¡Que alguien me explique! ¿Por qué todos estamos hasta la madre?

- Mayo 12, 2011

>"Señores, si piensan que la vara es muy alta, si piensan que es imposible hacerlo, si no pueden, renuncien, pero no sigan ocupando las oficinas de gobierno, no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, que esto también es corrupción".

Este fue la expresión con la que Alejandro Martí le exigía a las autoridades responsables de la seguridad pública de los tres niveles de gobierno, federal, estatal y  municipal, para que se comprometieran a cumplir con unos de los derechos más importantes al que está obligado el estado mexicano que justamente es: el  dar seguridad a las personas y a sus bienes, (CPEUM, Capítulo I, Garantía individuales, art. 14 y 16.).

Esta voz también advirtió a los legisladores federales y estatales y alcanzó a  los colegiados de ayuntamientos de gobiernos municipales, cuya principal función debiera ser la representación, es decir,  escuchar las distintas  opiniones de la comunidad a la que dicen representar, para reunir toda la sabiduría posible, con el fin de elaborar políticas gubernamentales, plasmarlas en leyes que correspondan a la cambiante realidad social y a las aspiraciones de la población.

Otra función esencial de los representantes populares debiera ser la de fiscalización escrupulosa de los recursos públicos (propiedad de todos), que son extraídos de nuestros bolsillos, recursos que provienen de la forma honesta con la vivimos (CPEUM. art. 34, Fracc. II) miles de mexicanos que así nos ganamos la vida. Dinero del que desconocemos en su mayoría cómo se gasta,  observando impotentes, el derroche en substanciosos sueldo, dietas, compensaciones y aguinaldos o, el cínico grosero e inmoral gasto de promoción electorera de la imagen personal de un funcionario público.

Contrasta lo anterior con sus pobres resultados o, peor aún, con la traición; pues lo mismo de día son funcionarios que de noche comisionista, empresarios y hasta delincuentes.

NO TAXATION WITHOUT REPRESENTATION

El título evoca un viejo principio de la cultura liberal anglosajona. 

Durante el periodo en el que estalla la revolución americana, que comenzó a mediados del siglo XVIII  y que finalizaría con la independencia de las 13 colonias devenidas en los Estados Unidos, éste fue su grito de guerra y ésa su consigna: NO TAXATION WITHOUT REPRESENTATION  “no me cobres impuestos sino me representas”.

Los colonos americanos cansados de la extracción de impuestos que realizaba la corona inglesa en la persona del rey Jorge III, del que recibían trato de ciudadanos de segunda, discriminación, en los ámbitos económicos, laborales y comerciales. Hartos del despotismo imperial.

EL QUE PAGA MANDA

Un dicho popular mexicano nos dice: “El que paga manda y si se equivoca vuelve a mandar”. En este punto, pareciera radicar la falta de memoria de nuestra clase política, hoy por hoy, se han invertidos los papeles, o como dice otro refrán popular: “Ahora los patos le tiran a las escopeta”.

En los hechos nos hemos convertidos en modernos súbditos, en vasallos. Diputados que no aprueban reformas esenciales para mejorar la seguridad y la calidad de vida de la población, pues su interés no está en quienes pagamos su sueldo, sino en cómo se afianzan en el poder un período más; gobernadores o presidentes municipales que se hacen “patos” y se deslindan del cumplimiento de la responsabilidad de brindar seguridad a sus gobernados (“Esta guerra no es de nosotros”); dependencias federales que en un juego perverso de poder,  filtran información de seguridad con la finalidad de impedir el triunfo electoral de los contrarios. 

¡YA BASTA SEÑORES! Que no se les olvide quienes somos los que pagamos sus sueldos, ustedes son nuestros empleados, están obligados mínimamente a la lealtad, compromiso y a la rendición de cuentas.

¡Les exigimos resultados! No les pagamos para que el congreso lo convirtieran en una gran carpa para exhibir su pobreza humana y la mezquindad de sus acciones o,  para despojarnos a todos los mexicanos,  del el único recurso que permanecía intocado por ustedes: nuestro tiempo. ¡Pero no! También disponen de él como si fuera de su propiedad, lo derrochan,  lo malgastan.  Nuestro tiempo ese recurso no  renovable como también lo es el petróleo.

Y así, como se desinfla un globo, de la misma manera juegan y se recrean con la esperanza de millones de mexicanos que soñamos en que el mañana puede ser diferente, que esta nación pudiera y debiera aspirar a abatir la pobreza y la marginación, donde la justicia sea ésa, justicia para todo, y los reclusorios verdaderos centros de rehabilitación, hacer de la educación una palanca de desarrollo y movilidad social, a generar mayor conciencia del cuidado de nuestro ambiente y salud, a convertimos en protagonistas en la investigación científica y en la creación de tecnología, a ocupar como nación mexicana, un espacio dentro de esta nueva sociedad del conocimiento. En síntesis, aspirar a un mejor futuro,  ya no para nosotros, sino para nuestros hijos y las futuras generaciones.  

¿No sería hermoso tener como socios o aliados en la estructura gubernamental, a funcionarios que compartieran esta y otras visiones que colocaran en el centro de su actividad preponderante, a los ciudadanos mexicanos,  incluidos sus sueños y aspiraciones, que fueran solidarios en la construcción de oportunidades  para la realización plena, y para la trascendencia desde el ámbito del desarrollo propios o colectivos de nosotros los mexicanos?

NOTICIA: EL MANÁ NO CAE DEL CIELO

Otro adagio mexicano nos dice: “El que quiera azul celeste, que le cueste”. Esta expresión evoca la cultura del esfuerzo que permea en la sociedad, que es propia de la naturaleza de los seres humanos. Nada a lo que aspiremos se nos dará de manera gratuita, toda empresa, por mínima que sea requiere de esfuerzo.

Pero para el caso de la cuestión pública, hay una demanda adicional: la construcción de ciudadanía.

Sí, de acciones pedagógicas que lleven a transformar a los mexicanos en ciudadanos activos, conscientes de sus derechos, pero también y en la misma proporción, de sus obligaciones.

Si queremos hacer de México un país diferente, en reciprocidad, nuestro país demanda de nosotros ciudadanos diferentes, comprometidos, activos, organizados, disciplinados, vigilantes de la cosa pública.

LOS CIUDADANOS DESPERTAMOS

La súbita emergencia del liderazgo de Javier Sicilia no creo que busque derrocar al gobierno ni la desaparición de las instituciones ni el estado mexicano.

Lo que busca su movimiento es recordarle a nuestros gobernantes y representantes populares, quiénes somos los que  pagamos su sueldo por medio de la imposición de contribuciones, y que a cambio, lo mínimo que exigimos es mínimamente a la lealtad, compromiso y a la rendición de cuentas.

Queremos y deseamos que la vocación de servicio, se manifieste en el actuar de cada unos de ellos en los diferentes niveles de gobierno: municipal, estatal y federal.

¡Les exigimos resultados!

 

* Alejandro Guerrero, al autor de este artículo, es ciudadano de Tepic, ex militante del PAN y empresario en el ramo educativo

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