Flor y Claudia, sobrevivientes de 'trata'

- Sep 25, 2013

>• Colombiana y mexicana narran su experiencia como víctimas de este negocio que se extiende más allá del sexo y nacionalidad

Ciudad de México.- El combate a la trata de personas con fines de explotación sexual es difícil porque hay mucha demanda. "Si los hombres siguen pagando por sexo, están financiando a las redes de trata de personas", expresó Marcela Loaiza, sobreviviente de este delito.

Esta mujer colombiana, quien fue enganchada por la mafia yakuza, viaja ahora por el mundo previniendo a probables víctimas.

En entrevista con EL UNIVERSAL, indicó que en una calle de Japón donde ella fue obligada a prostituirse, había alrededor de 30 mujeres, una de ellas mexicana.

"Tenía que trabajar ahí durante 10 días y pagarle a la mafia yakuza una cuota a mi proxeneta", para pagar una supuesta deuda de 45 mil dólares que ella contrajo desde el momento en que le tramitaron el pasaporte y el boleto de avión que la llevó a Japón.

Marcela, quien es mamá soltera y bailarina, recurrió a la ayuda en Colombia de una persona que se ofreció a ser su mánager, ante la desesperación de tener a su hija enferma de gravedad en el hospital y sin poder cubrir los gastos de su atención.

El hombre le ofreció convertirla en bailarina profesional y, después de pagar el hospital de su hija, tramitó el pasaporte y el boleto de avión de Marcela en menos de una semana. Viajaron juntos de Pereyra, Colombia, a Bogotá, y luego hasta Japón.

En Japón fue recibida por otra colombiana, quien le planteó las condiciones: debía prostituirse para cubrir su deuda, pues si denunciaba lo sucedido su hija o su mamá podrían ser asesinadas.

"Quise revelarme, le dije que llamaría a la policía, y me dijo que podía hacerlo y que me deportarían, pero que no me garantizaba que llegara al entierro de mi hija. Yo me derrumbaba, le suplicaba que no le hicieran nada".

Pudo escapar de esa situación cuando un cliente se ofreció a ayudarla y la llevó a la embajada de Colombia. Ya en su país, denunció lo sucedido, pero ninguna autoridad la asistió. "Yo lo tuve que enfrentar sola".

Sólo un organismo civil le dio ayuda sicológica y así pudo escribir sus libros 'Atrapada por la mafia yakuza' y 'Lo que fui y lo que soy'. Ahora tiene una fundación que ayuda y orienta a víctimas de trata y realiza campañas de concientización, una de ellas enfocada a la población masculina.

"Aun cuando una mujer dice que se dedica a la prostitución como una opción, siempre hay un intermediario, un proxeneta que establece condiciones y que vive de eso. Entonces hay que concientizar a los hombres de que no paguen por sexo", dice.

Otro ángulo, el del abuso laboral

Flor Molina, originaria de la sierra poblana, fue enganchada en su comunidad para ser explotada en una fábrica de ropa de Los Ángeles, Estados Unidos.

Trabajaba 18 horas diarias para elaborar vestidos que eran vendidos en tiendas departamentales. No tenía derecho a descansar, le daban 10 minutos para comer una pequeña ración de alimento y dormía en el taller porque en cuanto se retiraban los demás empleados, ella tenía que encargarse de limpiar.

La mujer que la explotaba y que estaba al frente de la fábrica también es poblana, pero adquirió la ciudadanía estadounidense y aún persigue a Flor. "Lo que pasa es que ella tenía varios años haciendo esto y cuando yo escapé comenzó a tener problemas".

Su explotadora nunca fue procesada por trata de personas, sólo por abuso laboral, delito que la tuvo sólo en seis meses de arresto domiciliario en Los Ángeles.

Flor Molina aceptó la promesa laboral en 2001, luego de que uno de sus cuatro hijos murió por un problema de salud que no pudo atender a tiempo por falta de recursos.

Para evitar que otro de sus hijos tuviera el mismo destino, Flor decidió tomar un taller de corte y confección. Su maestro la contactó con la tratante. El 31 de diciembre de 2001 ella llegó a Los Ángeles y comenzó así su historia de explotación.

Escapó después de 40 días de encierro, cuando pidió permiso para ir a una iglesia. Una compañera de trabajo le ofreció ayuda y la canalizó a una institución dedicada a la defensa de los derechos de migrantes, quien a su vez denunció los hechos para que las autoridades indagaran.

Flor desconoce si hasta la fecha sigue operando esa red de trata, pero asegura que cuando gobiernos, organizaciones no gubermanentales y personas de la sociedad actúan en conjunto, se puede rescatar a las víctimas.

Considera que para combatir la trata con fines de explotación laboral, empresas y consumidores deben estar atentos a no adquirir productos en los que se emplea a personas como esclavas.

Flor ahora vive en Estados Unidos, cuyo gobierno la apoyó con la condición de que colaborara en las investigaciones, y pudo reencontrarse con sus hijos después de ohco años de no verlos.

Pero en México se topó con la indiferencia de las autoridades, que al principio no le quisieron brindar ayuda para recuperar a sus hijos. "Hasta que vieron que mi caso fue publicado en medios de EU me pusieron atención"

Foto: CuartOscuro

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