Se fue a la calle de limpiavidrios para sacar adelante a sus tres hijos

  • Maribel Montoya se expone diariamente a ser arrollada en las calles de Culiacán y a los fuertes rayos del sol, pero asegura que se cansó de ganar poco limpiando casas o de cajera en diversas tiendas.

Culiacán.- Bajo la escasa sombra de su sombrero de tejido negro Maribel Montoya trata de cubrirse de los quemantes rayos del Sol del mediodía mientras espera que el semáforo se ponga en rojo para ponerse a trabajar.        

Esta mujer, quien dice apenas rebasar los 40 años y por la dureza con la que la ha tratado la vida aparenta muchos más, se gana el pan de cada día limpiando vidrios en el crucero del “Caballito”.

En muchas ocasiones, asegura, trabaja de ‘a gratis’ porque hay muchos conductores que no le dan nada; hay quienes le dan uno o dos pesos pero también hay, aunque son menos, los generosos que le aportan de entre cinco a 10 pesos.

Para ella todos los días es incierta la cantidad que se llevará a su casa y de la cual dependen sus tres hijos, pero de algo esta segura: es más de lo que ganaría estando como asalariada mínima.            

Ella señala que trabajó limpiando casas y de cajera en diversas tiendas comerciales hasta que un día le dio por trabajar por su cuenta. 

Rapidez

Aunque muchos la han visto con una actitud serena, Maribel no la tiene fácil. Realizando esta labor no cuenta con Seguro Social además de que corre el peligro de sufrir una insolación o bien, ser víctima de atropellamiento. Por su parte aseguró, no le queda más que cuidarse y en algunas ocasiones cuando el cambio de luz le gana prefiere dejar ir las monedas que le van a dar a ser arrollada y con esto perder más. 

Con una sonrisa que deja escapar de sus rojos labios Maribel explica que debido a la necesidad que hay de ganar dinero, hay otras mujeres trabajando de limpiavidrios. 

Al igual que esta mujer, son muchas las personas que por necesidad  se ganan la vida ofertando diversos productos en los semáforos y con ello le facilitan la vida a muchas amas de casa. En los cruceros se pueden comprar matamoscas, juguetes, muebles, aguas frescas,  frutas y verduras, entre otros artículos.

Todos los vendedores tienen algo en común: la piel tostada por los rayos del sol. Pero para ellos, allí, ese espacio es especial porque es donde se ganan de forma honrada el sustento para sus familias. 

De acuerdo a Maribel, no se ve haciendo otra cosa porque ya le ha tomado cariño a este modo de vivir. 

Información y foto: El Debate

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