>• Mas de tres horas tienen que esperar los pacientes para ser atendidos; no hay médicos ni camilleros, ni personal de trabajo social
Tepic.- "Nuestra misión es brindar atención médica oportuna y de excelencia, con valores éticos y personal altamente competitivo…" reza un cartel en la sala de espera del área de urgencias del hospital general "Dr. Aquiles Calles Ramírez", del ISSSTE en Tepic, nada más alejado de la realidad, el servicio -a decir de los propios derechohabientes- es pésimo, tardado e inhumano.
Constantemente se conocen las quejas de los burócratas federales y empleados del Gobierno de Nayarit por la falta de insumos médicos en las clínicas y hospitales del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), pero acudir al servicio de urgencias "se convierte en un verdadero calvario", relató a NAYARITENLINEA.MX una derechohabiente.
Apenas pasa de la una y media de la tarde, la sala de espera luce repleta de pacientes y familiares de éstos en espera de ser atendidos. Las sillas (algunas 20) instaladas en módulos de cuatro en el interior son acaparadas en su mayoría por mujeres y adultos mayores, los menos viejos y los jóvenes, (otro tanto similar) están de pie. Afuera la escena es la misma, gente en espera de atención médica.
"No tocar la puerta..."
No hay nadie en el módulo de control, desde donde se reparten las "fichas" para pasar -primero- a un consultorio de valoración y posteriormente a la consulta médica para determinar si se ingresa o no al paciente. Una señora nos grita desde su asiento: "ya se fue el muchacho, es el cambio de turno y el personal entra a las dos".
Los dos consultorios médicos y el de valoración están cerrados, no hay ninguna trabajadora social o personal administrativo de apoyo. En las puertas de los consultorios un precario anuncio escrito a mano alzada demanda "no tocar la puerta, espere a que le llamen". Un policía municipal, que celoso cuida el acceso al hospital, se nos acerca amenazante y nos exige dejar de tomar fotografías, sugerencia que no aceptamos.
Una señora de avanzada edad, con el rictus de dolor en su cara y encorvada en una silla, espera atención médica mientras una de sus hijas la mantiene tomada de la mano. De pronto entra una mujer un tanto alterada, manotea con fuerza sobre el mostrador del módulo de control, vacío, exigiendo atención para su madre, se acerca al policía municipal y reclama que le abra la puerta de acceso al hospital al tiempo que pide una silla de ruedas. Desaparece y a los pocos minutos se le ve empujando una de éstas, a la que con esfuerzo sube a la señora que encorvada aguardaba y se pierde entre las puertas de cristal.
La escena sucede en torno a un hombre que apenas pasa de los 50 años y espera en una camilla, ésta tirada sobre el piso. También espera atención médica mientras un grupo de familiares lo rodean y le dan ánimo. Luce desmejorado, pálido.
A las dos y 16 minutos de la tarde aparece por fin el empleado del turno vespertino que cubrirá el módulo de control. Familiares de los derechohabientes se arremolinan en espera de una "ficha" para el consultorio de valoración, lento les explica que tienen que esperar, que un médico diagnosticará su nivel de urgencia y en razón de ello los irá pasando a consulta.
"Aquí siempre es así..."
Los minutos se acumulan y el médico del "filtro" brilla por su ausencia. "Aquí siempre es así, nunca hay médicos. Si el ISSSTE tiene tantos doctores porqué no ponen a más aquí, dos consultorios son insuficientes para atender a tanta gente", reclama un señor al percatarse de que estamos registrando la jornada. Tras sus palabras decide irse, le propone su mujer -que se queja de un dolor en el brazo- mejor llevarla a un médico particular.
Jóvenes que parecen alumnos de alguna escuela de medicina o enfermería (por sus impecables uniformes blancos y chalecos en colores rojo o azul) seguramente prestadores de servicio social, cruzan presurosos el área de urgencias, al cabo de minutos regresan con refrescos y platos desechables cubiertos por papel aluminio. Pasan indolentes al lado de los pacientes.
Son casi las tres de la tarde y aparece el médico del consultorio de valoración. No tiene forma de escabullirse, la puerta del consultorio da justo a la sala de espera. Nuevamente se aglomeran pacientes y familiares, con ficha en mano, en espera de atención, la que reciben para luego regresar a sus sillas en espera de ser llamados de uno de los dos consultorios de urgencias médicas.
Van a dar las cuatro de la tarde, muchos pacientes se cansaron de esperar y se han retirado, los que se quedan buscan afanosamente al empleado del módulo de control, que ha dejado su lugar por enésima vez. Decidimos hacer eco y retirarnos también, frustrados y hambrientos, la fractura en el dedo gordo del pie izquierdo tendrá que ser atendida por algún médico particular.
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