>Tepic.- Fernando Dueñas Navarrete tenía unos 20 años y estudiaba veterinaria cuando una noche, preparándose para regresar a Tepic procedente de la escuela en el municipio de Compostela, debió apresurarse para llegar hasta el coche de un amigo que le daría raite.
Extrañado, otro de sus compañeros lo vio tropezarse varias veces, caer, lastimarse con un cerco de alambre, por lo que preguntó qué le sucedía.
Por primera vez, Fernando reveló lo que era el mayor de sus secretos: en la oscuridad casi no veía.
“¡Espérense, este cabrón no ve!”, gritó el otro, lo que representó un durísimo golpe a su estado emocional. Aquella noche le quedó grabada para siempre. Sentía que el trato hacia él no sería el mismo, que lo tratarían con lástima y, sobre todo, que el padecimiento sería una barrera para tener alguna novia.
Algunas noches en aquella época, recuerda, caminó por la orilla de la carretera hasta llegar a Compostela, guiándose por la luz de los carros, porque no quería correr para alcanzar el camión que los traía a Tepic, cuando debían estar en la tarde en la escuela de veterinaria.
Rondando ahora los 50 años de edad, Fernando narra que años después trabajó como taxista –en tiempos cortos y siempre de día- y que hasta hace unos siete años, aunque forzando mucho lo poco que aún veía, aplicó sus estudios de veterinaria en la reconstrucción de gallos de pelea heridos en combate. Hoy, su ceguera es casi total.
En plática con este reportero durante unas horas, Fernando explica que, como le sucedió a él, el proceso para asimilar cuando se va perdiendo la vista es algo muy difícil, especialmente en la juventud, por lo que entiende lo que enfrentan los jóvenes que ha conocido en los últimos años, especialmente dentro de la Asociación de Invidentes y Débiles Visuales, cuya dirigencia está por concluir en unas semanas.
Y es que, dice, ha tratado a personas que perdieron la vista ya adultos y cuentan con alguna pensión u otra forma de vida, mientras que los jóvenes ciegos se enfrentan a la incertidumbre y sufren más para aceptar la realidad.
Uno de los tantos casos que atrapa la atención es de una joven –cuyo nombre pide omitir- que sale a la calle sola, sin bastón, por lo que es imposible que otras personas conozcan su padecimiento, pero sin embargo ha desarrollado el sentido del oído de una forma impresionante.
Por ello, para él resulta más que importante que los gobiernos apliquen políticas públicas para facilitar el acceso de estos muchachos a becas para que aprendan música, arte, canto, baile, repostería, computación, filosofía. Que accedan a carreras para que sepan desarrollarse.
CUIDARLOS EN LA CALLE
“Aquí he conocido a jóvenes muy inteligentes. Me los imagino en el futuro no sólo dando clases a invidentes, sino a todas las personas, pienso que serán maestros de literatura, tienen un talento muy desarrollado y por eso me parece más injusto que no tengan becas”. En especial se refiere a tres adolescentes –dos mujeres y un varón- que cursan la secundaria, pero uno de los cuales no cuenta con una computadora con el sistema parlante, lo que le dificulta cumplir con sus tareas escolares.
La casa de Fernando Dueñas, por calle Zapata entre P. Sánchez y Guadalajara, en Tepic, también funciona como oficina y ahí se dan clases de computación, con programas parlantes, y se enseña a tocar guitarra y piano, entre otros instrumentos.
Con una carrera profesional y criado en un ambiente donde la cultura es importante, Dueñas Navarrete considera que lejos de sentir lástima por un ciego o débil visual, la sociedad debe aceptarlos y cuidarlos cuando los ve en la calle, aunque en ocasiones pueden padecer agresiones sin nombre. Ejemplifica que hace unas semanas, una joven fue acechada por un sujeto, que la trató de mal forma, cuando ella se dirigía precisamente a la oficina. “Fue algo muy fuerte, lloró mucho y poco a poco ha ido superándolo”.
Seguro de que la cultura ayuda a enfrentar las dificultades más fuertes en la vida, Fernando Dueñas apunta que en los últimos años ha animado, dentro de la asociación, a leer a Martín Luther King -quien en Estados Unidos luchó por los derechos de las personas de raza negra-, en especial su famoso discurso “Yo tengo un sueño”. También ha motivado a conocer la historia de Gandhi, el libertador de la India, o a escuchar “Imagina”, del ex Beatle John Lenon, o leer a Sócrates. Son ejemplos de lucha constante, apunta, que deben motivar a los jóvenes con dificultades.
LÁSTIMA NO, RESPETO
Fernando Dueñas se pone de pie y se introduce a su recámara. Se le oye mover algunas cosas. Después de unos minutos se escucha música e invita a pasar. Se trata de un video de un evento efectuado en noviembre pasado, en el teatro del Seguro Social, donde varios jóvenes con ceguera o débiles visuales mostraron sus dotes de solistas. Emocionado al oír a Lizeth, a Fátima, a Yésica, a su sobrino Rafael, recalca el talento con que cuentan y por ello su insistencia para que se les apoye durante su formación con una beca.
“Yo los entiendo porque también fui joven y viví este proceso muy doloroso. Hay que apoyarlos”.
Fernando tiene un hijo de siete años con el que se reúne con frecuencia. El niño fue procreado con una mujer que no tiene ceguera, según apunta.
Acepta que en la asociación, aunque pueden ser cientos los inscritos, no pasan de 20 los que participan con diversas actividades. Entre ellas sobresalen unos jóvenes que son muy buenos para manejar el bastón y son instructores en ello. Precisamente usar el bastón, indica, no es el fuerte de él. Varias veces se ha lastimado, pero además las calles y banquetas de Tepic no se prestan para facilitar la movilización cuando se padece la ceguera. Abundan los registros abiertos, los ventanales salidos a la banqueta, los comercios que cuelgan sus productos, o bien tubos y palmetas enterrados a media banqueta. En especial se refiere a una palmeta que está por la calle Hidalgo, entre P. Sánchez y Ures, donde varios de sus colegas se han golpeado.
“Insisto en que al débil visual o al ciego no se nos debe tratar con lástima, sino con respeto, dándonos la posibilidad de desarrollarnos, que se apoye con becas, con transporte, especialmente a los jóvenes y que la gente los cuide, que no se abuse de ellos. Ojalá haya cultura de los gobiernos para esto que estoy hablando”.
(Esta nota se publica con autorización de su autor. Más información de
Óscar Verdín Camacho puede consultarse en: http://relatosnayarit1.blogdiario.com)





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