La historia de "El Demonio", el adolescente que mató a su novia de 11 años

• Javier, de quien se rumoraba que mataba y quemaba animales, además de consumir drogas y alcohol, asesinó a Diana con 30 puñaladas, y él mismo dio el testimonio de lo que ocurrió el jueves 21 de abril, en Monclova, Coahuila.

Monclova.- Diana era una niña de 11 años y en la escuela le decían “Pepe Nariz” porque tenía la nariz muy grande. Un día, ella le contó a Javier Olaguer, su novio, que la molestaban mucho por eso.

Javier, de 13 años, comenzó a esperar a quienes la buleaban afuera de la escuela para golpearlos y amenazarlos. Él no estudiaba. Lo habían expulsado de dos escuelas.

Esperaba a Diana todos los días a la salida del plantel Manuel Acuña y la acompañaba a su casa caminando. Ambos vivían en la colonia Guerrero. Así comenzó su “relación”. Ella se sentía de algún modo protegida. Cursaba quinto año de primaria y decía que Javier era su mejor amigo.

Los alumnos supieron que a Javier le apodaban “El Demonio” y que le gustaba golpear y quemar animales. También corrió el rumor de que consumía alcohol y drogas. A Diana la dejaron de molestar. Todos sabían que era la novia de “El Demonio”. Él tenía 13 años. Diana no consumía ni alcohol, ni drogas, pero supo que Javier sí lo hacía, “y por miedo decidió tronar con él, aunque a ella le gustaba que la defendiera, le cantara canciones y le regalara chocolates”, cuenta a EL UNIVERSAL Paloma, hermana de Diana.

“Luego, Javier se hizo novio de otra niña, y Diana de otro niño. Pero él no dejaba de buscarla. En su último mensaje de Facebook, dirigido a mí, mi hermana dejó escrito que tenía otro novio, y Javier también leyó el mensaje. Yo le decía que no siguiera mis pasos, que sólo se concentrara en estudiar. Que no tuviera novio. “Estoy triste porque mi novio se enojó y no me quiere hablar porque su hermano y él se pelearon, simplemente se pelearon y defendí a su hermano, ahora está enojado y no me quiere hablar”, fue el último mensaje que Diana escribió.

“Diana supo, a través de Face, que la nueva novia de Javier se llamaba Naomi, y ya no quiso verlo y parece que eso a Javier no le gustó y por eso hizo lo que hizo con mi hermana (...)”, continúa Paloma, de 19 años y madre de dos niños.

“Habían transcurrido como dos meses sin verse con el tal ‘Demonio’, a quien yo sólo conocía de vista… y no sé bien si era o no era su novio, sólo se refería a él como ‘El Demonio’, nunca por su nombre. A mí lo que no me gustó fue que en una ocasión ella me dijo que él había entrado a la casa y que ella le pidió de favor que saliera y él se negó”, agrega Blanca, mamá de Diana y Paloma, mientras narra lo ocurrido.

Javier la sorprendió…

Aquella tarde del jueves 21 de abril, Diana entró a su casa a la una de la tarde como solía hacerlo todos los días al regreso de la escuela. Hacía aproximadamente dos meses que no veía a Javier. No colocó candado en la puerta, pues ni ella ni su madre lo acostumbraban.

Puso en la estufa una sopa de lentejas que su hermana Paloma le había preparado la noche anterior y comió mientras esperaba a que su madre regresara de trabajar, aproximadamente a las seis de la tarde. Tomó un vaso de leche; llevaba puesto un pantalón de mezclilla, una camisa roja y un par de zapatos negros. “Ella llegaba de la escuela y se acostaba a dormir, casi siempre la encontraba dormida y tapada con una sábana hasta la cabeza”, cuenta Blanca.

Después nadie, salvo el propio Javier, puede narrar qué hizo Diana aquel día cuando él abrió la puerta blanca de la casa marcada con el número 1017 sin llamar a la puerta. “Aventé la puerta. Entré a la casa. Ella me gritó que me fuera. Que no quería verme, que me fuera con mi novia Naomi", narra el jovencito.

“Mientras yo tomaba agua, ella me amenazó con un cuchillo; me quiso poner uno, pero está bien mensa, estaba bien mensa, lo estiré y se cayó, se pegó en la nuca y me subí arriba de ella. No sé como salió el otro cuchillo, pero ya traía dos, y le di en el cuello, bien feo, como 30 cuchillazos. Me acuerdo que había chorros de sangre, había en el piso como un litro, se había desangrado toda, de volada. Cuando vi toda la sangre corrí, pero vi mi pantalón lleno de sangre, me quité la sangre como pude, me fui a mi casa, enterré la ropa, porque sabía que si me veían iban a decir por qué traía eso.

“Yo quería agua, pero ella me dijo que me fuera con Naomi, y eso me enojó. Ella se encelaba. Como dos horas antes yo me había metido dos tabletas de Clonazepam (pastas), inhalado resistol. Me había tomado tragos de alcohol (caguamas), y un churrote (marihuana) que conseguía con mis camaradas".

“Todo me explotó en mi cabeza, llegué bien locote. No sé por qué llegué a esa casa, odio el día en que llegué ahí. Ahora estoy aquí encerrado, y a mí me gustaban las drogas, me gustaba el cotorreo, yo era libre, andaba en la calle, me decían ‘El Demonio’”, continúa narrando Javier desde el Centro de Salud Mental.

En su expediente clínico, el joven en su momento refirió: “Cuando me corría mi mamá, me ponía triste, tenía ganas de morirme, mejor no hubiera nacido, me duraba un rato mientras se me pasaba el enojo, me peleaba con ella a cada rato, a empujones”.

Javier no puede entrar a un tutelar de menores por la edad que tenía al cometer el homicidio.

Las leyes lo marcan así. “En el momento del asesinato Javier tenía 13 años, y la Constitución establece —en su artículo 18— que el internamiento se utilizará sólo como medida extrema y por el tiempo más breve que proceda. Podrá aplicarse únicamente a los adolescentes mayores de 14 años, por la comisión o participación en un hecho que la ley señale como delito”, dice José Luis Valdez, de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) en el estado de Coahuila, quien da asesoría jurídica a la señora Blanca Delia Estrada Muñoz, madre de Diana.

 “Voy a hacer una fiesta aquí, ahora que estoy seguro de que no iré a la cárcel. Yo saliendo voy a ir a una iglesia y quiero estudiar y trabajar y dejar las drogas; quiero ayudar a otros niños con lo que sé, con lo malo que me ha pasado allá en la calle. Todas las noches me pongo a orar, no sólo por mí, sino por toda mi familia, por todo lo que hice mal”, cuenta el muchacho, antes de finalizar con su testimonio.

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