Temperamento del 'Piojo', camaleónico

America vs Cruz Azul - Clausura 2013 Liga MX

Ciudad de México (EL UNIVERSAL).- Corajudo, berrinchudo, ajonjolí de todos los moles, Miguel Herrera es aquel tipo noble, sincero, cuya franqueza se confunde con el clásico y enfadoso bocón, plagado de un amplio repertorio de pretextos frente al fracaso y esa notoria falsa humildad, ante el éxito.

El Piojo, hoy en día, está más identificado que nunca con ese americanismo perfecto que tanto extrañaban los millonetas y que polemiza con sus contrarios. Como él mismo dice, desafiante, “¡ódiame más!” Él es capaz de demeritar los argumentos del contrario y de justificar los propios, bajo el cómodo amparo de una mala decisión arbitral o alguna reprochable maniobra del rival.

Gane o pierda, Miguel se muestra “calenturiento” en las conferencias posteriores a los encuentros. Entonces, su plausible disponibilidad delante de las cámaras contrasta con el corajudo personaje que se prende a la menor provocación. Gritón, fácilmente se engancha y descubre esa amargura emparentada con quienes no saben perder.

Y, sin embargo, ¿quién como él? Hoy como ayer, Miguel Herrera siempre está dispuesto ante los medios de comunicación. Enojón o amable, nunca se esconde, da la cara, ya sea para aplaudir los méritos de su equipo o, de plano, terminar de “regar el tepache”. No sabe quedarse callado y ese mérito se le agradece, porque contrasta con la hipocresía característica de sus homólogos, revestidos en incómodos escudos y caparazones.

Es el polémico Piojo blanco, el primero en ser criticado y hasta satanizado en las redes sociales cada que expresa esa sinceridad tan suya. Ahí es donde más se acomoda el personaje amado por muchos y reprochado por otros. Nada de medias tintas. Y, aún así, Miguel tiene la virtud de caerle bien, aun a sus propios detractores.

Herrera es educado pero grosero; gritón, aunque comprensivo; falso y también verdadero. Apasionado, es el hombre más popular del americanismo entero. Él le ha devuelto la polémica al equipo amarillo y sin El Piojo las Águilas serían como un pato sin plumas, atrapado en un verdusco estanque.

En año y medio hizo valer sus alardes con números. Sacó al América del anonimato, incapaz de clasificar en el Apertura 2011, con ocho tropiezos, repartidos entre Carlos Reinoso y Alfredo Tena. La palabra fracaso, común en aquel entonces, desapareció desde que Miguel incursionó en Coapa.

“Hasta que nos vean con la copa van a creer lo que realmente ha sido este año y medio”, dijo recientemente, el hombre capaz de conjuntar esos disparatados humores representados por tantas figuritas.

Los desplantes de “personalista” de Christian Benítez, hoy transformado en tricampeón de goleo; el explosivo carácter de Rubens Sambueza, considerado “cartucho quemado” y reprochado al Piojo por revivirlo cuando había experimentado grotescos pasajes con los árbitros, debido a ese temperamento; inmiscuyó, más que nunca, a elementos de casa, como Diego Reyes y Raúl Jiménez, en símbolos; despojó a Aquivaldo Mosquera de ese estigma que le puso Ángel Reyna como “capitán de agua”; y revivió al multicriticado Miguel Layún, hasta convertirlo en titular, cuando antes #todoesculpadelayun.

Hoy El Piojo es el héroe del americanismo, el culpable de la transformación, el indicado para sumar voluntades entre tanta sobrada soberbia. Sí, es el director técnico indicado en el Nido correcto.

Deja tus comentarios