>Chapala.- Luego del asesinato de 18 personas, la mayoría originarios de municipios de la ribera de Chapala, el miedo obligó a los habitantes de esta región a modificar su estilo de vida y ya repercute en daños aún no cuantificados en la economía de esta zona turística de Jalisco.
La mañana del 9 de mayo, en una brecha a la altura del kilómetro 25 de la carretera Guadalajara-Chapala, fueron encontradas dos camionetas con restos de 18 personas. En las instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo) de Guadalajara, los peritos reportaron que había 13 cuerpos mutilados y cinco cabezas.
Días después, elementos del Ejército aseguraron una casa en Chapala, en la que encontraron un refrigerador industrial que contenía las partes faltantes. En total son 17 hombres y una mujer.
Hasta este lunes, 10 cuerpos fueron identificados y entregados a sus familiares. Otros cuatro ya están en proceso de reconocimiento, entre ellos, una adolescente de 17 años.
Al avanzar las indagatorias, agentes de la Procuraduría reportaron que los identificados no tenían antecedentes penales y al parecer tampoco vínculos con el crimen organizado. Esto aún no es concluyente porque continúan las investigaciones. Aún no hay detenidos directamente relacionados con los hechos.
Todas las víctimas identificadas eran habitantes de municipios de la ribera de Chapala y fueron privados de su libertad entre las últimas dos semanas de abril y la primera semana de mayo.
Los habitantes de la región se sintieron vulnerables y desde la capital cambió la percepción hacia el sitio turístico. “Siguen llegando turistas; hay mucha gente. Pero, ojo: son turistas de otras partes del estado y de México; los menos, de la zona metropolitana de Guadalajara”, advirtió Bernardo Solís, dueño de un restaurante-bar.
A unos 10 kilómetros al poniente de Chapala está Ajijic, residencia de unos 5 mil estadounidenses jubilados, donde el multihomicidio impactó sin precedentes y muchos ya piensan en regresar a su país de origen.
“Estamos fascinados con el clima, el lago, la arquitectura local y la gente que nos trata muy bien, pero tenemos miedo de que pasen cosas aquí, y nos han recomendado extremar precauciones para salir y evitar estar en la calle de noche”, confió una mujer de unos 60 años, originaria de Illinois.
En Chapala y Ajijic los habitantes cuestionan los discursos sobre seguridad: “Nada más pasan los policías cuando hay algo, pero no se ve que aumenten los recorridos, o en el malecón todo está igual. Yo pensé que íbamos a tener al Ejército pero nada”, mencionó una comerciante.
En Tuxcueca, el temor de otra masacre permanece latente, debido a que al menos cinco de las 18 víctimas eran habitantes de San Luis Soyatlán, comunidad de este municipio.
“Aquí la situación es más grave que en toda la región. Nos mataron a nuestros hijos, a nuestros hermanos. Dicen que van a venir por más. Y muchos, mejor ya se quieren ir de aquí”, dice una mujer de unos 35 años.





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