esté en nuestro poder para reparar el daño”, añadió.
La iniciativa que será remitida al Congreso permitiría a unos 3.5 millones de propietarios que están al corriente en sus pagos adquirir hipotecas nuevas y más baratas, con lo que se lograría un ahorro equivalente a 3 mil dólares por familia cada año.
La idea es facilitar el refinanciamiento para los dueños de viviendas que, pese a un buen historial de crédito, no han podido aprovechar las tasas más bajas actuales porque su hipoteca es mayor que el valor de la vivienda o porque los bancos temen sufrir pérdidas. Muchas familias han tenido que recurrir a la ayuda de programas públicos para no perder sus casas.
La semana pasada, Obama prometió restablecer el sueño americano y anticipó una serie de iniciativas y órdenes ejecutivas, intentando evitar bloqueos como los que los republicanos se han empeñado en aplicar en el Congreso.
La crisis del sector inmobiliario se originó en la presidencia de George W. Bush. Entre 2000 y 2006, los bancos protagonizaron una borrachera de créditos hipotecarios de alto riesgo que crearon una monstruosa burbuja inmobiliaria que, al estallar, provocó que los precios de la vivienda se desplomaron a los niveles de 2003.





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