>• A pesar de que tiene derecho a la preliberación, Medina Rivera dice que hará cuanto pueda para demostrar que es inocente y que no participó en un triple homicidio, en 1997, en Tecuala
Tepic.- José Ramón Medina Rivera es un caso único. Su historia rompe con el deseo de todo aquel que ingresa a la cárcel: salir de ella.
En él, cuenta, hay un deseo mayor: que haya justicia porque es inocente.
El próximo mes de enero se cumplirán 16 años de que fue recluido en la penal de Tepic y hay una condena en su contra de 25 años por el delito de homicidio calificado. Desde hace años pudo haber dejado la cárcel, sometiéndose a un proceso de preliberación, pero no la ha aceptado.
Dice que no es un asunto de dignidad, sino de lucha por la justicia.
Y no se ha cansado de repetir que no tuvo relación alguna con los asesinatos de tres hombres, registrados el dos de enero de 1997 en su natal Tecuala, caso en el que participaron varios sujetos, aunque sólo él fue detenido.
“No se imagina lo que he sufrido. Me destrozaron la vida, mi familia, mi carrera como abogado, estando aquí falleció mi papá y no pude verlo, sé que murió pensando en mi y yo lo llevo dentro de mi corazón”.
El caso de Medina Rivera ha sorprendido, incluso, a otros reos, ellos sí dispuestos a dejar la cárcel a la menor oportunidad.
“Yo no quiero el beneficio –de la preliberación-, no lo pedí y me lo han ofrecido. Lo único que pido es justicia y que se acredite que fui sentenciado con pruebas falsas”.
Explica que a través de un juicio de amparo consiguió una revisión extraordinaria a su caso, misma que toca resolver al Tribunal Superior de Justicia (TSJ), del que critica que continúe dándole largas y no resuelva si le da validez o no a las pruebas que en 1997 se presentaron en su contra, entre ellas, dice, la declaración de una supuesta testigo de los crímenes que ni siquiera firmó el acta.
“El Estado tiene la obligación de investigar los delitos, no encubrir a los delincuentes. Yo estoy pagando por algo que no hice”.
Para José Ramón Medina, si aceptara la preliberación sería como “te pongo afuera y ahí termina todo”, sin embargo, añade, no habría justicia de ningún modo.
El reo se emplea en el área de visita conyugal de la prisión y participa en las actividades religiosas; así transcurren sus días. “No me porto mal, no he tenido problemas con nadie”, aunque confiesa temer a represalias porque se ha negado a abandonar la cárcel mediante la preliberación.
Hace nueve años, Medina inició en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el número de expediente P-404-03, sin embargo el organismo internacional no se ha pronunciado sobre su asunto, aunque en varias ocasiones ha solicitado informes al gobierno de México.
En la queja, Medina Rivera denuncia que la acusación en su contra se basó en pruebas falsas y que fue torturado por parte de agentes de la entonces Policía Judicial del Estado.
En el 2010, también en relatosnayarit, Medina Rivera recordó lo vivido aquel tres de enero de 1997 en el norte del estado, horas después de los citados asesinatos. Fue llevado al poblado Tierra Generosa por los agentes aprehensores.
“La tortura fue psicológica y a base de agua. Desde que salimos de Tecuala traía vendados los ojos y en Tierra Generosa me vendaron las manos, poniéndomelas en la espalda y luego me pusieron una venda más ancha alrededor del pecho y encima de ésta una cobija. Me acostaron en el suelo. Una persona me agarró los pies y otra se puso encima de mí, con sus rodillas en mi pecho, mientras que otra me agarró con fuerza la cabeza. Me pusieron en la cara un trapo húmedo y me echaron agua. Cerré la boca y el agua se fue por la nariz, uno siente mucho dolor y desesperación y levanté a todas las personas que tenía encima y grité.
“Era muy dura la tortura. Yo me estaba desmayando, me levantaron y preguntaron que si yo los había matado. Les dije que no sabía de qué me hablaban y me volvieron a dar agua en el suelo, y así sucesivamente en tres veces; es una situación tremenda”.
José Ramón Medina insiste en que no hay una sola prueba en su contra y que todo fue prefabricado para encubrir a los verdaderos homicidas, algo que pide sea investigado.
Renuente a aceptar como definitiva la condena por homicidio, espera que el Tribunal Superior resuelva pronto que las pruebas en su contra no tienen validez y se le declare inocente.
Sólo así, quisiera entonces salir de la penal.
“Sé que peleo contra un sistema, sé que soy solo contra la corrupción…pero Dios es grande”.
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(Este reportaje es publicado con autorización de su autor.
Óscar Verdín Camacho publica sus notas en: http://relatosnayarit1.blogdiario.com)





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