*La Maquina dio un golpe de autoridad al derrotar 3-0 a Santos, con goles de Flores y Barrera y autogol de Rafa Figueroa.
Torreón, Coahuila (EL UNIVERSAL).- Cruz Azul tiene un pie y medio en la final. Con un gran primer tiempo en ofensiva y un gran segundo tiempo en defensiva, vapuleó a Santos por 0-3, lo que hace pensar que el juego de vuelta en el Azul, ya será de trámite.
Gerardo Flores, Pablo Barrera y un autogol de Rafa Figueroa, definieron el juego a favor de Cruz Azul, una Máquina que pita y que arrasa con todo lo que se encuentra a su paso, así lo hizo en el primer juego de cuartos de final ante Morelia, y así lo hizo ahora ante Santos.
Santos, tuvo el santo de espaldas, nada le salió y deberá de rezar mucho para que el milagro suceda en el Azul, y es que los azules, ya se sienten en la final.
Si el gol es el táctico de fútbol, tácticamente Cruz Azul salió ganando del vestidor. El cabezazo de Gerardo Flores a dos minutos de iniciado al juego, dejó el juego como quería la Máquina, como le convenía a los cementeros.
Simplemente Cruz Azul borró a Santos durante la primera parte, su juego práctico y efectivo fue demasiado para los laguneros, que simplemente no encontraron la fórmula de hacer su partido, aún y que tuvieron la pelota la mayoría del tiempo.
La fórmula fue simple. Cruz Azul jugó a lo largo y ancho del campo. Explotó las bandas, sobre todo la derecha por donde Pablo Barrera fue libre y con entera libertad hizo cera a su marcador Osmar Mares. Una falta de Mares, por cierto, al iniciar del juego, por la derecha, provocó el gol de Flores y minutos después el mismo Barrera (24’) definió una gran jugada iniciada por el “Chaco” Giménez.
A la defensiva Santos le facilitó el trabajo a los azules. Sin Oribe Peralta, el juego ofensivo de los Laguneros recayó sólo y nada más en Darwin Quintero y si a Darwin se le marca hasta con cuatro jugadores, era más que imposible que pudiera hacer algo. Sus compañeros en ataque, Hérculez, Lugo y Rentería, eran una y otra vez rechazados por la zaga cementera que siempre esperaba la jugada por el centro, Santos no utilizó las bandas, no pudo ni quiso abrir a Cruz Azul.
Sólo dos goles anotó La Máquina en la primera parte, pero pudieron ser más. Teófilo y Javier Orozco, quien entró en lugar del lesionado Pavone, fueron la pesadilla de un Felipe Baloy quien recurrió al juego rudo para pararlos.
Santos reaccionó hasta el minuto 40, cuando Salinas hizo volar a J. J. Corona, quien a mano cambiada sacó un disparo que amenazaba con colarse a su arco. Más allá de eso, Santos no se dio cuenta de que la semifinal había comenzado.
Lógicamente Santos regresó del vestidor y se dio cuenta de que estaba en desventaja. El intento de reacción fue tremendo, prácticamente ahogaron a Cruz Azul que de nueva cuenta cometió el error, como en Morelia, de defenderse en su área chica, y reventar todo balón que oliera a peligro.
Torrado y Castro eran la primera línea de defensa, si los pasaban, Perea y Pereira salían al quite y si eran superados, Corona se agrandaba. Caixinha desesperado metió lo que le quedaba de artillería. Cejas y Calderón trataron de abrir el cerrojo, Memo Vázquez envió a Israel Castro y Vela para defender aún más. La atajada a quemarropa que Corona le hizo a Darwin envió el mensaje de que en esa portería, no entraría ningún balón.
Santos salió con el santo de espaldas. Ya al final, en la agonía, Rafa Figueroa metió un autogol que definió la de por sí definida serie. Así, los cementeros, se quitaron la maldición, otra, de no ganar en tierra santista. La última vez había sido en el Apertura del 2002.
Cruz Azul tiene un pie y medio en la final, la que sería la quinta de Liga desde la última que ganó, en 1997. Parece que todo lo que pasará en el Azul, el próximo domingo, ya será sólo trámite.
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