Lucha de clases

- Mar 18, 2012

>México.- América y Pumas no sólo defienden su orgullo, su camiseta o sus colores, sino dos visiones de ver a México tan opuestas como irreconciliables. De ahí que la rivalidad sea una auténtica lucha de clases.

Las Águilas representan en la afición la defensa de la postura de la clase alta, de los pocos que ostentan el poder en nuestro país.

“Históricamente hay una serie de discursos que la gente que le va al América defiende y una serie de valores que están relacionados con una visión neoliberal de la realidad del país, una visión que defiende el punto de vista de la oligarquía, de los grupos dominantes, de Televisa y todos los valores que asocia la gente con el americanismo: el despilfarro de dinero, el narcisismo, la visión hacia lo extranjero, cierta forma de impunidad y desfachatez”, describe el catedrático e investigador en Comunicación de la Universidad Iberoamericana, Samuel Martínez.

En cambio, el club Universidad simboliza, para la “comunidad afectiva con la que se relaciona”, los valores opuestos a los azulcrema y se acerca a los que posee la UNAM, esos que indican la postura de la clase media que tiene una visión progesista y liberal que se forma en el seno de sus aulas.

“Los Pumas poseen los valores que supuestamente defiende con la UNAM vinculados con la juventud, el esfuerzo, el trabajo en equipo, el origen humilde de los jugadores, que la mayoría son mexicanos, que no cobran grandes salarios y los valores liberales, de progreso que defiende la Universidad Nacional como institución pública y de gran tradición”, detalla.

Este clásico capitalino, entonces, tiene como fondo de un simple juego de futbol de Primera División no sólo a dos cuadros de profesionales sino a una serie de “valores que subyacen a la rivalidad”.

“Cuando se enfrentan ambos equipos, no se enfrentan 11 jugadores asalariados contra otros 11, aunque en la cancha sí es así, para la gente lo que se enfrenta son dos maneras de ver la realidad mexicana. Eso es lo que hay bajo esa rivalidad, a nivel discursivo, a nivel mediático, a nivel de valores es lo que está bullendo de esos juegos”, afirma Martínez López.

A través de la historia, estos encuentros han dejado grabados capítulos que enriquecieron el encono entre ambas escuadras, como el polémico arbitraje de la final de la temporada 1984-85, la venta de jugadores auriazules hacia el lado azulcrema y la “Guerra de Televisoras” en los años 80.

Esos antecedentes grabados en la memoria de los aficionados sirven para que se genere “la rivalidad como una construcción histórica y mediática”.

Así, la expectación hacia este encuentro se alimenta gracias al ingrediente pasional, que invita a acudir al estadio y al consumo de productos relativo al cotejo, hasta la asistencia a restaurantes a verlo.

“El futbol como industria tiene algunos valores con los cuales busca incentivar el consumo y el principal es el tema de la pasión, donde gira buena parte la exaltación de la publicidad, de generar expectativas, consumo e identidades. La pasión es el gran anzuelo discursivo con que se construye esta idea de la rivalidad”.

 

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