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Tepic.- El hombre de la etnia cora que fue agredido por un mesero de conocido restaurante de mariscos mientras pedía limosna, estaba alcoholizado y fue el primero en dar un puñetazo en la cara del empleado quien lo sacó del lugar a empujones haciéndolo tropezar.
Con 7 años de exitosa actividad, en La Ola nunca se había registrado un incidente de esta clase, pese a que todos los días es contínuo el desfile de indigentes y vendedores que buscan a sus numeros clientes.
Para José Manuel Rosales Centeno, propietario del restaurante, fue uno de los peores días de su vida. La Policía Nayarit le dio trato de delincuente frente a sus pequeños y angustiados hijos.
José Manuel solo quería que los agentes investigaran bien lo sucedido y no se dejaran llevar por las apariencias. Los policías le pidieron que “los acompañara” y él accedió pues quería que se aclararan las cosas. Pero fue esposado y trepado a la caja de la patrulla, sin deberla ni temerla. Primero te humillamos delante de tus hijos y tus clientes y luego averiguamos.
Al ser revisado por personal médico en la Fiscalía, el indígena agredido quien dijo ser maestro, presentó aliento alcohólico y al ser entrevistado en torno al suceso, dijo no recordar con claridad lo que había pasado.
Varios testimonios recabados, aseguran que el indígena constantemente deambula por la ciudad en estado de ebriedad solicitando dinero y que es necesario que reciba atención integral para su rehabilitación.
Por lo pronto, ayer mismo se le brindó apoyo económico para que retornara a su hogar, pues él así lo solicitó.
José Manuel y el mesero fueron puestos en libertad tras pagar una multa.
El empresario decidió despedir a su empleado, pues a pesar de que reaccionó ante un primer golpe del indigente, reconoció que lo hizo excediéndose.
“Todo el tiempo he apoyado a la gente necesitada que se acerca a mi restaurante, les doy dinero y comida, incluso al hombre este que ya había venido antes varias veces. A los vendederos se les permite que se sienten en una banca a la espera de mis clientes para que ofrezcan sus mercancías”, dice el dueño de La Ola al lamentar el incidiente.
“Ahora a seguir trabajando, con la frente en alto, con honestidad, con respeto a la gente, no tengo nada de qué avergonzarme, seguiré atendiendo a nuestra clientela como siempre”, concluyó.





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