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París.- La tumba espera por el escritor Carlos Fuentes. Él no ha llegado a la ciudad y la lápida aguarda con una bandera de México, fragmentos de sus obras, un mensaje en francés, pequeñas piedras y rosas marchitas.
El sitio de Carlos Fuentes es austero pero contrasta con el lugar que ocupa en el cementerio de Montparnasse. Las paredes son blancas, lisas, sin más adornos que su nombre y los nombres de sus hijos Carlos y Natasha, quienes fallecieron en 1999 y 2005, respectivamente.
La frontal también tiene el de Silvia Lemus, la esposa del escritor mexicano más universal.
La cripta se encuentra en una rotonda, en la esquina de la avenida Transversal, frente a la escultura “El genio del sueño eterno”, del artista Horace Daillion (1854-1937). Un punto esencial en la geografía de este cementerio de poco más de 18 hectáreas, creado en 1824 en lo que fue uno de los epicentros intelectuales de la capital francesa, después de la Primera Guerra Mundial.
La entrada principal del panteón conduce directamente a la glorieta, donde está la tumba del escritor. Es cierto que su nombre todavía no aparece en un pequeño directorio, una suerte de mapa de navegación para recorrer un panteón repleto de obras antiguas y modernas, unas 42 mil sepulturas de hombres y mujeres, muchos de ellos famosos y universales.
Pero la llegada a la tumba del mexicano es relativamente sencilla. Carlos Fuentes parece haber escrito una ruta llana para que lo encuentren muy pronto, para estar con alguien que nunca se ha ido del mundo.
El croquis muestra los nombres de sus moradores: los mexicanos, el general-dictador Porfirio Díaz y el pintor Julio Ruelas; el escritor argentino Julio Cortázar; el poeta peruano César Vallejo; la escritora estadounidense Susan Sontag, y el cantante-compositor francés Serge Gainsbourg, el niño terrible de la canción en Francia -por supuesto, su tumba es la más visitada del cementerio-.
Sobre el acceso principal del panteón de Montparnasse todavía no hay huella de Carlos Fuentes, quien murió el 15 de mayo en la ciudad de México. Quizá por ese motivo, algunos visitantes preguntan por el lugar donde pueden encontrar los restos del escritor. Uno de los guardias indica el camino. Sin embargo, aclara que él no ha llegado a su tumba en París. No hay registro y todo es una decisión de la familia, comenta.
A lo lejos, un hombre maduro toma una foto de la lápida del mexicano. En la imagen se lleva los fragmentos de sus obras, de “La Muerte de Artemio Cruz”, de Aura, de “La región más transparente”, del “Gringo Viejo”. Su cámara toma pedacitos de papel, aferrados a pequeñas piedras colocadas en la lápida.
Se lleva también la imagen, escrita en un papelito, de aquella crítica sobre el presidente electo de México, Enrique Peña Nieto, esa de “este señor no me ha leído, tiene derecho a no leerme. Lo que no tiene derecho es a querer ser presidente de México a partir de la ignorancia. Eso es lo grave. No que no haya leído un libro mío, sino que demuestra su ignorancia”. Una “cortesía” de una veintena de mexicanos que dicen pertenecer al movimiento #Yosoy132, quienes hace unos días rondaron por la tumba del escritor.
El turista se lleva una foto con la bandera de México y las rosas marchitas. Es la tumba que espera al escritor Carlos Fuentes.
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