>Tepic.- La breve historia de Efrén Delgado, un chofer de transporte público que ayudó a un discapacitado a subir al camión y que fue compartida por el periodista Bernardo Macías en su muro de Facebook, se acerca esta tarde a los 20 mil "me gusta". Macías, quien es colaborador de NAYARITENLINEA.MX nos relata a continuación la historia completa de su encuentro con el servicial chofer, en ese medio dominado por operadores maleducados y descorteses.
¡VAYA, UNA HISTORIA AMABLE EN NAYARIT!
Por Bernardo Macías
Amigo Antonio Tello, te agradezco, como sé que lo hará toda la gente, el que me permitas este pequeño relato, basado en un historia poco común, acerca de un operador de un camión urbano en Tepic que realizó un gesto caritativo al brindarle el servicio a una persona que no se vale de ella misma para poder abordar la unidad.
Suelo caminar los domingos por el centro de Tepic. Saludo amigos y visito familiares. A las doce de la tarde con 30 minutos del pasado 7 de julio, decido visitar a un comerciante de la calle Amado Nervo, casi esquina con la calle Querétaro en el Centro Histórico. Se nublaba tanto que al rato llovería. Encontré a mi buen amigo Salvador Luna, propietario de una negociación de productos naturistas, quien platicaba con el dentista Oscar Castañeda, vecino de la cuadra.
-¡Hubieras llegado hace media hora!- me dijeron casi como regaño.
Yo pensaba en un asunto de policías, de los que hay tantos. Pero no me quedé con la curiosidad y obviamente les pregunté a qué se debía tanta “emoción”.
Traemos enchinado el pellejo, me dijo Chava, pasándose la palma de su mano por el otro brazo.
Ya no requerí preguntarles más, pues ellos solos, principalmente Chava Luna, me informaba: “Hace rato el chofer de la ruta Progreso 3, en el carro 075, (mostraba un papelito en donde lo escribió), nos hizo aplaudirle con ganas”.
Oscar Castañeda solo asentía, como lo hacemos cuando estamos de acuerdo, inclinando la cabeza y levantándola intermitentemente.
Y Chava continuó.
-El chofer se bajó del camión, Venado, paró la unidad, puso el freno de mano, y se bajó acomedido a ayudarle a una persona discapacitada-
La persona en mención había solicitado la parada en la calle Amado Nervo, casi esquina con Querétaro.
Chava me narra que el conductor se bajó del camión y tomó al hombre con cuidado, ya que el discapacitado traía sujetas sus muletas en ambos brazos, y sus pies sin fuerza, quizá con ortopedias o prótesis.
El amable servidor público logró pacientemente subir a la persona. Luego pidió por favor si le permitían el asiento delantero, y los pasajeros accedieron.
Hasta no cerciorarse de que el pasajero aludido estuvo amacizándose de los pasamanos, el chofer volvió a ocupar su asiento, quita el freno de mano, y continúa su ruta.
“-¡Venado, nosotros le aplaudimos!, sábe si nos oiría. Estaban otras personas viendo ésto y también le aplaudieron, pero el camión se alejó rápidamente, dílo Venado, pónlo en el internet-“, me sugirieron, pues saben que me dedico al periodismo digital.
Convencido yo de que la acción del chofer tenía que ser publicada, esperé el mismo domingo a que el 075 regresara a la esquina del hecho. Duré más de una hora y solo pude tomarle una foto al camión en la parte trasera, ya que cabe mencionar que la ruta Progreso 3 no usa el número económico al frente.
El lunes decidí “subir” la foto del puro camión a mi página. Hice un pie de foto narrando el episodio pero sin tener otro argumento que la confianza que se me tiene como reportero, y los dos testimonios de mis amigos.
Mi posteo rápidamente, en media hora, me rompió mis más altos niveles de “Like”. En dos horas llevaba casi 500 aprobaciones.
En la misma tarde del lunes, volví a Amado Nervo y Querétaro. Esperé al camión otra vez más de una hora. Hasta que lo ví. Progreso 3, número 075. Le hice la parada sin saber si era el mismo chofer o no. Pagué mi boleto, cinco pesos. Buenas tardes, saludé. Y se me contesta, buenas tardes.
El camión llevaba poco pasaje, lo que me permite sentarme en el asiento delantero. Enfilamos por la Amado Nervo. Ya pardeaba.
Oye –inicié la breve conversación-, busco al chofer de este camión que me dicen que ayer ayudó a subirse a una persona discapacitada.
-Yo fui- me contesta silentemente, comprobándome su humildad. Me incorporo del asiento y me cambio al estribo.
Te felicito- le dije- por tu acción. Soy reportero de internet y subí tu historia a Facebook. –Ajá-, me respondía, de reojo y sin dejar de volantear.
Le mostré mi Nokia con la foto del carro, y volteó a verla dos segundos.
Le comenté que mucha gente lo estaba apoyando, que puras felicitaciones recibía. ¡Te quieren conocer!, le dije. Y le añadí que únicamente quería ganarme su confianza para que me diera su nombre y para que se dejara tomar una foto.
Está bien, - me contestó-.
Hizo un brevísimo alto en Juan Escutia y Zaragoza. ¿Cómo te llamas?, “Efrén Guardado”.
Y luego le pedí que me dejara tomarle una foto, que es la que sale en mi página de Facebook.
Todavía para bajarme del camión me animé a preguntarle: ¿Oye, escuchaste que te aplaudieron el domingo?. Y me dijo que sí. Al bajarme le di mi nombre, Soy Bernardo Macías a tus órdenes.
El martes a las dos de la tarde, usé mi destartalada lap top para transferir la foto del muchacho. La subí a mi página narrando muy brevemente la historia, pero ya con la foto y con su nombre. Ni a media noche dejó de recibir “like”. Me dormí cuando iban casi 5 mil y me levanté cuando ya casi llegaban a 7 mil. Le mensajeé a mi amigo Enrique Hernández Quintero para preguntarle si el posteo había roto récords. Iban 8 mil 100 y Quique me soltó: ¡Son un Chingo!.
A la hora de redactarte esta nota estimado amigo Antonio Tello, Miércoles 10 de julio a las 4 de la tarde con 20 minutos, la historia llevaba 13 mil 500 “likes”. No me lo esperaba ni lo hubiera imaginado.





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