>México.- El Jorge Luis Borges que llegó por vez primera a México en 1973 es muy distinto al que regresó a esta patria en 1978 y en 1981. Al primero se le ve con cabello relamido, de traje azul, muy serio y muy argentino; al que regresó se le atisba más fresco, con traje de lino blanco, de cabello un poco más largo y alborotado.
Dos de las facetas que más conoció México de ese escritor argentino, tan aclamado y tan leído, son la columna vertebral de “Borges en México. Crónica visual y literaria”, la exposición que este martes abre sus puertas en el Palacio de Bellas Artes.
La doble mirada -de 1973 y 1981, no así la del 78- del autor de “El Aleph, El libro de arena y Ficciones”, sólo la tiene Paulina Lavista, la fotógrafa que como esposa del escritor Salvador Elizondo, tuvo la suerte de retratar a Borges durante esas dos visitas que hizo a México.
Fue ella quien lo retrató al lado de Octavio Paz y de Salvador Elizondo durante las grabaciones del mítico programa “Encuentros”, realizado en 1981, del que no quedan más que recuerdos, pues el material se borró y se ha perdido para siempre. También fue ella quien lo capturó en Teotihucan delante de las pirámides. Pero ella no fue la única que tiene esa escena, también Rogelio Cuéllar -en ese entonces un joven de 23 años de edad- posee una imagen durante la misma visita, pero además tiene otras decenas más de imágenes del primer viaje de Borges y su encuentro con México.
Desde que descendió del avión, Cuéllar registró la visita de Borges. Llegaba antes de las siete de la mañana y dejaba el hotel cuando Borges se iba a la cama. En sus imágenes están José Emilio Pacheco, Juan José Arreola, Juan Rulfo, Salvador Novo y Carlos Montemayor que llegaban a saludarlo y a leerle pasajes de sus obras; está un Nacho Solares imberbe con su grabadorcita de carrete entrevistando al hacedor de ficciones. Sus imágenes son memoria gráfica de su encuentro con el país de Octavio Paz.
“Yo no conocía a nadie, ni a Miguel Capistrán, ni a Luis Mario Schneider, simplemente me fui para el aeropuerto donde sabía que iba a llegar y no sé por qué circunstancia se facilitó todo, pude ir casi la escalerilla del avión junto a la comitiva, de pronto ya me veo subido en un coche junto a Borges rumbo al hotel Parque de los príncipes que estaba en Constituyentes y Reforma; comencé a hacerle fotografías en el lobby del hotel, gente que lo esperaba, los que iban a saludarlo, la visita a Teotihuacan”, señala Rogelio Cuéllar a EL UNIVERSAL.
Llegaba hasta Jorge Luis Borges con su cámara Pentax de lente normal y utilizando llentillas para acercarlo; tiraba y tiraba para capturar la mirada del narrador argentino, quería que lo viera a él. “Era de una gran sencillez; yo había leído muy poquito, creo que sólo ‘El aleph’, nunca dimensioné la importancia de la vivencia que tuve con Borges, ahora que revisando los negativos ha sido una revelación doble, están Pacheco, Arreola, Gabriel Zaid”.
Las miradas de Lavista
Harto conocida es la foto de Borges posando en Teotihuacan para el ojo de Paulina Lavista, atrás las pirámides y también la “sombra muy razante” de un Borges sereno. “Venía con un traje azul marino, muy relamido, muy argentino y la segunda vez está mucho más relajado, con el pelo un poco más largo, como más mundano. La primera vez me parecía un santo, la segunda me pareció más bien un escritor más al día, más consciente de que estaba casado, que venía con una mujer. En mis fotos se ve, el Borges de 1973 distinto al de 1981 cuando lo retraté con Octavio Paz”.
La fotógrafa que asegura que Borges es fundamental para los escritores mexicanos, dice en entrevista que lo importante de la exposición que inaugura María Kodama, viuda de Borges “no es si son buenas o malas las fotos, sino el testimonio de una visita que conmemora casi 40 años”.
El escritor en trazos
El artista plástico Felipe Ehrenberg conoció a la pareja Borges-Kodama en 1973, en Inglaterra. Cinco años después, cuando se enteró que vendrían a México por segunda ocasión, gracias a Miguel Capistrán, para que el escritor fuera parte de ocho programas de entrevistas con Juan José Arreola realizados en noviembre de 1978, para la que entonces era la televisión oficial mexicana, pidió que le permitieran estar junto a ellos. Una pequeña selección de Borges en trazos serán exhibidos junto con las fotografías.
“Me subí al avión desde que Miguel llegó con ellos. A él le hice como 250 dibujos o más, durante toda su estancia en el país. Unos 25 aparecieron en un librito que hice que se llamó Borges en México. El resto los fui vendiendo poco a poco”, recuerda en entrevista.
En esos días Borges y Octavio Paz mantuvieron un encuentro que fue grabado, pero, dice Ehrenberg, debido a que el poeta mexicano acababa de entablar un lazo con la televisora privada, y el argentino era invitado de la televisión pública, no fue posible que ambas televisoras llegaran a un acuerdo y no se transmitió.
“La única persona que registró ese primer encuentro de dos gigantes de la literatura fui yo”.
El “horror” de su ausencia
El año pasado, cuando se cumplieron 25 años de la muerte de Borges, Kodama recordó que lo había perdido todo y había tenido que soportar la “crueldad” de un periodismo que la sometió “a una tortura moral”, y anunció que escribiría sus memorias y saldaría cuentas con sus detractores.
La deuda sigue pendiente y aunque aún no tiene fecha de publicación, Kodama advierte que relatará “todo el horror” que ha vivido desde la muerte de su marido.
A la distancia, dice, el amor por él sigue siendo eterno. “Como escritor admiro en él el hecho de haber sido un ser que nunca se traicionó a sí mismo, eso es lo más duro y lo más difícil. Si tuviera que elegir entre su obra y eso, elegiría que nunca se traicionó a sí mismo, por eso mi amor sigue y es eterno”.





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