Guadalajara (EL UNIVERSAL).- Un torneo nefasto no podía cerrar en casa de otra manera. Chivas es un desastre. Y este domingo, Querétaro lo ha exhibido. El 2-1 de los Gallos Blancos es una demostración de los contrastes del fútbol: un equipo local muerto y un cuadro visitante que se resiste a morir.
La quinta derrota consecutiva del Rebaño Sagrado es una afrenta a su glorioso pasado. El último partido ante su afición concluye con un revés ante un club casi destinado al descenso. Guadalajara es la viva cara de la vergüenza, mientras Querétaro se aferra al milagro.
Lo de Chivas va más allá de una crisis futbolística o de resultados. No se trata de una mala racha normal, como la que puede ocurrirle a cualquier equipo, incluso a los mejores. Es algo mucho más preocupante y difícil de explicar. Guadalajara tiene el cuerpo que necesita un club. Pero le falta corazón. En el primer tiempo queda claro.
El Rebaño Sagrado llega a su cancha como un equipo ya eliminado, sin posibilidad alguna, condenado a ver la Liguilla por televisión y con el fracaso consumado. Un muerto viviente en la liga mexicana. Que anda por inercia. Sin rumbo.
Pero se topa con unos Gallos Blancos virtualmente descendidos, esperanzados a un milagro de proporciones épicas, pero con una gran diferencia respecto al Rebaño Sagrado: el agónico cuerpo del Querétaro no está hueco, hay un corazón que se aferra a latir.
Los primeros minutos son de absurdo tedio. El futbol es una expresión de vida. Un maravilloso pretexto para ser feliz, según el argentino Jorge Valdano. Pero eso, hace mucho que Chivas lo ha olvidado. Hoy, corre sin destino. Sin corazón. Muerto.
El encuentro toma color hasta el 19, con un cabezazo de Wilberto Cosme, que Luis Michel desvía con una portentosa exhibición de reflejos. Primer aviso. Guadalajara se salva. El panorama oscurece para los Gallos Blancos al ’27. Una dura entrada de Gonzalo Pineda sobre Sergio “Cherokee” Pérez termina con una tarjeta roja.
Para cualquier otro equipo, significaría una ventaja importante. Para Chivas no. El Rebaño Sagrado tarda mucho en despertar. Al ’35 tiene la única de peligro en la primera parte. El centro de Carlos Fierro es medido. Miguel Sabah calcula la trayectoria del esférico. Acomoda el cuerpo. Remate de media volea, potente. La pelota se va por un lado.
Costoso error, pues dos minutos después ocurre lo impensado. Pelota filtrada para Luiz de Souza, por el costado derecho. Entra al área. Levanta la vista. Centra con fuerza. Sergio Pérez se cruza en el camino de la pelota. Con pésima técnica. “El Cherokee” la empuja en su propio arco. Gol del Querétaro. Lo gritan cerca de tres mil aficionados que han hecho el viaje con la esperanza de un milagro.
Lo del Guadalajara es insólito. Antes de terminar la primera parte, pasa de nuevo cerca de la vergüenza de un autogol, pero el rebote de Kristian Álvarez llega a las manos del arquero Luis Michel. Hay abucheos para ir al descanso.
Para el complemento, se espera un replanteamiento total, una sacudida en el equipo capaz de generar una cara distinta, un regaño del técnico que despierte la consciencia de los futbolistas. Nada. Chivas es el mismo equipo muerto en vida.
Minuto 52. Amaury Escoto, dentro del área y por el costado derecho, aprovecha las enormes facilidades defensivas del Guadalajara. Mete un centro flojo. Kristian Álvarez y Héctor Reynoso observan la pelota. No se hablan. Luis Michel tampoco les grita. En medio de los tres, Wilberto Cosme mete la pierna. Choca el esférico y lo manda al fondo.
Grita eufórico. Querétaro agoniza, pero cuando se cree en los milagros, lo último que se pierde es la esperanza. El 2-0 resulta insólito. El Estadio Omnilife, con apenas 18 mil aficionados en sus tribunas, abuchea al conjunto local. La triste actuación desata la molestia rojiblanca.
Benjamín Galindo ordena la salida de Sergio “Cherokee” Pérez, después de una tarde gris. Pudo sacarlo al medio tiempo. Prefiere darle unos minutos. Con o sin voluntad, termina exhibiéndolo, pues la afición lo despide con silbidos. Pero el ingreso de Abraham Coronado da resultado.
Es el joven formado en las fuerzas básicas de Chivas quien da la cara. Conduce por el costado derecho. Recorta hacia el centro. Desde afuera del área, conecta con rencor. Disparo potente. Al ángulo. Golazo de los locales, al ’67.
Guadalajara recorta distancias y con un hombre más sobre el terreno de juego, se lanza en búsqueda del empate. Para su desgracia, se trata de un equipo tan carente de corazón como de idea futbolística. Querétaro defiende la ventaja como puede y la aguanta hasta el final.
El cuadro que dirige Benjamín Galindo se despide de su afición con una nefasta actuación, frente a un equipo prácticamente desahuciado. No tiene futbol. Tampoco corazón. Una cirugía mayor se avecina. Cambios habrá. El fracaso demuestra que son necesarios.
Gallos Blancos, en cambio, se aferra a un milagro casi imposible. Está virtualmente descendido. Si quiere permanecer en Primera División, deberá vencer a Puebla por 11 goles de diferencia, en la última jornada del Clausura 2013.







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