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Ciudad de México.- Fue la crónica de un desalojo anunciado.
Los maestros y simpatizantes de la CNTE lo sabían, y por eso algunos de ellos resguardaron sus pertenencias, desmontaron el plantón en el Zócalo y desalojaron el lugar. Otros se quedaron a resitir la embestida de la Policía Federal y de la capitalina.
"Creo que nosotros como magisterio, a pesar de que podríamos ser reprimidos y desalojados, desde nuestros estados iniciaremos de nuevo la batalla y desde ahí ahorcaremos el país", dijo un profesor.
Construyeron barricadas y no disminuyeron el ánimo a pesar de que los policías los tenían cercados desde el medio día.
El gobierno federal y el capitalino, unidos, marcaron una hora fatal de desalojo: las 16:00 horas, entonces la tensión creció. Algunos encendieron cartones y hasta separadores viales; otros, al parecer grupos anarquistas, prepararon bombas molotov.
Los helicópteros de la Policía Federal no dejaban de sobrevolar el perímetro; con ellos podían dimensionar el tamaño de la resistencia y la ubicación de los grupos.
Pasadas las 17:00 horas, la embestida llegó por la calle 5 de Mayo. En minutos, la policía tomó el control del Zócalo. Las tanquetas de agua replegaron a inconformes.
La policía, con el primer triunfo en el bolsillo, fue tras un amplio grupo que se apostaba sobre la avenida 20 de Noviembre.
Uno de los últimos contingentes de resistencia fue desplazado de Eje Central, y más tarde perseguido por la autoridad.
En una hora, aproximadamente, la policía tomó el control del lugar y logró su objetivo: desalojar el Zócalo y sus alrededores para la celebración de las fiestas patrias del 15 y 16 de septiembre.
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