>Torreón.- El estadio Corona se derrumba, se cae de éxtasis. Oribe Peralta, el culpable. El delantero santista, el de moda, el que pide a gritos Juegos Olímpicos, despedazó en dos minutos el Clásico Regio, el sueño de Tigres del bicampeonato, y hace sobrevivir a Santos a la maldición del líder. Ahora va a la final contra Rayados, gracias a que este domingo empataron 2-2, (global 3-3) con Tigres.
Hay historias que están escritas para vivirse hasta la agonía. Así le gustó al Guerrero estar en la disputa del título y buscar la revancha de la Concachampions ante Monterrey.
Oribe, ese chico oriundo de Torreón, le dio vida a su pueblo, lo tiene ilusionado y desbordado de júbilo. Sus brazos extendidos, su celebración ante unos laguneros que no cabían en sí, hizo vibrar como nunca la Ciudad de los Grandes Esfuerzos.
Un disparo letal, hizo el empate más celebrado en mucho tiempo en la flamante “Casa del Dolor Ajeno”. A celebrar todos, toda la noche, toda la mañana y a buscar continuar con el sueño de obtener la cuarta corona en la historia santista.
Cuando todo parecía indicar que los Tigres se salían con la suya, de que Ricardo Ferretti se había encargado de despedazarlos a su estilo, vino el “Cepillo”, como esos delanteros de grandeza, de estirpe legendaria para sacar avante a su equipo cuando menos lo esperaba.
Primero con un cabezazo para resucitar a un estadio que ya estaba silenciado. Hizo el descuento, luego de que dos goles de Héctor Mancilla habían puesto contra la pared 86 minutos a los laguneros. El chileno parecía haber dictado la sentencia de un juego que dominaron los felinos hasta que apareció Oribe.
Ese descuento fue el elixir de la hazaña. El pueblo coahuilense ya se daba por eliminado, sentía probar de nuevo la caída de su equipo a manos de un rival que prefirió el contragolpe una vez que se supo en ventaja.
Pero un Guerrero nunca muere. Con el 2-1 y apenas unos segundos más para revertir la descalificación, Santos pudo y pudo con su mejor hombre, con el que ahora encabezó una gesta inolvidable para el estadio Corona.
“Santos, Santos, Santos”, estalló el coso albiverde una vez que Marco Antonio Rodríguez dio el silbatazo final.
Se apagaron parte de las luces, el Territorio Santos Modelo (TSM) se quedó a media luz para vivir el romance que reventaban los gritos de emoción del público. Fue un idilio interminable, el equipo de Benjamín Galindo festejó desbordado, como si el título lo hubieran conseguido anoche y puede ser que así sea.
“Y dónde está, y dónde están, esos Tigres que nos iban a ganar”, era el grito unánime. “Santos, campeón”, ya se reclama.
Las hazañas existen, Oribe Peralta escribió una. Su sonrisa inacabable es la de todo Torreón que ahora espera a Rayados para victimar al “Rey Midas”, Víctor Manuel Vucetich, por primera vez en una final.
Nada fácil, pero los sueños están para cumplirse. Basta un Cepillo inspirado para lograrlos.
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