Echan a Antonio Torres Servín de Pumas

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Ciudad de México (EL UNIVERSAL).- Juan Antonio Torres Servín descendió lentamente las escaleras que conducen hacia el vestuario felino. Las gotas que le cayeron resultaron menos que los insultos recibidos por una afición herida profundamente. Él sabía que se trataba de sus últimos pasos como director técnico de los Pumas.

El América, ese equipo tan repudiado en Ciudad Universitaria, volvió a hacerlo: se llevó algo más que una victoria (4-1). Dejó a los auriazules sin entrenador. Hace cuatro meses y medio la víctima fue Mario Carrillo. Anoche, Torres Servín.

Triste despedida de una era marcada por los altibajos y la insatisfacción de un pueblo que ofrece amor eterno a cambio de no caer frente a esa antítesis azulcrema. Mandamiento no cumplido.

Adiós automático.

Tercer estratega fulminado en un “lunes negro”, después de Gabriel Caballero (Pachuca) y Wilson Graniolati (Atlante).

Guillotina inclemente, como la tormenta amarilla que cae sobre Ciudad Universitaria. La fiereza de las gotas que mojan el césped del cubil felino lucen como una tierna brisa ante el huracán americanista que destroza a un puma manso, para encumbrarse en el liderato del torneo.

Baño de campeón en el territorio más prohibido que tiene. Goleada sin piedad de las Águilas sobre uno de sus máximos rivales, en medio de un aguacero que lustra la corona emplumada. Miguel Herrera, feliz, extasiado, como sus futbolistas dentro de la cancha, en la cual jugaron con un felino cuyo rugir está extinto.

Noche con relámpagos y lluvia sin cesar. Uno de esos destellos azulcrema cae en la portería de Alejandro Palacios. El creador de ese rayo fue Miguel Layún, quien envía su tiro al ángulo de la portería de Universidad.

Encontrados en su mejor versión, el América comienza su gozo en el Olímpico Universitario.

Cómodo, sin ningún tipo de oposición, con el esférico siempre en control y punzante, con ganas de humillar al contrario. Así lo quería El Piojo, y no piensa en ningún tipo de clemencia.

Justo de la imaginación del estratega azulcrema sale el segundo gol de la visita. Un tiro de esquina fue enviado a primer poste, templadito. La zaga auriazul perdida y confundida. Apareció Juan Carlos Valenzuela para elevarse, rematar abajo para que “El Pikolín” poco pudiera hacer.

“El Topo” se regodea enfrente de la Torre de Rectoría y apaga los cánticos de los fieles locales (31’).

Torres Servín nota sin idea a su equipo. No le gusta la actuación de Luis García y decide reemplazarlo por Cándido Ramírez. El español sale del campo, le dirige algún grito. Se hacen de palabras y el creativo decide irse al vestidor. Imagen que sirve para reflejar la realidad auriazul.

Falta un gol amarillo más para hacer escandaloso el marcador. Un pase filtrado recibido por Luis Ángel Mendoza, quien se enfila sólo hasta el área felina. Veloz, “El Quik” “vuela” con el esférico controlado hacia una definición suave (34’).

Esos ocho minutos son suficientes para que los de Coapa se mantengan tranquilos, pero inconformes con tres “simples” tantos. Luis Gabriel Rey, al 65’, culmina el baile amarillo.

Martín Bravo logró el descuento al 78’, con un tanto que vale más para el decoro que para salvar el orgullo.

Un 1-4 pesado, que lleva al América hacia lo más alto de la tabla, luego de pasearse soberbio, triunfante sobre el pasto del campo más hostil que suele visitar. Con esa goleada ligó su sexto triunfo sobre Universidad.

El campeón le dio un baño a los Pumas, mediocres y acostumbrados a la derrota. Por ahora, sin entrenador.

 

Foto: Mexsport

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