Ciudad de México.- El cardenal Norberto Rivera advirtió que todos los mexicanos vemos la necesidad del cambio, pero todos pensamos que los demás deben de cambiar, “porque pensamos que las causas de nuestros males es porque el gobierno está mal; porque la Iglesia no hace lo que tenía que hacer o porque los partidos se están deshaciendo”.
A ello agregó que se piensa también “porque los empresarios son unos egoístas, porque los medios de comunicación dicen puras mentiras, porque los jóvenes andan mal, porque los de izquierda ya perdieron el rumbo y los de derecha sólo buscan su propio provecho”.
Durante la homilía en la Catedral Metropolitana, el cardenal dijo que uno es el que debe cambiar, y puso como ejemplo a la misma Iglesia católica, que ha reconocido públicamente sus faltas históricas y que públicamente ha pedido perdón.
“Sólo los cínicos pueden decir que están libres de culpa, y que por eso pueden arrojar la primera piedra, insultar y destruir”, aseveró el purpurado.
Al término de la homilía, se llevaron a cabo honores a la Bandera nacional por parte de la banda de guerra de la Policía Federal, con motivo del Día de la Bandera, que se celebra el próximo 24 de febrero.
De acuerdo a autoridades eclesiásticas, sólo dos veces se hacen honores a la Bandera Nacional, uno el 24 de febrero y otra con motivo de las fiestas patrias, en septiembre.
En la homilía, el también arzobispo primado de México comentó que hay personas que piensan que es la esposa, la hija y hasta los papás los que andan mal y son los que deben de cambiar “cuando somos nosotros los que debemos cambiar, que nosotros tenemos que enderezar el camino.
“Es más, nos da gusto que la Iglesia reconozca públicamente sus faltas históricas y que públicamente pida perdón”, sostuvo, pero todo empieza por la persona, explicó.
El cardenal dijo antes los feligreses que “todos estamos necesitados de una conversión, solo los hipócritas pueden decir que son tan justos y tan santos que no la necesitan. La Iglesia no debe pretender erigirse en juez del pasado, ni encerrarse de manera pesimista de los pecados pasados, pero sí debe entender el llamado del Señor al arrepentimiento y a la conversión”.
En la catedral, el cardenal instó a los católicos a iniciar una “revolución mental”, esto es, una inversión del movimiento, cambio, reversa y también un cambio de mentalidad, rectificar la mente.
“Cuando nosotros escuchamos revolución, ordinariamente pensamos que es algo que va en contra de algo o de alguien, como en las revoluciones sociales, proletarias, culturales, sexuales, en donde se lucha contra la estructura, otra clase, las costumbres, el otro sexo”.
Indicó que en el caso de la revolución evangélica es muy distinta puesto que se trata de una revolución fundamentalmente interna, de la mente, del corazón, y “es una revolución de nosotros mismos y no contra alguien, porque del interior del hombre, de lo íntimo de su corazón, es de donde nace, según Jesús, toda la clase de males”.
“Las revoluciones que tienden a eliminar al otro, sólo a cambiar las estructuras, son cambios para quitar al otro y ponerme yo, es propugnar cambios para que todo siga igual”, complementó el prelado.





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