Para el Tri, 2010 fue un año negro

- Dic 20, 2010

>• La Selección Nacional tuvo la gran oportunidad de reivindicarse, pero quedó muy lejos de ello y entre varios escándalos sólo confirmó su penoso retroceso

Obligada a encumbrarse en el año más mexicano del presente siglo, la Selección Nacional volvió a ahogarse en un mar de terquedades y disputas internas. Historia recurrente, aunque no por eso deja de doler a un pueblo que mantiene la esperanza de dar ese batacazo con el que se amaga desde hace varios años.

La Copa del Mundo Sudáfrica 2010 presentaba una inmejorable posibilidad de redención, pero sólo trajo otro cruento golpe de realidad, quizá más que el del 2006, en Alemania.

El rival fue él mismo, pero el Tricolor mutó. Poco quedó de aquel conjunto indigesto comandado por Ricardo La Volpe. El de Javier Aguirre fue puro corazón, sin malicia para complicarle la tarea al bicampeón mundial.

La garrafal pifia del cuerpo arbitral encabezado por el italiano Roberto Rosetti allanó el camino de Argentina. La inolvidable equivocación de Ricardo Osorio sentenció el cotejo cuando apenas rebasaba la media hora.

Nueva eliminación en octavos de final. Confirmación del estancamiento que atrapa al balompié nacional y asfixia a su principal representante: ese conjunto verde que cada cuatro años ilusiona... Y falla.

La aparición de Javier Hernández fue uno de los pocos motivos para sonreír. El Chicharito confirmó ser el ariete que México esperó durante mucho tiempo. Los dos goles que marcó en el Mundial fueron la mejor prueba. Excelente balance para un chico que recibió pocos minutos, menos de los que merecía, debido a la inexplicable fe de Javier Aguirre en Guillermo Franco.

La competencia librada entre Óscar Pérez y Guillermo Ochoa tuvo tintes similares, aunque el meta del América se encargó de esfumar la poca confianza que le tenía El Vasco, quien contó con argumentos suficientes para justificar la presencia del veterano portero en el marco tricolor.

Los cotejos de preparación ante potencias mundiales sirvieron para medir lo que sucedería con México en Sudáfrica. Aquella histórica victoria sobre Italia (2-1) en Bruselas fue un simple espejismo. La propia Squadra Azzurra decepcionó al ni siquiera superar la fase grupal en la justa sudafricana.

Año de sinsabores e inestabilidad, con cuatro entrenadores distintos, aunque José Manuel de la Torre no dirigió partido alguno.

Aguirre era el hombre elegido para cambiar la historia. No lo logró. Enrique Meza (homenaje) y Efraín Flores (interinato) debían hacer sencilla la transición entre un proceso y otro. Tampoco lo hicieron.

La etapa del ex director de fuerzas básicas del Guadalajara será más recordada por la "fiesta" que 13 seleccionados protagonizaron en Monterrey que por los resultados obtenidos: una victoria, un empate y una derrota.

Ese episodio, suscitado en septiembre, desató una pugna nunca antes vista en el Tricolor. Néstor de la Torre, entonces director de Selecciones Nacionales, hizo públicas las sanciones impuestas a los futbolistas, quienes no soportaron las formas y exigieron mejores condiciones en la relación con el hermano del hoy entrenador del conjunto mexicano.

Tras algunas semanas marcadas por la polémica, todo terminó con la renuncia de De la Torre, pese a que había recibido apoyo de algunos directivos influyentes en el medio, como Jorge Vergara, propietario de las Chivas.

No sólo había que buscar estratega, también se debía encontrar a un hombre dispuesto a ocupar una silla bastante caliente.

La carrera entre Víctor Manuel Vucetich y el Chepo, por el banquillo nacional, otorgó interés al oscuro segundo semestre, pero el timonel del Monterrey decidió hacerse a un lado.

Otro año se fue, al igual que los sueños pintados de verde, blanco y rojo, esos que casi nunca se cumplen, pero siempre se renuevan, por más que el golpe adquiera mayor intensidad en cada caída.

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