Omar Bravo reactiva a La Máquina celeste

- Abr 1, 2012

>Ciudad de México.- La vida sin Villa, se vive bien. Mientras que el líder de goleo de Cruz Azul pagaba desde la tribuna el primero de sus tres juegos de castigo, Omar Bravo tomaba la batuta como hombre gol de La Máquina, como el hombre que da por ahora, esperanza de Liguilla. 

Los que no anotaban anotaron, y el que marcaba, se quedó sólo mirando. Bravo con dos goles y Edixon Perea con uno más, condujeron a los cementeros de nuevo al triunfo al derrotar a San Luis 3-1. Una victoria que urgía, una victoria que era obligada porque un grande como Cruz Azul, no podía quedarse al margen de las finales, por los menos sin pelear. 

Hoy se peleó ante un San Luis que intentó meter las manos, pero sólo quedó en un intento con el golazo de Alfredo Moreno que abrió el marcador, fue todo lo que hizo el equipo de Sergio Bueno, que minutos después quedó en el conformismo para hundirse más en la mediocridad. 

Sólo eso dejó el San Luis y Cruz Azul se aprovechó de él. 

No fue un buen juego. En el inicio la competencia estaba en quien se equivocaba más, a veces de manera burda. Ambos equipos jugaban a no querer hacerlo. 

El que se equivocó más fue el local, Jair Pereira se resbaló, le dejó el espacio a Moreno quien no sabe desaprovechar los regalos (14’). 

El reloj siguió su curso, dieron las 5 de la tarde, hora en que normalmente comienzan los juegos de La Máquina y en ese momento, el equipo al fin despertó. 

Sólo se tenía que hacer lo necesario, meter la pelota al área y esperar a que los delanteros hicieran la diferencia. Y Omar, el criticado, silbado y vituperado Omar Bravo, lo hizo. 

Recibió un balón en el área para quitarse a un defensa y cruzar a Óscar Pérez (27’) e instantes después darle la vuelta al juego con su segundo gol en el encuentro (38’). 

San Luis esperó la segunda parte para reaccionar, pero los cementeros dieron la puntilla con el tanto de Perea [52’], lo que liquidó el juego. 

Lo demás sirvió para el anecdotario. Sirvió para que Enrique Meza debutara al joven campeón Sub-17, Francisco Flores; sirvió para que el “amado Conejo” perdiera por primera vez en una visita al Azul; y sirvió para que Cruz Azul, mostrara signos de querer pelear, por lo que debe luchar: el título. 

La vida sin Villa se vive bien. Omar Bravo aceptó la responsabilidad que tanto negaba y se demostró a él mismo que puede vivir del presente, no de su pasado glorioso. 

Así la Máquina viajó, al término del partido a Venezuela, con la tranquilidad de aún tener vida en la Liga. Contra el Táchira, el próximo martes, tratará de amarrar su pase en Libertadores.

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