>Torreón.- Frente a la tribuna que da a los vestidores, Daniel Ludueña baila y a la danza le entran los espontáneos, que con el correr de la noche inundan la cancha.
"Sabe a mucho, porque habíamos vivido cosas muy duras, pero este equipo nunca bajó los brazos y ahí sigue, peleando y peleando, con todo y la maldición del superlíder. Este grupo está para grandes cosas", dice Ludueña, casi sin aliento.
"Ya me siento como un ciudadano más de la Comarca. La gente siempre me trató muy bien, ojalá aquí me quede por muchos años. Hoy no dormimos, ya estamos de vacaciones", añade eufórico, mientras la multitud lo despoja de los micrófonos.
A cada paso hay una historia. Los jugadores del campeón Santos, revueltos, atrapados en múltiples grupos, se toman fotos, reparten sonrisas y entrevistas a cuanta gente los aborda. "Hoy nos tocó. Hicimos una gran liguilla, unos grandes 180 minutos intensos. El equipo jugó como tenía que encarar la liguilla, tanto fuera como adentro. Sabía lo que nos jugábamos y realmente disfrutamos todo el apoyo de toda esta gente", comparte Benjamín Galindo, satisfecho de verse al fin campeón como estratega.
"Han sido aproximadamente ocho meses en donde jugamos tres finales y nadie te regala nada. Realmente fue el gran trabajo, hay mucha gente valiosa y quiero darles ese reconocimiento", añade.
Le deja satisfecho saber que venció al fin al “Rey Midas” Víctor Vucetich: "Al final del camino siempre estuvimos cerca, nunca perdimos la fe y gracias a Dios no se nos da. No me sentía ni el mejor ni el peor, trabajo y quiero seguir aprendiendo. Por eso, mi carrera no termina esta noche".
Aclara que el sobrenombre lo adquirió cuando jugaba, pero ahora también se siente graduado como “Maestro”: "Ese mote se lo debo a la época de futbolista, pero hoy quiero hacer historia. Es el primer título y hay que pisar bien y aprender mucho más. Quiero igualar los trofeos que alcancé como jugador".
Precisa que "esto no es venganza, son tiempos", al recordar el tropiezo, contra los Rayados, en la Concacaf. "En las dos finales pasadas hicimos lo posible por ganar. No es venganza”.
Impactado, destaca: "Este equipo tiene que seguir siendo grande. Se sufre muchísimo para obtener un título, se tiene que trabajar al máximo”.
Y remata, sabedor de haber superado una de las maldiciones de los torneos cortos: "Se empezaba a hablar de la maldición del superlíder, este año fuimos superlíderes y campeones. Siento una gran alegría y quiero disfrutarlo con toda esta gente. La tercera fue la vencida. Nunca perdimos la fe".
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