Los ojos detrás de la Decena Trágica

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- Ago 13, 2012

>México.- Del 9 al 18 de febrero de 1913, la Ciudad de México vivió uno de los momentos más candentes de la Revolución. Desde los inicios del movimiento armado, en noviembre de 1910, la capital del país se había librado de los fuegos cruzados. Por eso, los días de la Decena Trágica fueron para los habitantes de la ciudad un acontecimiento extraordinario.

Ante esta serie de eventos inusitados, los reporteros y fotoperiodistas salieron a las calles a documentar para la historia el desarrollo del también llamado “Cuartelazo”, que concluyó con el asesinato del entonces presidente Francisco I. Madero.

En los alrededores de La Ciudadela no sólo habían artilleros disparando balas. Apostados en diversos puntos, según estimaciones de la historiadora Rebeca Monroy Nasr, cerca de 80 fotógrafos disparaban sus cámaras para registrar en las planas de los diarios y semanarios la evolución de los acontecimientos.

Entre esta decena de fotoperiodistas se encontraba Ezequiel Carrasco, hasta ahora mejor conocido por su trabajo como cine fotógrafo en películas de Jorge Stahl y Julio Bracho, y también por filmar las escenas de La banda del automóvil gris (1919).

En el libro Ezequiel Carrasco. Entre los nitratos de plata y las balas de bronce, de la serie editorial Testimonios del Archivo (INAH-Sinafo), Rebeca Monroy Nasr acredita a Carrasco como el autor de diversas fotografías de la Decena Trágica, las cuales han sido ampliamente reproducidas, a veces atribuidas a otros autores.

Nacido en Morelia, Michoacán, en 1891, Carrasco registró escenas claves del acontecimiento. S alió a las calles a registrar la transformación que a partir de ese evento sufrió la vida cotidiana de la ciudad de México: “mujeres y hombres que caminaban entre los escombros, los postes y los cables de luz tirados entre las paredes llenas de balazos y cañonazos”.

Sus imágenes, comenta la investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, se han publicado en diversos medios y se atribuyen a diferentes autores.

Ahora, esas imágenes llevan la firma de Carrasco, gracias al trabajo de identificación que la historiadora realizó, tanto en los archivos personales del fotógrafo, como en el archivo de Revista de Revistas, semanario donde Carrasco publicó más de 30 imágenes, las cuales acompañaban las crónicas de José Juan Tablada. De acuerdo con Monroy Nasr, el relato visual que Ezequiel Carrasco ofrece desde el inicio del levantamiento hasta la llegada de Victoriano Huerta al poder suman más de 200 fotografías, muchas de ellas inéditas.

“La secuencia de los hechos, narrada a modo de crónica textual y visual, permite valorar la participación de Ezequiel Carrasco, quien aprehendió esa realidad dramática, contradictoria e inefable, gracias al ojo historicista de su cámara”, señala la historiadora.

Días de balas y cañonazos

La crónica visual que Carrasco ofrece de este evento histórico van desde que, con tripié y cámara de placas de vidrio al hombro, llegó al Zócalo de la ciudad y fotografió al grupo de muertos en la plaza de la Constitución, víctimas de las descargas que desde el Palacio hicieron las fuerzas del Gobierno, la mañana del domingo 9 de febrero, cuando inició el Cuartelazo, hasta fotografías que muestran a personas depositando flores en el traspatio de la cárcel de Lecumberri, donde quedaron los cadáveres de Madero y Pino Suárez.

En sus imágenes también se puede observar a Francisco I. Madero llegando a Palacio Nacional montado en su caballo bayo, poco después de iniciado el levantamiento felicista. En otra, se le ve dando el que sería su último discurso en el balcón de la Fotografía Daguerre, donde aparece acompañado de Victoriano Huerta.

Carrasco también captó una de las imágenes más reproducidas en la historia de la Decena Trágica: una que muestra a artilleros felicistas haciendo disparos con ametralladoras. Monroy Nasr comenta que esta escena fue capturada por varios fotógrafos, desde diversos ángulos.

Entre otras, destaca una panorámica que muestra los destrozos en la esquina de Juárez y Balderas, con los cables de luz tirados, los edificios llenos de balas de cañón, mientras que por ahí transitan algunas personas. El fotógrafo también registró los destrozos de las casas de Madero y José María Pino Suárez, momentos después de que fueran incendiadas.

Como sus colegas, Ezequiel Carrasco salió a la calle a encontrarse con esa realidad alterada y a revelarnos lo que en ese momento estaba pasando, y lo hizo desde diferentes ángulos, comenta la historiadora.

Fotografía en movimiento

Monroy Nasr señala que esta serie fotográfica también permite identificar una etapa de Ezequiel Carrasco en su evolución como fotógrafo. “Él va queriendo hacer cada vez más fotos instantáneas. Procura un discurso visual de movimiento, intenta hacer un ensayo visual que no logra porque las limitaciones están a la orden del día, pero poco a poco va buscando más el movimiento”, dice.

Esos intentos de dar movimiento a las imágenes lo llevarían después a incursionar en el cine, algo que no le fue nada fácil: “Para 1917, él ya está filmando como cine fotógrafo, pero le va pésimo porque su visualidad es de foto fija”, comenta Monroy Nasr.

Ezequiel Carrasco. Entre los nitratos de plata y las balas de bronce, indica la historiadora, ofrece relatos paralelos: el México revolucionario, la realidad alterada de la ciudad de México, la de los fotógrafos de la época, y en particular la de este fotógrafo, cuyo trabajo refleja “un intento serio por mostrar los signos de la transición de lo hierático a lo espontáneo, de la foto de gabinete a la fotografía documental y de prensa”.

Las conmemoraciones, en riesgo de caer en un limbo

A seis meses de que se cumpla un siglo de la Decena Trágica, la cual culminaría con la propuesta de gobierno y la vida de Francisco I. Madero, el 13 de febrero de 1913, las actividades para conmemorar ese evento histórico están sujetas al cambio de administración.

José Manuel Villalpando, director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), encargada de las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, comentó que si bien el deber de esta institución es conmemorar este tipo de eventos, las actividades para recordar la muerte de Madero estarán a cargo de la nueva administración.

Señaló que entre las actividades que normalmente se realizan para conmemorar el centenario o bicentenario de las fechas históricas, el instituto organiza foros o coloquios con diversos especialistas, así como la publicación de textos periodísticos de la época, mediante el Sistema de Noticias del Pasado, pero no existe la certeza de que la nueva administración los continúe.

En opinión del historiador Alejandro Rosas, la muerte de Madero en 1913 es un acontecimiento importante porque ahí se sacrificó la democracia, y comenta que aunque resulte paradójico, el nuevo gobierno tendría en esa fecha “una oportunidad de oro” para reivindicar, a través de la figura de Madero, lo que es la democracia.

“Es una oportunidad de oro recordar la figura de Madero, pero sobre todo esto de la democracia, de la importancia del ciudadano como motor de la democracia, del respeto a las libertades públicas, a los derechos políticos, que era lo que defendía Madero, aunque resulte paradójico porque si alguien se encargó de terminar con la democracia en el siglo XX fue el PRI”, señala.

El edificio de La Ciudadela, sitio en donde se desarrollaron los enfrentamientos, está en proceso de remodelación para convertirse en “La Ciudad de los Libros y la Imagen”.

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