>Ciudad de México.- México tiene a su cuarta mujer en los altares con la beatificación de la madre María Inés Teresa Arias, religiosa fundadora de la Congregación de Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento y a quien se le atribuye el milagro de haber ayudado a un niño ahogado en una alberca.
Luego de 19 años del inicio del proceso de beatificación, la Basílica de Guadalupe fue el escenario del acto encabezado por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, del Vaticano, y el cardenal Norberto Rivera Carrera, así como por el rector del templo mariano, Enrique Glennie Graue, al que asistieron ministros de varios países, como Rafael Masahiro, obispo de la diócesis de Yokohama, Japón.
También estuvieron presentes 15 monjas de Sierra Leona, África, quienes forman parte de la familia clarisa, que tiene presencia en todo el mundo. La espiritualidad de esta comunidad abarca apostolados de evangelización, asistencia humanitaria y educación.
María Inés, quien nació en Ixtlán del Río, Nayarit, el 7 de julio de 1904 y murió en Roma, Italia, el 22 de julio de 1981, se suma a las religiosas veneradas: santa madre María de Jesús Sacramentado y Venegas, y las beatas María Vicenta Chávez Orozco y María Anastasia Guadalupe García Zavala. Entre los milagros atribuidos a la intercesión de estas mujeres, está la recuperación súbita de un hombre con paro cardiaco durante una operación y una curación de pancreatitis aguda necrotizante.
La hermana María Guadalupe Salinas Cantú, superiora de la Congregación para la Región México, informó que todas las casas en diferentes partes del mundo se unirán a la celebración.
Martha Gabriela Hernández Martín del Campo, vicaria general de la congregación, dijo que la beatificación de su fundadora es “un compromiso mayor para retomar en profundidad la doctrina de la madre María Inés, a compartir con el mayor número de personas posible esta espiritualidad que ahora pertenece a toda la Iglesia”.
El tercer domingo de junio de 2001, Día del Padre en México, la familia Carrillo Guzmán celebraba cuando, en un descuido, el bebé Francisco Javier de un año y tres meses cayó dentro de una alberca.
La señora Sandra Guzmán de Carrillo, mamá del menor, relató que en ese momento su suegra, Carmen Pérez, suplicó en voz alta el auxilio de Dios y la intercesión de madre María Inés.
En el hospital, Paquito empezaba a padecer una falla múltiple orgánica: su cerebro no respondía, sus pulmones estaban infectados, sus riñones, bloqueados... en fin, todos los órganos fallando.
Reyna Armida Beltrán, neuróloga pediatra quien atendió a Paquito, no dio muchas esperanzas de vida al menor; aseguró que si el pequeño sobrevivía, las posibilidades de que quedara con secuelas neurológicas eran muy altas. Paquito hoy es un niño feliz.
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