Dieciséis años sin nayaritas en un Mundial, ¡que no pasen otros cuatro!

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¡Cuánto le habría gustado a la afición de nuestro estado que al menos un futbolista nayarita formara parte de la selección mexicana en el Mundial de Brasil! Hace dieciséis años tuvo lugar la más reciente participación de jugadores de estas tierras en el máximo torneo de la FIFA y no son muchas las probabilidades de que próximamente otro nayarita sea convocado al representativo mayor de nuestro país en busca de un lugar para el Mundial de Rusia 2018.

La presencia de jugadores de Nayarit en los mundiales inició en Argentina '78, con Raúl 'Cora' Isiordia, delantero del entonces Atlético Español, nombre que de 1971 a 1982 asumió el equipo Necaxa de la Primera División mexicana.

Tras un prometedor arranque de su primer partido contra Túnez, México tuvo en tierras pamperas su peor intervención en ese tipo de competencias.

La selección mexicana no clasificó para España ’82 y cuatro años después fuimos la sede de la Copa del Mundo, sin algún futbolista nayarita en las filas del Tri, que para Italia '90 volvería a ausentarse de un Mundial a causa de la suspensión decretada por la FIFA a raíz del triste caso de los “cachirules” de una selección menor.

En Estados Unidos '94 la presencia de nayaritas sería por partida triple: Marcelino Bernal (del Toluca), Missael Espinosa (Guadalajara) y Ramón Ramírez (Santos de Torreón). Con emoción recordamos el gol de Marce para el empate con Italia, como parte de una brillante generación de futbolistas que sin embargo no alcanzó el anhelado quinto partido al caer en penales con Bulgaria.

Para Francia '98 nuevamente fueron convocados Marcelino Bernal (ya en el Monterrey) y Ramón Ramírez (del Guadalajara), éste en calidad de indiscutible titular y quien nos obsequió relevantes actuaciones: recuerdo sobre todo el juego contra Bélgica y aquel desborde por la banda izquierda para un preciso centro que de manera magistral convirtió en gol Cuauhtémoc Blanco. En cuartos de final, aquella selección cayó ante Alemania.

Desde entonces no hemos vuelto a ver a un nayarita en mundiales, con la selección mayor. Si alguien estuvo cerca es Jorge Chatón Enríquez, circunstancialmente nacido en Mexicali, Baja California, y producto del futbol de nuestro estado. El jugador de las Chivas destacó con el representativo azteca que logró ante Brasil la medalla de oro en las Olimpiadas de Londres 2012, pero una serie de lesiones y otros factores lo marginaron de la titularidad del Guadalajara y un eventual llamado al Tri.

Otros nayaritas en la Primera División son el alguna vez seleccionado Sergio Amaury Ponce, del Atlas de Guadalajara, y Yasser Corona, del Querétaro. Algunos más buscan tener de nuevo un lugar en equipos del máximo circuito, como Elgabry Rangel —jugó la final de ascenso con los Tecos— y Taufic Guarch, quien llegó a anotar un gol en el Mundial Sub-20 de Colombia, en 2011, en que la selección mexicana de esa categoría alcanzó el tercer lugar.

Fuera de ellos, quienes militan en la Primera División y la Liga de Ascenso, no conozco a alguien con más probabilidades para destacar y ser convocados a la selección mexicana en los próximos cuatro años. Es momento de preguntarnos: ¿Tienen el talento necesario los nayaritas del futbol de aficionados o de las categorías inferiores de los equipos profesionales? ¿La correspondiente visoría o detección es suficiente y objetiva? ¿El estado cuenta con la suficiente infraestructura física deportiva? ¿Existe un sistemático apoyo y promoción de los talentos de nuestro estado?

Por ahora carezco de los elementos objetivos necesarios y suficientes para dar respuesta a todas las interrogantes pero de algo tengo certeza: son muchos los adolescentes y jóvenes de nuestro estado convencidos de su talento y que, en el anonimato, con el total apoyo de sus padres o sin él acuden a cuanta convocatoria a visorías hacen diversos equipos profesionales dentro y fuera de Nayarit, o se arriesgan a probarse varias semanas o meses en las respectivas fuerzas inferiores, cubriendo sus propios gastos.

Algo debe tener un futbol de aficionados o de categorías semiprofesionales del cual surgieron los Isiordia, Marcelino Bernal, Missael Espinosa, los hermanos Ramírez Ceceña, los Cabuto, Miguel Zepeda, el Chatón Enríquez y otros, cuyo entorno fue muy similar al actual.

A manera de hipótesis, concuerdo con la afirmación de un futbolista aficionado, ex alumno y hoy licenciado en comunicación y medios, Manuel Omar Ruvalcaba Vázquez, quien con miras a titularse se planteó la necesidad de estrategias de promoción de jugadores nayaritas: “Talento hay y mucho, lo que falta es darlo a conocer y manejarlo adecuadamente”.

Esperamos que en ese sentido tengan éxito medidas como la de patrocinar el equipo Coras de la Liga de Ascenso y el crecimiento de la infraestructura física deportiva, así como las que se deriven de políticas públicas, de proyectos de inversión privada y de organizaciones sociales como los clubes futbolísticos, que de manera idónea se definan con la participación de los propios jugadores, los padres de familia, los aficionados, los servidores públicos relacionados, los inversionistas privados y los representantes de los clubes, incluso los cronistas deportivos.

Con una suma de ideas y esfuerzos de este tipo estaremos más cerca de desarrollar el futbol de aficionados y profesional de Nayarit para contribuir a incrementar las probabilidades de que talentosos jugadores de nuestro estado incursionen en la Primera División mexicana, en el seleccionado nacional y, por supuesto —queremos verlo— en el Mundial de Rusia de 2018. Cuatro años parecen mucho pero no lo son, ¡comencemos ya!

*El autor es comunicador y catedrático de la UAN, autor del libro Nayaritas de primera: 65 figuras del futbol de ayer y de hoy.
 

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