El Ruso comenzó todo

- Sep 29, 2011

> • Daniel Alberto Brailovky rememora los goles con los que nació el odio entre américa y pumas.

En 1985 se dieron los primeros arañazos y picotazos. A partir de entonces, Pumas y Águilas aprendieron a odiarse deportivamente y cultivaron rencillas extra cancha.

Disputaron una estridente final que se resolvió en tres tiempos. Hubo pasión, tragedia, polémica y mito.

“El gran recuerdo que tengo es aquella final que ganamos en 1984-85, cuando en el Azteca habíamos empatado; también igualamos en CU y tuvimos que ir a jugar a Querétaro esa final que gozamos la suerte de ganar 3-1 y yo convertir dos goles”, rememora, orondo, el argentino Daniel Alberto Brailovsky, el primer verdugo del feroz felino en el incipiente clásico.

La ida, en el Coloso de Santa Úrsula, arrojó paridad (1-1), la que prevaleció en la vuelta, en el Olímpico Universitario (0-0). Hubo necesidad de un tercer encuentro, en La Corregidora, donde El Ruso se transformó en héroe, con un par de goles.

“Lo que más recuerdos me trae son, por supuesto, los goles. Cuando uno es joven, sueña con jugar alguna final y poder convertir. Con la gran rivalidad que existía entre estos dos equipos y luego de haber vencido en la final del año anterior a Chivas, nos toca inmediatamente Pumas, otro rival a vencer”, contextualiza Brailovsky, mientras las rizadas canas y los pliegues del rostro van en armonía con los 26 años del histórico pasaje.

“El hecho de anotar, por supuesto que es un disfrute especial, por más de que el triunfo sea de todos, por más de que para hacer goles tienen que estar los compañeros para servir los pases. Me queda ese gran recuerdo de poderlos haber vencido y convertir los goles”, celebra.

La recuperación anímica de El Ruso fue inmediata, a pesar de que unos días antes, en el Olímpico Universitario, la tragedia había alcanzado al futbol. Mientras en la cancha, auriazules y azulcremas se enfrascaban en un aguerrido par de roscas, los apretujones por el sobrecupo en CU arrojaron ocho muertos en el túnel 29.

Dicha experiencia, relata Daniel Alberto, fue traumática, “no solamente para los aficionados, sino también para los que estuvimos en la cancha jugando y para el público en general”.

Triste, agrega: “Desgraciadamente por lo que pasó en el túnel, hubo gente que se quedó asfixiada, personas que murieron adentro. Queda ahí, en el recuerdo, un mal sabor de boca para todos los que en ese momento pudimos vivirlo de adentro, la gente que estuvo en la cancha y la ciudadanía”.

Por eso, tras el golpe a la memoria, Brailovsky suelta la recomendación: “Primero, que la gente pueda llegar a disfrutar del partido, que quienes vayan al estadio se comporten como debe ser y puedan regresar a sus hogares con bien”.

La sede, el Olímpico Universitario, hace más significativo el compromiso entre americanistas y universitarios.

“Son partidos especiales, sobre todo, cuando se juega en CU”, admite El Ruso. “Con una gran afición, con mucha gente, con un ingrediente motivacional, diferente totalmente a lo que sucede en juegos de otro tipo. Representa un gran aliciente para ambos”.

El hecho de que América vaya a jugar a Ciudad Universitaria tiene algo adicional. “Cuando se está en buena racha, le permite reivindicarse y cuando no, poder salir adelante”.

El entrevistado anhela regresar a dirigir donde sea, aunque  aún lleva grabada la prenda amarilla. “Habiendo vestido la camiseta del América, tengo el deseo de poder llegar a vencer a Pumas en CU”, expresa, a la vez que aplaude haber derrotado a los universitarios al mando del ave.

“Como técnico, me tocó dirigir al América contra Pumas un solo partido. Fue en el Azteca y los vencimos 2-0”, cuenta, con la memoria y el orgullo intactos.

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