Ciudad de México.- El periodista Fernando Camacho Servín tenía una interrogante, ¿El mexicano es racista? Y para responderla, decidió vestirse como Wixárika (Huichol), y caminar por las calles de la Ciudad de México, donde recibió todo tipo de reacciones por parte de la gente que lo veía con la indumentaria de la etnia perteneciente a Nayarit y Jalisco.
Para su tarea, le rentó un traje a Jesús Carrillo, un artesano Wixárika.
Fue un domingo cuando realizó su ejercicio de investigación, acompañado de un fotógrafo que captaría las andanzas de este comunicador.
Sentado en una banda del barrio de Polanco, una de las zonas de mayor afluencia económica de la Ciudad de México, fue interrogado por un policía, y en su relato, Fernando Camacho cuenta que el uniformado, con actitud altanera le pregunta: “¿Y tú qué estás haciendo aquí?”.
Camacho Servín le responde que guarda por un amigo fotógrafo, y en su espera, el policía le cuestiona “¿Y tú de qué la giras?” “¿De qué trabajas?” “¿En dónde vives?” “¿De qué estado eres?” “¿Hasta qué año estudiaste?”.
En el radio del agente, suena la alerta de un sospechoso con tatuaje, narra el reportero encubierto, y en eso, se va el policía.
Luego, relata Fernando Camacho que visitó Plaza Antara, no recibe insultos pero sí la incomodidad de las personas presentes en el lugar. Dos edecanes le sonríen a quienes pasan cerca de ellas, pero al “Huichol” lo ignoran.
Dice Camacho Servín que no en todos lados fue mal visto, los meseros de los restaurantes de Mazaryk le ofrecieron la carta y le dijeron buenas tardes, los gerentes de un casino lo invitaron a pasar y empleados de una heladería no chistaron en atenderlo.
El reportero nota que la gente “común”, es la que reacciona con más racismo, entró a una tienda de ropa deportiva y observa playeras y pants, y una mujer, al percatarse de la presencia del hombre de vestimenta Wixarika, le dice a su hijo “Hazte para acá”, el infante no hace caso, y la mujer le levanta la voz, mirando de reojo a Camacho.
Fernando Camacho, al notar la reacción de la mujer, decide acercársele, y enseguida la mujer sale con paso rápido, ordenándole al esposo e hijos “¡Vámonos, vámonos!”, y dice el comunicador, que en los ojos de la mujer no había asco, molestia o fastidio, sino miedo.
Concluye el cronista que si hubiera hecho una encuesta a las mismas personas preguntándoles si son racistas, cree que le hubieran respondido que no, y en su caminar con indumentaria de Wixárika, las reacciones le indicaron algo totalmente diferente.
Con información de La Jornada
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