>• Ana Laura Soto cuestiona la extradición de Ryan Philips, autor del homicidio de su hijo, a Estados Unidos, sin que nadie le hubiera notificado oficialmente
Tepic.- En varias ocasiones, mientras Ryan Philips Ross estuvo recluido en la penal de Tepic, aislado en una celda, la señora Ana Laura Soto Ibarra lo vio de cerca, ella de pie entre varias mujeres detrás de la reja, para que no pudiera identificarla.
Ana Laura es la mamá de Jesús Ramón Chávez Soto, el joven futbolista de Tercera División del equipo SUFACEN que el 19 de marzo del 2008 falleció en Tepic, 15 días después del brutal ataque con arma cortante por parte de Ryan, sin más motivo que la locura y el haberse encontrado uno con el otro.
“Yo nunca lo ví con coraje y ahí está mi Dios que lo sabe. Yo lo perdonaba de corazón, mi hijo ya estaba muerto pero creo que debía haber justicia por quien le tocaba hacerla, por las autoridades”…
El pasado miércoles 18, en relatosnayarit se informó que un día antes, Philips Ross fue extraditado a Estados Unidos, país que había emitido una orden de búsqueda e incluso con una recompensa de un millón de dólares, puesto que en Long Beach, California, habría asesinado a otra persona, meses antes de cometer el homicidio de Chávez Soto.
De acuerdo con Ana Laura, no recibió ningún aviso oficial previo al traslado de Ryan a Estados Unidos, sino que se enteró circunstancialmente, por lo que el viernes 13 acudió a los juzgados penales y confirmó que la extradición sería un hecho. Para el lunes 16, en efecto, funcionarios del Instituto Nacional de Migración recibieron al interno a las puertas de la penal de Tepic, esposado e inmovilizado de los pies, para trasladarlo a Guadalajara, de donde el martes 17 sería llevado a Los Ángeles.
Acompañada por una de sus amigas cuando recibe a este reportero, Ana Laura indica que no tuvo tiempo de reaccionar de forma alguna, antes de la extradición de Ryan, aunque indica que en su barrio de la colonia Ampliación Tierra y Libertad mucha gente le dijo estar dispuesta a manifestarse para intentar frenar el traslado.
Consciente de que el norteamericano difícilmente volverá a ser traído a México, Ana Laura ahora enfrenta muchas interrogantes, muchas dudas, por ejemplo el por qué jamás fue notificada o la seguridad de que el individuo efectivamente se encuentra en un centro psiquiátrico.
Otra situación es que no hubo indemnización alguna ni se dejó, en todo caso, la correspondiente garantía que, se calcula, oscilaría en unos 130 mil pesos.
ENTRE GOBIERNOS
Según los datos obtenidos, la embajada de Estados Unidos en México empezó a gestionar la extradición de Ryan –a través del consulado en Guadalajara- después de que, en noviembre del 2011, el Juzgado Segundo Penal de Tepic decretó la suspensión del procedimiento que se seguía con el número de expediente 98/2008, al determinar que se trataba de un enfermo mental, por lo tanto inimputable, y por lo que se recomendó su internamiento en un centro especial.
De lo anterior brotan más cuestionamientos de la madre de familia, puesto que, dice, si el juicio fue suspendido pero no ha terminado, “¿por qué se lo llevan si él estaba aquí?, ¿por qué no hay justicia?, si no mató a un animal”…
Cree que en todo caso el gobierno estatal debió encargarse del traslado a Ryan a un hospital psiquiátrico en el país, pero no permitir que se lo llevaran a Estados Unidos.
En la decisión para extraditar a Philips Ross, evidentemente participó el Gobierno Federal, el Gobierno del Estado y el de Estados Unidos. La mamá de la víctima, sin embargo, no fue notificada y mucho menos indemnizada.
QUERÍA CORTAR CAMINO…
Jesús Ramón Chávez Soto usaba el número 11 en el equipo de futbol. Una de sus camisetas fue colocada en un cuadro y está en la sala de su casa, donde hay fotografías de su época de jugador. “Su vicio era el deporte”, indica su hermano Julio César.
Seguidor del equipo Guadalajara, Chávez Soto llevaba puesta la camiseta de Las Chivas aquel terrible cuatro de marzo, cuando se dirigía a su entrenamiento.
Aunque le han dicho que, por salud, se desprenda para siempre de esas imágenes, que las queme, que las tire, Ana Laura muestra los recortes de periódicos en los que aparece su hijo tirado, la sangre fresca en distintas partes de su cuerpo.
“Es algo que nunca se olvida, nunca…yo le pedí a Dios fuerza y resignación”, dice.
Sobre lo sucedido aquel cuatro de marzo, si bien Jesús Ramón no pudo hablar porque las heridas cortantes le dañaron las cuerdas vocales, sí hizo algunas anotaciones a mano.
Según recuerda su mamá, iba retrasado al entrenamiento y mientras viajaba por el bulevar Colosio decidió bajarse del camión y atravesar a pie para salir al bulevar Tecnológico, en dirección al Parque Ecológico y Nayar Abastos, donde tomaría otro minibús para llegar a las canchas de SUFACEN, junto al libramiento.
“Quería cortar camino”…
Ahora si que en una mala jugada del destino, Jesús Ramón Chávez se topó con Ryan Philips, quien sin motivo alguno, sólo su locura, lo atacó con un arma cortante hasta que pasó por la zona un motociclista, que intentó detenerse pero al ver que corría similar riesgo se dirigió a la Procuraduría General de Justicia para dar aviso. Minutos después, el norteamericano fue detenido por la policía.
Con una situación incierta, sin saber a quién recurrir, Ana Laura Soto vuelve a guardar los recortes de periódicos y externa que le resulta imposible esperar que Ryan sea regresado a México.
“Yo lo perdoné, pero las autoridades no hicieron justicia”.
(Esta nota se publica con autorización de su autor. Más información de
Óscar Verdín Camacho puede consultarse en: http://relatosnayarit1.blogdiario.com)





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