En el mar de Bucerías, la vida es más sabrosa

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- Abr 7, 2012

>"En el mar la vida es más sabrosa", cantaban Carlos Argentino y la Sonora Matancera, y en las playas de Bucerías mejor. Y cómo no, si sabrosos son los camarones y el pescado en vara, o las piñas con pepino, jícama y limón, o los mangos con salsa huichol y limón, y sobre todo los ostiones frescos.

En el mar de Bucerías la vida es más sabrosa, lo constatan cientos de familias mexicanas que han comenzado a abarrotar la extensa zona de arena y en donde este jueves y viernes se espera a miles de visitantes más porque son los días en que se registra la afluencia masiva.

Para muchos el turismo nacional solo genera basura y suciedad en las playas.

Lo dicen los vendedores de playa y los hechos lo confirman, porque en la playa del centro de Bucerías las bolsas de plástico de papitas y de otras frituras están por donde quiera, al igual que las botellas de agua o de refresco y las latas de cerveza.

Sin embargo, también consume y eso se puede apreciar por la charla de un vendedor de Alpaca, que llama a dos de sus hijos, de no más de 12 años, a quienes les pregunta cómo les está yendo. A las 13:00 horas, aproximadamente uno de los niños ha vendido unos 400 pesos y su padre le reconviene: "pinche güevón…"

El otro, más contento le dice que ha vendido 800 pesos y levanta el trapo de la charola donde lleva su mercancía consistente en collares y pulseras de artesanía y cuenta los billetes de 200, de 100 y de 50 pesos que lleva. "Mas aparte", las monedas de 10 y de 5 pesos que son un pequeño montón.

El papá se siente apabullado por su hijo, porque él apenas lleva 800 pesos. Los chiquillos se quedan sentados en la banca de la orilla de la playa, mientras el papá agarra su portafolio negro con alpaca y sale a caminar a la arena. Los niños acomodan de nuevo su mercancía y siguen la venta.

Los niños son los mejores vendedores de la playa. Dos menores también caminan desde el centro de Bucerías hasta el hotel Decámeron, con sus dos piñas preparadas en la mano. Las ofrecen a las parejas, a las familias, a los bañistas que salen del agua… hasta que una pareja se anima para refrescarse.

SE VENDE DE TODO

José Sosa Torres, es un paletero que a esa hora también ya vendió 190 pesos. Ya se siente bien y espera que para la tarde, se le agote toda la mercancía porque llega más gente y por la tarde aprieta el sol.

En la playa de Bucerías todo se vende, lo mismo hay paletas, helados, sombrillas gigantes, petates, flotadores para los niños, pescado en vara, camarones en vara, pareos y toda clase de ropa, sombreros y hasta cometas o tatuajes.

Isaac Villalba es un ‘tatuador’ y recorre toda la playa de Bucerías hasta Nuevo Vallarta, y ya para el mediodía ha vendido algunos. Los tiene de diversos precios, desde 20 pesos, hasta 40, 50 o más, dependiendo del tamaño. Al ponerlos, se puede tardar también igual, de dos minutos, a 15 minutos o media hora...

Quienes más gozan y saborean la playa son los niños, que mientras los padres duermen bajo una sombrilla, ellos se dedican a torear las olas y a revolcarse incansablemente, mientras los más pequeños escarban y escarban en la arena.

Finalmente llega la hora de la comida y entonces el sabor de la vida adquiere sentido, con todo el pescado en vara, los camarones asados, los mangos con salsa y los ostiones frescos, acabados de sacar del mar por Jesús Ponce, buzo de Bucerías que con su familia disfruta este día y al mismo tiempo hace negocio.

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